Carlos Jahnsen Gutiérrez

El "zafarrancho" económico es de Arce y del MAS

miércoles, 9 de diciembre de 2020 · 00:08

El cinismo y la deformación del MAS respecto de la ética y moral, así como de la realidad política y económica, es revelador. Asombra leer sus conclusiones sobre la actual situación económica de Bolivia. En una entrevista que Arce dio a un medio mexicano cuando ganó las elecciones llamó “zafarrancho” a las condiciones en que el gobierno de Añez dejaba   la economía y en las últimas horas,  la ministra de  la Presidencia  afirmó que encontraron el Estado en quiebra. A partir de esa declaraciones se puede deducir que para Arce y el MAS  2  +  2 es = 5.

Declaran que  la economía  de Bolivia fue destruida  en un año de gobierno de Añez, ¡sin siquiera sonrojarse. Además, califican al gobierno de Añez como un gobierno  de "ladrones”; mientras que el MAS no indica cuáles son sus parámetros de comparación, dejando entrever, en cambio, cinismo y una falta de honestidad y vergüenza.

Es evidente, desde un punto de vista de honestidad política, que el parámetro de comparación económico y ético no puede ser los casi 14 años de gobierno del MAS. Comparar al gobierno pasajero con uno que gobernó largos años, que tuvo un regalo de bonanza de los mercados capitalistas internacionales, por casi ocho años (2006-2014), lo que le permitió un incremento del gasto de forma procíclica y que entre 2014-2019 gastó igual a manos llenas, en medio de una desaceleración de la economía, hasta entrar en un debilitamiento fiscal a partir del 2017, con todas sus repercusiones económicas, es comparar tomates con camotes.

En cambio, en lo que respecta al “gobierno de ladrones”, sí, es posible, que la “galería de los robos” de los gobiernos de Bolivia esté ahora actualizada con algunos individuos del gobierno de Añez, pero aun así queda claro que en los libros de la historia ya está escrito que el trofeo en esta galería se la llevó el MAS.

¿Es 2  +  2  =  5?  -  La situación fiscal de Bolivia

¿Es esta suma de Arce y el MAS correcta? La situación fiscal, la situación cambiaria, la de inversiones directas, el benchmarking de Bolivia en algunos índices internacionales, o sea la comparación de Bolivia con la realidad internacional y no con autoengaños demagógicos, llega a otro resultado.

La “gallina de los huevos de oro”, léase los altos precios de las materias primas en el mercado internacional, está muerta desde 2014. Los ingresos excepcionales, gracias a ese súper ciclo de precios internacionales, que sumaron entre 2006 y 2013 poco más de 50.000 millones de dólares se acabaron. Este súper ciclo fue la base para el “presterío fiscal” de despilfarro del MAS. Por ejemplo, el gasto corriente fue de más de 32.000 millones de dólares. Sólo en sueldos y jornales, el gasto subió de 8.091 millones de bolivianos (1172 millones de dólares), en 2006, hasta 31.951 millones de bolivianos (4.630 millones de dólares) en 2015. Esto equivale a un incremento del 395%. Por otro lado, se crearon compromisos permanentes financiados con ingresos volátiles y que son determinados por el mercado internacional.

A partir de 2014 los déficits fiscales fueron marcadamente crecientes con relación al PIB. Esto quiere decir que los ingresos públicos en Bolivia se estancaron, fueron insuficientes para cubrir el “presterío fiscal” del gobierno del MAS.

Añez entró a la presidencia en un momento en que la “gallina de los huevos de oro” ya estaba muerta y la posición fiscal de Bolivia estaba altamente debilitada. Fijarse en el posible déficit fiscal de -12% del PIB para 2020 es tener que poner su atención en el resultado de un proceso que viene desde 2014, más la crisis de la pandemia.

Ésta obligó a una cuarentena de varias semanas, paralizando el aparato estatal, gran parte del comercio y de la empresa privada. La crisis de la economía se convirtió en una de oferta y demanda a la vez. No hubiese sido distinto con un gobierno de Arce.

En este contexto, la política fiscal es la única herramienta fundamental e inmediata para que Bolivia (y todos los países afectados por esta crisis) impulse distintas medidas que permitan contener la pandemia a través de medidas sanitarias, la protección del bienestar de las personas más vulnerables, así como iniciar y acelerar la reactivación de la economía. Las medidas tomadas por Añez evitaron una caída peor del PIB y son la base para el repunte de la economía el año 2021. El incremento del déficit fiscal con relación al PIB, más allá del -7,2%, que ya se tenía, así como la caída del PIB, no son creaciones arbitrarias de Añez; son resultado directo de una crisis regional, y mundial.

Por lo tanto, hablar de destrucción, (hacer añicos) de la economía en un año de gobierno es sólo explicable a partir de una narrativa política muy demagógica y deshonesta. Es una forma camuflada de transmitir a sus bases sociales del MAS que su propio modelo económico, o sea, que “el cuero” que se repartía años atrás, derrochándolo, se encogió al límite.

Así, el zafarrancho económico y fiscal de Arce, que fue desarrollándose entre 2014-2019, ya tiene de antemano a su chivo expiatorio. Dirá que él no es el Fondo Monetario Internacional, pero que Añez lo obligó a convertirse en un FMI masista. No sería extraño que esta narrativa se la complemente con una de destrucción institucional, con un saqueo de ministerios, de la destrucción del Estado, etcétera.

