Florencia Ávila Terzo

La amnesia histórica que nos caracteriza

martes, 11 de febrero de 2020 · 00:10

Este 2020 los bolivianos comenzamos el año con la oportunidad de reivindicarnos, de reconstruir el país que nosotros mismos habíamos dejado en las   manos equivocadas de quienes, durante la última década, se  dedicaron a hacerlo añicos; abuso que duró demasiado tiempo y fue desgastante.  

Sin embargo, pareciera que no hemos aprendido nada. Durante años nos manifestamos contra el narcotráfico y el terrorismo de Estado, las violaciones a los derechos humanos y feminicidios, el racismo y la discriminación, la pobreza y el desempleo, la mala salud y pésima educación, pero sobre todo contra el autoritarismo y la desfachatez. 

Pero cuando logramos recuperar el poder y la institucionalidad, pareciera que a los bolivianos nos viene una especie de amnesia total, ¿o es que todavía se habla del hecho que incendiamos los pulmones del planeta?, ¿o que perdimos la única oportunidad que teníamos de un acceso soberano al mar?, ¿o la preocupación de la ONU porque Bolivia es la nación donde más mujeres son asesinadas en América Latina? Hechos que ni siquiera tienen un año de haber ocurrido, pero de los que ya nadie habla, porque preferimos dejarlos en el olvido a afrontarlos. 

Se puede poner como ejemplo el hecho más popular que nos interesa a todos: la revolución de las pititas. Semanas de protestas, paros, confrontaciones, de vigilias y resistencia civil. Días y noches llenas de terror, de incertidumbre y de caos, que finalmente nos llevaron a la victoria. Pero que al mismo tiempo fue escenario en el cual los bolivianos descubrimos la importancia y la riqueza de nuestra pluralidad y de lo poderosa que ésta puede llegar a ser. Sin embargo, una vez pasado el caos, unos cuantos se apoderan y acreditan esta lucha, poniéndole nombre y apellido para la próxima campaña electoral, sin tomar en cuenta que ésta debería ser una obra firmada únicamente por los bolivianos (en plural). 

Democracia, libertad y paz son las palabras que se repiten por todas partes, siguiendo un guion sin un mínimo de crítica. Las nuevas caras que han ido apareciendo en busca de la toma de poder en las próximas elecciones no sólo se han apoderado de una lucha que nos pertenece a todos, sino que están cometiendo los mismos errores que nos han llevado al borde de una guerra civil. 

Todos asumen el rol de defensores de la democracia, sin darse cuenta que podrían acabar con   ella de no asumir los daños anteriores. Seguimos prometiendo el país que siempre soñamos y que nunca tendremos, porque seguimos negando el hecho doloroso de la fragmentación nacional que todavía no podemos superar. Los tejidos interculturales que se formaron con el único objetivo de sacar al tirano se están desatando nuevamente porque no hemos aprendido a vivir en democracia.

Los jóvenes que tan orgullosos estábamos por nuestro protagonismo en esta revolución, nos hemos desenchufado nuevamente de la política porque, a la par, los políticos nos están demostrando que su palabra no vale nada y que no aprendieron que fue el ego y la falta de moral de unos cuantos los que nos llevaron al caos total.

 Y por como pinta la cosa, cambiaron las caras, pero no los personajes y ya se olvidaron de que la falta de unidad nos mantuvo en un régimen autoritario durante 14 años. Los políticos deberían ser la versión mejorada de nuestra sociedad y, sin embargo, están poniendo en riesgo nuestra democracia recién recuperada. 

En vez de estar autoproclamándose héroes de la patria, deberían ponerse a la altura del acontecimiento histórico y asegurar el regreso de la institucionalidad, porque mientras pelean cegados por el poder, el MAS busca desesperadamente retomar el ejercicio del poder gubernamental y cualquier paso en falso puede significar una gran metida de pata, más aún con esta falta de unidad y compromiso de los futuros candidatos. 

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, aún más si te tocara gobernar un país que ha sido explotado durante tanto tiempo. Con una crisis económica en puerta, descontento social, pobreza, machismo y todas las heridas que toca curar, el próximo gobierno no sólo tendrá que estar conformado por los más capaces, sino que éstos deberán enfrentar su responsabilidad ante la historia, entendiendo que reconstruir de nuevo el país soñado no debe ser solamente una cuestión de marketing. 

Es tiempo de sanar pero no de olvidar; porque esa amnesia histórica que nos caracteriza es la que nos ha llevado a seguir repitiendo los mismos errores; ya es hora de empezar a escribir un nuevo y mejor futuro para Bolivia.

 
Florencia Ávila Terzo es ciudadana boliviana.
 

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