Walter Gómez D’Angelo

Morir antes que devaluando vivir

miércoles, 30 de diciembre de 2020 · 00:10

Esta es una frase que debería estar en el Himno Nacional, pues corresponde a un vehemente sentimiento de la población boliviana. Desde la época de la Revolución de 1952, los sucesivos gobiernos han hecho todo lo posible para no devaluar el tipo de cambio, aún ante la aparición de serios desequilibrios de largo plazo en la balanza de pagos. Cuando agotadas las reservas y sin suficiente acceso a créditos y donaciones externas, los gobiernos se han visto obligados a devaluar; las devaluaciones han sido muy resistidas. Han sido calificadas como “paquetazos” y los gobernantes devaluadores han recibido un duro castigo político. Recordemos los “paquetes” de la UDP y los programas de estabilización de Siles Suazo, en 1957, y de Sánchez de Lozada, en 1985.

El unánime rechazo de los asalariados bolivianos a una devaluación cambiaria es comprensible, pues una fuerte elevación del tipo de cambio real significará una cuantiosa reducción en su capacidad de compra. Cuando la economía disfrutaba la bonanza del período 2006 a 2014 era correcto revaluar la moneda nacional, manteniendo el tipo de cambio fijo, mientras los precios internos mostraban un continuo incremento. Al terminar abruptamente esa bonanza, en 2015, correspondía adoptar medidas de ajuste gradual, con el respaldo de las abundantes reservas. 

En una actitud de negación total, el entonces ministro de Economía, Luis Arce, afirmó que estábamos “blindados” y decidió continuar la pachanga. Supongo que confiaba que en el futuro cercano se pudiera exportar algún otro recurso natural, como el litio del Salar de Uyuni o el hierro del Mutún. Alternativamente, quizás deseaba que otros gobernantes tuvieran que cargar en sus espaldas el costo político de una desagradable devaluación.

El rechazo nacional a una devaluación del Tipo de Cambio real conduce a numerosos comentaristas a lanzar afirmaciones tendenciosas. Unos dicen que una devaluación no mejorará la balanza externa. Nada más lejano de la realidad. Ante una devaluación real, el valor dólar de las exportaciones no se incrementará en el corto plazo, pero tenderá a aumentar en el mediano y largo plazos, a medida que la baja en nuestros costos dólar impulse nuevas exportaciones. 

Por su parte, el volumen y por ende el valor dólar de las importaciones disminuirá inmediatamente ante una devaluación real. Esta disminución será más pronunciada en el largo plazo, a medida que surja la producción de bienes nacionales competitivos con dichas importaciones. Otros aseguran que tenemos suficientes reservas, pues alcanzan a más de tres meses de importaciones. La recomendación de guardar suficientes reservas para cubrir por lo menos tres meses de importaciones es aplicable a una economía que goza de equilibrio de largo plazo en su balanza externa.

 Para una economía con un desbalance externo de largo plazo corresponde calcular en cuánto tiempo se agotarán las reservas. No falta quien alega que nuestra sobrevaluación cambiaria es resultado de las devaluaciones de nuestros socios comerciales. Los países con los cuales comerciamos devalúan sus monedas periódicamente, de acuerdo con su inflación interna, para así mantener estable su tipo de cambio real. La moneda boliviana está sobrevaluada básicamente porque se ha mantenido fijo el tipo de cambio nominal, mientras los precios internos aumentaban en un promedio del 5% anual durante los pasados 10  años. 

Por último, quienes reconocen la necesidad de devaluar nuestra moneda, aseguran solemnemente que tal medida no es “oportuna” en este momento. La verdad es que devaluar nunca será oportuno, pues a los asalariados nunca les gustará perder ingresos reales, ni a los políticos tornarse impopulares.

Es indudable que la economía boliviana experimenta un insostenible desbalance externo desde 2014. Por ello las reservas internacionales han disminuido de 18.083 millones de dólares, en diciembre 2015, hasta 5.552, en octubre 2020. En 2019 se perdieron 2.478 millones de dólares de reservas. En 2020, entre enero y octubre, la caída en los ingresos de la población redujo la demanda por importaciones, por lo cual las reservas bajaron este año en sólo 882 millones de dólares. 

En la medida que recupere la economía nacional, lo más probable es que en 2021 el drenaje de reservas se acercará al nivel de 2.500 millones de dólares anuales experimentado en 2019. Que en el futuro próximo habrá una catastrófica devaluación de la moneda nacional es indiscutible. Sólo toca pronosticar cuándo llegará la temida devaluación.

Todo indica que Luis Arce, consciente de la tormenta política que la devaluación provocará, no se atreverá a lanzarla mientras disponga de reservas internacionales. Cuando las reservas se agoten se producirá una seria emergencia nacional. Culparán a los chivos expiatorios de siempre: el Fondo Monetario, el imperialismo norteamericano, la oposición, los capitalistas, la expresidenta Añez; en fin, todos menos al verdadero artífice del desastre, nuestro blindado presidente Luis Arce Catacora.

 

Walter Gómez D’Angelo es  PhD en economía y  matemáticas, especialista en comercio internacional.
 

 

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