Esto sólo sirve para “blindar” a Arce y deslindar de toda culpa al MAS por la situación económica actual. Así él, en modo de “salvador” de la economía, podrá justificar las medidas amargas austeras que tienen que implementarse.

Lo que no dicen, obviamente, es que la situación que ahora enfrenta es también consecuencia de su crisis, de las debilidades estructurales socioeconómicas que dejó su misma política, ahora sumadas con los efectos de la crisis mundial de la pandemia Covid-19. No sería extraño, que, sin haber movido mucha tierra, el nuevo gobierno del MAS coseche ya los resultados de las medidas fiscales de Añez durante la crisis del Covid-19, para evitar una peor caída del PIB y para impulsar el repunte económico 2020/2021. La recuperación económica está en relación directa con el exitoso control de la crisis sanitaria, con las medidas fiscales, y se daría con cualquier presidente. ¿Qué pasaría si viene una segunda o tercera ola de la pandemia?

¿Es 2  +  2  =  5?  - Situación de sobrevaloración del boliviano

Reflejo de la política del MAS 2014-2019 es también la sobrevaloración del boliviano. hasta septiembre de este año, en relación con el dólar, en un 44%, y respecto al reminbi chino, en un 48%. La sobrevaloración es, por un lado, consecuencia de la política fiscal del MAS, con el fomento excesivo de la demanda interna y, por otro, es resultado de la fallida política de diversificación del aparato productivo orientado a la exportación. La sobrevaloración real del boliviano es indicación de un desfase entre nivel de salarios nominales y la productividad. Los productos bolivianos de manufactura no tradicionales son muy caros para el mercado internacional y los salarios no corresponden a la productividad, por más que la COB insista que los salarios son muy bajos.

Según el   Foro Económico Mundial (2019), Bolivia ocupa en productividad el lugar 107 entre 141 países. La apreciación de la moneda en Bolivia no sólo cementa el superávit de importaciones, sino que perpetúa además la estructura productiva de economía de consumo El subdesarrollo económico no se supera sólo con bonos y aguinaldos, por más legítimos que sean. En cambio, se debería haber establecido una subvaloración de la moneda con base en una constelación de inversiones directas y exportaciones.

Entonces, ¿por qué es importante la tasa de cambio (subvalorada)? Esta es crucial, porque es una variable estratégica de desarrollo. Primero, por ser un ancla nominal en el sistema monetario, por ser un precio nominal de activos y, segundo, por ser el valor externo de los salarios en Bolivia (léase, es el valor nominal del nivel de salarios cotizado con el valor actual de la tasa de cambios).

En el sistema de ancla nominal, con tasa de cambio fijo, como en Bolivia, la política fiscal es central para mantener el equilibrio macroeconómico. El fuerte déficit fiscal causado en el gobierno del MAS no sólo debilita la posición fiscal, sino, que, al tener un impacto de apreciación en la moneda, arriesga quebrar el ancla nominal, debido a las expectativas latentes y crecientes de devaluación.

 De este pensamiento no debe entenderse que ahora se aconsejaría una devaluación del boliviano. En la situación actual, una devaluación tendría más riesgos que beneficios. El riesgo de una espiral salario-inflación crecería y con ésta una dolarización. Qué ironía sería, que la bolivianización del sistema monetario, que fue un buen logro de la política monetaria del gobierno del MAS, la revierta el mismo MAS.

Subvaloración o subpreciación significa precisamente que una economía no consume lo que podría consumir dado su nivel de productividad. Por lo tanto, en una economía de mercado, o del dinero, insertada en el mercado mundial, el desarrollo económico sostenible no se inicia primando el fomento de la demanda interna, sino, más bien, con la creación de ingreso como producto de inversiones y exportaciones de largo plazo, transformando estructuras productivas y convirtiéndose en un país competitivo.

Por lo tanto, el zafarrancho económico de Arce y del MAS es doble, está ahora servido sobre la mesa del gabinete económico. Es fiscal por el derroche en el gasto y la falta de ingresos debido a la fallida diversificación de la matriz productiva y, en consecuencia, es también   monetario, debido a la sobrevaloración del boliviano con todas sus secuelas. Para describirlo drásticamente, de otra manera: el cuerpo económico del MAS se pegó un tiro en la rodilla, en plena carrera. Llegó cojeando al año 2020 y culpa a otros del daño en su rodilla, porque ahora tiene que cargar el peso de la crisis de la pandemia.

Tendrán que aceptar, que, en términos de la mecánica de saldos económicos, en Bolivia o en China 2 + 2 es = 4. La realidad económica les pasará por el lado derecho. Se verá pronto en qué medida entienden Arce y su gobierno la importancia de la tasa de cambios como variable estratégica para lograr un desarrollo de largo plazo y a la política fiscal como instrumento importante de equilibrio de esa estrategia y, sobre todo, si logran establecer una constelación de inversiones directas y exportaciones superavitarias con una moneda subvalorada para cambiar la matriz productiva.

 La lógica de una economía del dinero capitalista que quiere salir de la pobreza y desarrollarse sosteniblemente, base a la reducción del diferencial de salarios reales entre países subdesarrollados y desarrollados, o sea, “vivir bien”, así lo exige.

Carlos Jahnsen Gutiérrez es  PhD en economía, Universidad Libre de Berlín, asesor en el Parlamento de Laos – Comisión de Economía y Finanzas, asesor en el Banco Central de Vietnam, asesor técnico en el Parlamento Federal de Alemania – Grupo Parlamentario de la Socialdemocracia y asesor en Presidencia del Consejo de Ministros – Perú.

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