Javier Torres-Goitia T.

Silvia Colomo, Evo y el New York Times

sábado, 15 de febrero de 2020 · 00:10

 La periodista Colomo publica en el New York Times una nota  a base de su  observación personal de los hechos que siguieron al frustrado proceso electoral del  20 de octubre. No dice una palabra sobre el escandaloso fraude electoral denunciado por técnicos informáticos bolivianos, ratificado en dos ocasiones por la OEA y comprobado por pruebas tan contundentes, que el mismo dictador Morales tuvo que anular ese proceso y anunciar que convocaría a nuevas elecciones. 

Manifestaciones multitudinarias, cabildos y una presión social generalizada al grito de “Nadie se cansa”, “Nadie se rinde” lograron que ni la Policía ni las Fuerzas Armadas se atrevieran a enfrentarse con casi toda la población boliviana. Los militantes del MAS, aparentemente dueños de las calles, tampoco osaron salir en defensa del ostentoso fraude. En esas condiciones, el opresor, víctima del miedo, entró en pánico. 

Todos saben, menos los ideólogos del populismo chavista, que el dictador, auxiliado por el Presidente de México, huyó cobardemente, dejando una renuncia que ni siquiera esperó llegara al Parlamento.

Dispuso que sus seguidores, en orden jerárquico, también renuncien para crear un vacío de poder, generar el caos y facilitar que grupos armados sembraran el pánico en las ciudades y que los cocaleros del Chapare cercaran las ciudades para rendir por hambre a los citadinos; y, donde se pudiera, bloquear la provisión de agua potable y de energía eléctrica. 

Una prestigiosa periodista y el exrector de la Universidad Mayor de San Andrés vieron arder sus casas y cientos de familias no durmieron durante las noches de terror, organizándose para protegerse del vandalismo.

 La aludida autora de la nota no menciona nada al respecto y repite lo que Evo divulga sin pruebas: que hubo un golpe de Estado en su contra. Algo peor, afirma que Jeanine Añez, sedienta de poder, se autoproclamó Presidenta de la República. 

Tergiversa la realidad, porque todos saben que ante el vacío de poder creado por la fuga del expresidente, la renuncia de las primeras autoridades del Senado y de la Cámara de Diputados y el abandono de sus curules por parte de los parlamentarios oficialistas, los parlamentarios demócratas, aun siendo minoría, aplicaron la Constitución que señala que en estos casos debe asumir la Presidencia del Estado el senador o senadora correspondiente en orden jerárquico. 

 Jeanine Añez, segunda vicepresidenta del Senado, “fue convocada” a presentarse en La Paz y asumir el cargo cuando estaba en Trinidad, lugar de su residencia. Con lágrimas de emoción asumió el cargo que nunca buscó, ni lo esperaba, y con valentía ejemplar y prudencia inteligente supo dialogar con parlamentarios masistas y lograr que acepten la realidad de los hechos. Fue reconocida así, como Presidenta del país. 

La versión periodística que llegó a un medio tan prestigioso como el New York Times desfigura la verdad, al extremo de comparar la avidez por el poder de Evo Morales con la de una senadora diametralmente diferente. 

 Los comentarios a la situación actual responden a la posición política de la autora de la nota que no honra a la ética periodista de quien trata de aparecer como observadora neutral. Cae en la vulgaridad sectaria del chavismo al sostener que la señora Añez se postula como candidata por perpetuarse en el poder como Evo Morales, ocultando que ella fue la más interesada en la conformación de un acuerdo político capaz de frenar los abiertos intentos de Evo Morales de volver al poder aun con el mermado 20% de los votos que todavía lo acompañan.

 La dispersión del voto podría exponernos a perder lo ganado y volver al totalitarismo, pero felizmente los postulantes han acordado que en abril próximo se valorará el apoyo logrado por las distintas fórmulas para que los menos favorecidos se retiren y se concentre el apoyo en una o dos. Entonces sabremos si la señora Añez al postularse logra la unidad buscada o aumenta la dispersión.

   Entre tanto, nada justifica respaldar al MAS en sus críticas dirigidas a combatir la o las candidaturas con mayores posibilidades de cerrarle el camino a su angurria de poder. Los respaldos a Evo, desde fuera del país,  huelen a dogmatismos políticos o a intereses non sanctos que falta develar. 

 

Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud.

 

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