Fernando Salazar Paredes

Dime con quién andas y te diré quién eres

martes, 11 de febrero de 2020 · 00:11

El domingo se publicó una entrevista a un embajador del MAS de apellido Rodríguez Veltzé en la que menciona que la Canciller Longaric habría nominado a mi persona como embajador especial ante la Corte Internacional Justicia y ante los Países Bajos. Dice también que si bien el gobierno no le pidió quedarse, él no podía haberlo hecho conociendo que había una nominación.

Los verdaderos diplomáticos orientan sus acciones y opiniones por información fidedigna y comprobada, no con rumores o correrías de pasillo. Como todos saben, también, el personal político del MAS desplegado en tareas antes confiadas a profesionales diplomáticos, devino en el más ignorante y avieso experimento populista que ahora toca, y tocará, rehabilitar.

Es preciso clarificar el rumor: No recibí invitación de este gobierno para ejercer cargo diplomático alguno. La aseveración de Rodríguez es, entonces, tendenciosa y reflejo bruto de una incapacidad patológica del personal del MAS cesado: obrar recto y asumir sus propias responsabilidades. 

Es absolutamente impropio que el principal Agente boliviano en los fiascos de La Haya siga “sugiriendo” su voluntad de servicio público y acometa al delirio de entrevistarse en el más alto nivel de Estado sólo para confirmar la nueva incompetencia.

Eduardo Rodríguez Veltzé ha caminado representando a un gobierno autoritario y soez que por más de una década denostó a todo el resto de los gobiernos neoliberales, de los cuales, curiosamente, también formó parte. 

Tomar responsabilidad es situar la pretendida competencia diplomática detrás del principio rector de la vida democrática: la libertad. Y en el tiempo del MAS, la libertad fue presa de los ardides de la intelligentzia socialista y sus aprestos autoritarios.  Nada se acuñó fuera de este régimen de control e invocación de la “lealtad” como el principal valor político.

La Biblia dice en Proverbios 13:20: “Camina con sabios y te harás sabio; júntate con necios y te meterás en dificultades”. El imaginario popular conoce este apotegma como “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Fui el primer embajador que el Senado confirmó en 1982, una vez recuperada la democracia. Tengo una posición transparente en política exterior; mis textos sobre asuntos internacionales reflejan este propósito para que las próximas generaciones puedan escoger embajadores y personal idóneo y no improvisado. 

Sólo diplomáticos bien formados podrán gestionar y defender adecuadamente los intereses del país, no quienes después de plantarse en servicio del poder quieran camuflar un sinuoso camino de identidad compartida con diferentes gobiernos que oponen no sólo la ideología, en evolución y cambio, sino aspectos de irremediable dimensión humana, como el respeto a los derechos humanos, la observancia del debido proceso judicial y la libertad de expresión.

 Los fiascos de La Haya tienen responsables políticos. Los técnicos redundan la ceguera del “le meto nomás” y por ello son moralmente inhábiles. ¿Quién puede cerrar los ojos a esto? La institución diplomática ahora se reconstituye con titánico esfuerzo, pues la práctica localista de honrar las supersticiones del caudillo tratan de insinuarse como importantes por traer secretos. El único secreto que se revela en la entrevista de redención es el del título: dime con quién andas y diré quién eres.

 

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
 

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