Iván Finot

¿Existen propuestas alternativas a la del MAS?

miércoles, 19 de febrero de 2020 · 00:09

El futuro de Bolivia depende primordialmente de su evolución política: por un lado de que el Movimiento Al Socialismo (MAS) abandone el caudillismo y se democratice, y, por otro, de que emerjan uno o más partidos que ofrezcan una alternativa efectiva al modelo estatista aún en boga.

En mi columna anterior (Página Siete 2020/2/5) habíamos analizado el sustento teórico del programa del MAS y llegado a la conclusión de que lo fundamental de su estrategia económica, basar el desarrollo en el procesamiento de materias primas por empresas estatales, se sustenta en propuestas teóricas obsoletas, que cuando fueron puestas en práctica tuvieron funestas consecuencias, inclusive en nuestro país. Y que se cierne el peligro cierto de que se repitan.

Veamos las propuestas, particularmente sobre este asunto, de algunas de las candidaturas que están haciendo frente al MAS.

Comunidad Ciudadana (Mesa-Pedraza) plantea objetivos muy importantes, como la superación del extractivismo y el logro del desarrollo sostenible en base a una economía de la inteligencia, pero lo decisivo es el cómo. