Ana Soliz de Stange

Qué podría aprender Venezuela de Bolivia

martes, 22 de diciembre de 2020 · 00:09

La principal enseñanza que ha dejado el caso boliviano es que para una transición democrática es vital la unificación de diferentes sectores de la sociedad, pero dicha transición no está garantizada sin la ratificación en las urnas de la voluntad popular. Asimismo, juegan un rol central los líderes que llevan a cabo la transición, ya que sus acciones pueden inclinar fuertemente las preferencias del electorado. 

El movimiento ciudadano que forzó la salida de Evo Morales del poder en noviembre de 2019 contó con el respaldo de varios sectores de la sociedad, a los que también se sumaron seguidores del Movimiento Al Socialismo (MAS). Un sector de seguidores del MAS no estuvieron de acuerdo con la falta de observancia a la Constitución Política y con el fraude electoral. De esta manera, no sólo fue un movimiento de la oposición partidaria, fue una oposición cívica que aglutinó también a los sectores indígenas, mineros, trabajadores desencantados frente al creciente autoritarismo de Morales. Otro factor importante fue que la resistencia civil se mantuvo firme durante 21 días.

La oposición de Venezuela debería de entender que cualquier transición en el país sólo será posible con la formación de alianzas con sectores del chavismo que no están de acuerdo con la situación del país en manos de Nicolás Maduro. Hay un interés y bien común superior a intereses partidarios e ideológicos, esto es lograr una transición democrática que facilite la llegada de mejoras para la población. La tentativa de Juan Guaidó en abril de 2019  de una insurgencia civil y militar no contaba con las alianzas necesarias, esto contribuyó aún más a profundizar el problema y destruyó las posibilidades de una transición democrática. 

Si volvemos al ejemplo de Bolivia, la forzada renuncia de Evo Morales fue un hito importante pero no lo más decisivo, después fue determinante el gobierno transitorio que se instaló. Esto definió en muchos sentidos que el partido político de Morales retornara al poder. El mandato del gobierno transitorio de Jeanine Añez era claro, pacificar el país y llamar rápidamente a elecciones presidenciales. Sin embargo, la pacificación en algunos casos se efectuó con el uso excesivo de fuerza, y no se llamó a elecciones rápidamente, ya que decidieron que querían preparar el terreno para lanzar la candidatura de la presidente interina. A esto se sumó que tomaron decisiones de política interna, como de política exterior que no les correspondía como gobierno interino. 

El gobierno de Añez decidió ejercer persecución política de la mano del exministro Murillo, además de escandalosos casos de corrupción. En cuanto a temas de política exterior, Bolivia inició el acercamiento hacia Estados Unidos y el rompimiento de relaciones diplomáticas con otros países, lo cual minó la credibilidad del gobierno de Añez, que empezó a ser visto como si fuera un gobierno tutelado por Estados Unidos. 
La figura de un gobierno interino es algo que ya ha experimentado Venezuela. El mandato de Juan Guaidó como presidente interino no funcionó a causa de sus propios errores,  con declaraciones poco acertadas en temas de elecciones, un discurso revanchista más que integrador, y su extrema cercanía pública con Colombia y Estados Unidos. Además de su aparente tendencia a abrirse a la posibilidad de una intervención militar extranjera en Venezuela. Una propuesta sin un mínimo de visión y de consecuencias incalculables para su país y para la región latinoamericana. 

Venezuela tiene aún un camino complicado por recorrer, pero toda salida de un régimen autoritario debe darse por la vía democrática, esto es a través del llamado a elecciones nacionales.  Y aunque en Bolivia no se dio la transición que se esperaba, es un país relativamente estable, en donde no todo se perdió. Si volviera a jugar “vuelan, vuelan…” como cuando era niña con mi madre y hermanos, esta vez ganaría si me quedara con los brazos arriba diciendo que las sillas vuelan, porque ahora en Bolivia vuelan sillas azules. 

Ana Soliz de Stange, PhD, es  docente e investigadora de la Universidad de las Fuerzas Armadas en Hamburgo. 
 

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