Fernando Patiño Sarcinelli

Píldoras para la memoria del año Covid-19

domingo, 27 de diciembre de 2020 · 00:10

El año que termina va a ser recordado no por el número sino por el nombre Covid-19. No es la primera pandemia que enfrenta la humanidad, pero la que vivimos está contaminada de infodemia (mala información). La prensa, las redes sociales y los bulos (fake news) han generado un volumen de información, pánico y confusión que hace necesario un tratamiento con píldoras para aclarar la mente.

-No hay pruebas de que el coronavirus SarsCov-2 ha sido inventado en un laboratorio ni que sea parte de un complot del oriente. Parece ser la mutación aleatoria de un virus ya conocido.

- Este virus vino para quedarse infiltrado en la humanidad y no se va a eliminar de la naturaleza. Ha iniciado un nuevo proceso de selección natural donde los más vulnerables son severamente afectados, muchos mueren.

- La enfermedad Covid-19 es aún desconocida. Poco se sabe por qué los vulnerables pueden sucumbir en pocos días, otros sufren una agonía prolongada, pero lo cierto es que la mayoría, más de 90%, sobrevive sin mayores complicaciones.

- Muchos medicamentos y vitaminas se han anunciado como tratamientos para casos graves y sus complicaciones. Pura propaganda muy ingeniosa, maliciosa y lucrativa para la industria. Pocos han probado beneficio en estudios científicos.

- Algunos medicamentos e intervenciones médicas (respiradores) modifican el curso de la enfermedad dependiendo de las características de cada paciente. Solo los anticoagulantes y la dexametasona pueden prevenir complicaciones, pero deben ser usados con cuidado en casos específicos.

- Los estudios sobre cuál sería el mejor tratamiento son complejos por las variables de condiciones preexistentes en pacientes hospitalizados. Muchas variables como múltiples medicamentos, obesidad, diabetes, hábito de fumar, edad, hipertensión y otras, hacen difícil estudiar cada caso. No se puede realizar estudios sistemáticos en pacientes que no son hospitalizados. Estos no requieren tratamiento específico.

- Poco o nada se conoce sobre las secuelas de largo plazo. No se conocen pacientes con más de un año de recuperación de la infección. Se están estudiando pacientes meses después de la infección con síntomas crónicos como neuropatía, anosmia o parosmia (alteraciones del olfato), trombosis, problemas cardíacos, hepáticos y renales antes poco conocidos. Recuerden, estos casos son poco frecuentes.

- La mayoría de las investigaciones clínicas, noticias en la prensa y posts en las RRSS hacen referencia a una minoría de pacientes graves. Se dice muy poco de la inmensa mayoría que se ha recuperado sin necesidad de ser hospitalizada.

- Las vacunas finalmente han sido autorizadas para uso masivo. Ciertamente van a beneficiar a la población vulnerable pero no al 100%. Poco se sabe de los efectos de largo plazo, no han sido estudiadas en niños. Tampoco se sabe si los vacunados serán portadores silenciosos del virus. La vacuna no confiere mejor protección que la infección natural. No se sabe cuál es la mejor. 

- La reinfección parece ser un evento rarísimo, menos de uno en un millón.

- Muchas actividades deportivas han reiniciado actividades a nivel competitivo, profesional y aficionados. No se ha observado un impacto significativo en la incidencia o severidad de los contagios entre los deportistas. Está justificada la ausencia del público en los grandes eventos.

- La segunda ola que se observa en Bolivia parece que tiene relación con el retorno de estudiantes de Europa y Estados Unidos. También tienen un impacto las fiestas de graduación y agasajos de fin de año han compensado de sobre manera la distancia física sufrida todo el año. El impacto en la segunda ola se hace notar

- Lavarse las manos, barbijos blancos y limpios usados correctamente, distancia física social e intrafamiliar son las únicas medidas efectivas para disminuir la frecuencia de contagios.

El año Covid-19 también ha sido marcado por la política y elecciones electrizantes en Bolivia y en los Estados Unidos. La justicia y la democracia, simbolizada por el movimiento de las pititas, no esperaban ni merecían la derrota indiscutible que se ha visto en las urnas, fruto de 14 años de dominio del movimiento cocalero, pseudodenominado “al socialismo”. El poder económico ha marcado la diferencia. Contrariamente, ese poder que ha dominado la política de Trump ha fracasado por ajustada diferencia ante la acción de los demócratas. Está claro que la década que termina ha sido un fracaso político para la humanidad. Los elegidos por el voto popular han demostrado que el cinismo y la mentira tienen más fuerza que los ideales. Argentina y Brasil son más ejemplos. No es por menos que Trump y Bolsonaro han permitido que sus países sean las mayores víctimas de la pandemia en el año Covid-19.

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

 

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