Carlos Juan Antonio Toro Torres

¿Está la medicina deshumanizada?

martes, 18 de febrero de 2020 · 00:09

La respuesta que pareciera obvia es: sí. La respuesta real es: no. ¿Cómo puede estar deshumanizado algo que sucede entre humanos, para humanos? Es imposible por su esencia. Filosóficamente inadmisible. ¡Entonces! ¿qué sucede?

Lo que a mi parecer falta es el sentido de unidad, de integración, de empatía. Eso es lo que se llama deshumanización. La falla es ver a la persona como una máquina separada de sus emociones y ambiente. La falta es no mirar a los ojos del paciente, sólo ver la enfermedad, separada, aislada del ser que la padece. La integralidad está en sentir el sufrimiento que produce la enfermedad. Allí está lo que actualmente se debate como “humanización de la medicina”. 

Las lesiones que truncan una carrera futbolística, no son sólo una rodilla; el infarto de miocardio que deja una sensación de muerte inminente, no es sólo una arteria tapada; la sordera progresiva en la ancianidad implica más que un oído enfermo, es el aislamiento social que no se hace esperar. La diabetes no es sólo un trastorno del metabolismo del azúcar, es la pérdida de ciertos placeres en la vida. Y así tomen ustedes su propio ejemplo. 

Es cierta la fragmentación que la ciencia y el conocimiento han hecho en el ser humano. Ya el especialista ve sólo el órgano que le corresponde, no mira al cuerpo en su totalidad, menos en cómo ese órgano repercute en el todo. Sí,  entonces por ver el arbusto nos perdemos la arboleda, el bosque y el mundo.

No digo que dejemos la especialidad, digo que cada médico rescate el sentido de unidad del ser humano y al tiempo que ve la lesión en la retina o el corazón, hígado, riñón, etcétera, interrogue a esa persona en sus alegrías y penas del vivir. 

Así sabrá más precisamente el sufrimiento que la lesión por la cual es consultado causa en la vida del individuo y cómo se trastornan familia, trabajo y amigos por la enfermedad. Eso lo conducirá -al médico- al origen de nuestra profesión, el acompañamiento de la persona en su sufrimiento y el tratar, por ende, de curar la enfermedad, si esto fuere posible.

El paciente también cae en la misma fragmentación. El temor a que se descubran sus debilidades, sus inseguridades, sus falencias (todo aquello que sale a la luz con la enfermedad) hace que prefiera al médico técnico que se ocupe sólo de una parte de su cuerpo y no hurgue más allá. 

Prefiere su “privacidad, su intimidad” en emociones, sentimientos y pensamientos, separándolos del cuerpo, desuniendo partes de su ser, impidiendo la empatía entre dos seres -médico y paciente- que es la que realmente impulsa la curación. Porque sigue siendo verdad que el paciente se siente mejor con sólo entrar al consultorio y ver al médico.  Esto sucede cuando hay empatía, cuando los dos se disponen a un encuentro sincero.

Los médicos aprendemos con el tiempo, al ir ejerciendo, a ser un poco más psicólogos y compañeros espirituales de nuestros pacientes. Incluso, creamos cierto tipo de amistad, que nos permite entrar más en su intimidad, en esa persona que confía en nosotros. Así regresamos al ejercicio pleno de la medicina. “Humanizada” si quieren todavía ese término.

La respuesta es: No. La medicina no está deshumanizada. Tarde que temprano nos llega a médicos y pacientes la necesidad, el imperativo, de rescatar la unicidad en espíritu, cuerpo y alma. Regresamos al origen, -el hombre por y para el hombre-.

 

Carlos Juan Antonio Toro Torres es médico cirujano.
cjatoro@hotmail.com

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