Tuffí Aré Vázquez

Qué nos dicen los binomios

lunes, 10 de febrero de 2020 · 08:54

Como el año pasado, los bolivianos hemos comenzado a sentir en 2020 una feroz lucha por el poder, que ojalá se encamine por el sendero democrático y dejemos de vivir en la zozobra constante. Con el registro oficial de ocho binomios, se ha lanzado una campaña electoral que será más corta, pero mucho más competitiva, con más “guerra sucia” y, por fin, con los esperados debates que el evismo eludió durante 14 años.

Ninguno de los candidatos y organizaciones políticas tienen, a tres meses de las elecciones, la suficiente fuerza como para conseguir el poder en la primera vuelta. Sin Evo Morales en la papeleta y con las cabezas azules recuperándose del desbande de noviembre, será casi imposible que el MAS se acerque al 40% de la votación. La disputa del mismo nicho electoral entre al menos tres de las duplas antimasistas, que no pudieron lograr un frente de unidad más o menos sólido, anticipan una inminente definición del nuevo gobierno en una segunda vuelta.

Tenemos tres grupos de candidaturas en esta elección, carente de partidos robustos y consolidados. Está el de los binomios que disputarán con posibilidades reales la Presidencia, tenemos al de los que sólo buscan presencia en el Legislativo, pero que con un par de curules dispondrán de la llave para resoluciones cruciales, y está el de los que sólo acompañan la campaña. 

En el primero podemos sin duda alguna colocar a Arce-Choquehuanca, a Añez-Doria Medina, a Mesa-Pedraza y a Camacho-Pumari. En el segundo nos encontramos con Quiroga-Yarhui y con Chi. Mientras tanto, ADN y Panbol sólo acompañarán la contienda.

Únicamente dos de los ocho candidatos presidenciales quedan como los sobrevivientes del 20 de octubre y del tsunami cívico-ciudadano que parecía haber hecho trizas el sistema político boliviano. Cinco de los ocho debutan, aunque no son necesariamente novatos.

 Entre todos los contendientes tenemos nada menos que a la Presidenta transitoria,  a dos exmandatarios y a un exministro, con lo que se puede concluir que asistiremos a una renovación a medias de los actores políticos y con preocupantes señales de improvisación de candidaturas, en algunos casos, y de reciclaje, en otros.

Si esperábamos ahora el final de un ciclo político estábamos errados. Hemos comenzado una campaña en la que la figura de Evo Morales peleará todavía la centralidad de la atención del electorado y de sus adversarios y en la que los actores tradicionales y los liderazgos emergentes librarán su propio combate, sin que lo viejo no termine aún de morir ni lo nuevo termine de nacer. 

En conclusión, tendremos posiblemente después de mayo o junio aún un gobierno de transición, más que un gobierno que haya iniciado el reemplazo total del anterior sistema político.

Lo que sí cambiará rotundamente es el escenario de gobernabilidad. Es muy probable que de ahora en adelante nunca más volvamos a tener un Presidente con tanto poder como el que tuvo durante casi 14 años Evo Morales. El siguiente gobernante, que será posiblemente alguien de las fuerzas antimasistas, tendrá que construir de forma constante acuerdos con la primera mayoría parlamentaria para conseguir gobernabilidad, a diferencia del MAS que casi siempre tuvo dos tercios para arrollar.

Las elecciones de mayo podrán resolver también dos dilemas. El primero tiene que ver con la preferencia del electorado por los liderazgos experimentados y prudentes o por los liderazgos emergentes y más arrojados. El segundo pone en cuestión cuánto realmente necesita un candidato de estructuras partidarias y de recursos financieros para llegar al poder o si puede prescindir de los partidos y apoyarse básicamente en el respaldo apartidario para ganar una elección.

En este contexto, los principales binomios en competencia tienen claras fortalezas y debilidades. Luis Arce y David Choquehuanca son los dos exministros menos desgastados del masismo y la principal apuesta del evismo por los liderazgos orgánicos para reforzar el voto duro que parte con un piso de 20%.

 Jeanine Añez-Doria Medina es la dupla experimentada que se sostiene en las dos mayores estructuras partidarias del antimasismo y en las ventajas particulares que otorga el ejercicio del poder. Mesa-Pedraza se muestra como la dupla del centro ideológico que puede neutralizar los impulsos y los riesgos de la radicalidad. 

Finalmente, Camacho-Pumari encarnan el símbolo del coraje que puede conquistar un voto de agradecimiento por las gestas de noviembre, a pesar de los errores cometidos en el despegue de sus candidaturas.

Entre estas duplas estará concentrada la feroz disputa del poder, en la que será igual de intensa la confrontación por el primero como por el segundo lugar, considerando que tendremos, casi con seguridad, el primer balotaje de la historia de Bolivia.


Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2011.

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