Juan Pablo Guzmán

El gobierno de las mujeres

domingo, 6 de diciembre de 2020 · 00:09

Finlandia, un país ubicado al norte de Europa, es pocas veces mencionado por los bolivianos, salvo quizás cuando se habla de los teléfonos de una de sus empresas más famosas, Nokia, o cuando en las discusiones académicas se intenta descifrar las claves de su éxito, que lo han convertido  en un paradigma económico y social para el mundo entero.

Con una extensión territorial apenas superior a la del departamento de Santa Cruz y cinco millones y medio de habitantes, Finlandia se enorgullece de tener la mejor educación del mundo, el pilar fundamental sobre el que se construye el llamado “bienestar social finlandés”, un sofisticado sistema que  ofrece oportunidades de desarrollo para todos.

Más allá de los indicadores económicos y sociales que podrían medir su éxito, hay otro barómetro, posiblemente más fácil de comprender, que sintetiza el “estado de cosas” de esa nación: sus habitantes son los más felices del mundo.  Sí, los más felices, aún en tiempos en los que la desilusión agobia al planeta.

El reconocimiento a la condición de  dicha en la que viven los finlandeses no es resultado de alguno de esos  cientos de concursos que venden premios y “distinciones” a granel (el mejor vino, la ciudad más linda o el destino más buscado), sino de un minucioso y exigente estudio de la Organización de Naciones Unidas, que elabora año tras año el denominado Informe Anual de Felicidad Mundial.

Finlandia es la tricampeona de ese riguroso examen, ya que el 2018, 2019 y 2020 ganó el  título debido al esfuerzo conjunto de gobernantes y ciudadanos, que trabajan por el  bienestar común, tejen redes de solidaridad, generan confianza social, entornos seguros, vidas saludables y fe en la gestión estatal. 

Por si esos logros fueran pocos, Finlandia sumó uno más a finales del 2019, cuando se convirtió en el único país con un gobierno liderado mayoritariamente por mujeres, encabezado por  Sanna Marin, la primera ministra más joven del mundo, que alcanzó esa cumbre política a sus 34 años.

El  gabinete ministerial de Marin está compuesto por 11 mujeres y 7 varones, que pertenecen a una coalición de cinco partidos, todos con una mujer a la cabeza. Los ministerios más relevantes (Educación, Finanzas, Justicia e Interior) están también al mando de mujeres, y no por un afán de empoderar al feminismo, sino por un criterio de selección de los mejores servidores públicos.

Ese “mundo femenino” desde luego tiene críticos, algunos muy mordaces, tanto que uno de ellos preguntó si las ministras iban al sauna a tomar decisiones. ¿A qué venía esa interrogante? Finlandia adora el sauna, tanto que tiene más de tres millones de ellos, y muchas de las grandes decisiones de los políticos varones se toman en ese ambiente repleto de sudor, vapor y aroma a manzanilla, que, en contrapartida, dicen, “enfría” las tensiones.

La ministra de Educación y Cultura finlandesa, Li Andersson, captó la ironía de la pregunta sobre el sauna y respondió: “… la idea de que los hombres que toman decisiones se reúnen en el sauna se basa en la convicción de que los que toman las decisiones son solo hombres”.

Sanna Marin, la primera ministra, tiene mayores preocupaciones que las de hombres y mujeres fuera o dentro del sauna. ¿Gobierna una nación perfecta? Desde luego que no. La joven política cree que Finlandia está aún lejos del bienestar pleno, por lo que su coalición de gobierno diseñó el Plan de Igualdad, dirigido no solo a fortalecer la prosperidad, sino a frenar puntos grises del presente, como el racismo o el desdén por las minorías.

A esos retos se añadió, además, el golpe del coronavirus que también estremeció a Finlandia, aunque, junto a Alemania, Nueva Zelanda y Taiwan fueron los países que lo enfrentaron con más éxito; todos, ¿casualidad?, gobernados por mujeres.

“Bueno, por supuesto que hay países liderados por hombres que también lo han hecho bien. Así que no creo que sea una cuestión de género. Creo que deberíamos centrarnos en cómo lo hicieron los países que lo han hecho bien, qué hicieron o qué aprendieron, qué es lo que podemos aprender unos de otros”, declaró Marin a la BBC.

Con una tez nívea, cabello castaño ordenado con precisión matemática, profundos ojos claros, una seriedad que acongoja y una alegría paralizante, Marin  confiesa que su misión es “tomar decisiones que ayuden a la gente en su vida cotidiana durante una crisis y también en tiempos normales”. En pocas palabras: mantener a los finlandeses en la cima de la felicidad.

Juan Pablo Guzmán es periodista.

 

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