Fernando Salazar Paredes

Demanda chilena por el Silala: Consummatum est

lunes, 10 de febrero de 2020 · 08:54

 El 23 de marzo 2016, Evo Morales anunció irreflexivamente una segunda demanda legal contra Chile, esta vez por el “uso y aprovechamiento unilateral e ilícito” de las aguas del Silala. Chile ha sostenido que el Silala es un río de curso internacional por lo que sus aguas pertenecen a ambos países.

Casi un mes después, el canciller Choquehuanca reveló que la preparación de la demanda llevaría al menos dos años. Morales, triunfalista, como siempre, añadió que las autoridades chilenas debían reconocer además “que roban agua de los bofedales de Quetena Chico, en Potosí”.

Pasados dos meses, en junio 2016, Chile tomó la iniciativa y se adelantó en presentar una demanda contra Bolivia. El ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, explicó que “Chile no puede permanecer pasivo frente a la reiterada conducta de Bolivia de desconocer nuestros derechos, ya que Bolivia anunció una serie de acciones para que el Silala no siga fluyendo hacia Chile, lo que es inaceptable”.

La demanda solicita a la Corte que decrete su legítimo derecho a utilizar las aguas del Silala de manera equitativa y razonable respecto al derecho que tiene Bolivia como Estado en el que nace el mismo curso de agua. También busca reafirmar que el uso que Chile ha hecho de las aguas del Silala –una vez que cruza su frontera– ha estado siempre acorde al mencionado principio del uso razonable y equitativo de las aguas.

En agosto 2018, Evo Morales sorprende con una declaración que avala la posición chilena, sosteniendo que “la contramemoria boliviana… confirma que el caudal considerable de las aguas de los manantiales del Silala fluyen artificialmente hacia territorio chileno por las obras de canalización realizadas en el siglo pasado”. Haciendo abstracción de los flujos naturales, superficiales y subterráneos que son de mayor caudal, añade que se pide a la CIJ “que juzgue y declare que Bolivia tiene soberanía sobre el flujo artificial de las aguas del Silala, que ha sido diseñado, mejorado y producido en su territorio y Chile no tiene derecho a ese flujo artificial”.

Chile, ni corto ni perezoso, expresa su satisfacción señalando que “es muy interesante que autoridades bolivianas hacen distinción entre lo que sería el flujo natural del Silala y el flujo superficial, porque ello implica un reconocimiento que nos tiene bastante contentos de que, por lo menos, hay un flujo natural que lo hace un curso de agua internacional y sobre el cual los dos Estados tendrían derecho”.

En mayo 2019, Evo Morales anticipa la derrota en La Haya explicando: “Chile nos demandó sobre el tema del Silala, hay la defensa;  más bien yo quisiera que empiece el diálogo entre Chile y Bolivia, tantos temas tenemos que debatir. Pero algo quiero que sepan: más agua entra de las cordilleras de Chile a Bolivia que más agua se va de Bolivia hacia Chile.  Si es así la situación geográfica, mejor es negociar, dialogar. Si digo esto ya ustedes pueden entender sobre el resultado que puede tener La Haya”.

El resultado es obvio: el descalabro en la CIJ es ineludible. Muy poco se puede hacer para mitigar el nuevo fracaso, cuya responsabilidad es enteramente del anterior gobierno. Sin hacer mucha historia, queda obvio que el gobierno de Morales escondió una verdad profunda que ahora se ventila en La Haya.

Bolivia ha perdido en lo conceptual, pues el gobierno de Morales aceptó que el Silala es un río internacional y, en lo operativo, porque aceptó que su uso es compartido. Potosí también ha perdido, pero, además, ha sido engañado sin que haya la más mínima posibilidad de revertir la situación. 

  Conviene añadir, no obstante, que este tema fue manejado desde 1993 por sucesivos gobiernos de manera  confusa, insegura e interesada hasta antes de la demanda e, incluso, durante el juicio, y hasta la salida de Morales. Nadie osó enfrentar los mitos de los vendedores de ilusiones sobre el Silala.

El actual gobierno tiene la obligación no sólo de informar sobre los pormenores de este nuevo fiasco, sino de señalar responsabilidades. Que no vaya a ser como la demanda sobre la salida al mar que, después de la derrota se quedó como si no hubiese pasado nada y los responsables –los mismos del Silala– siguen deambulando calles y plazas, y hasta se atreven a decir que fue un triunfo… ¡qué impostores!

 

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
 

 

 

 


   

216
8

Otras Noticias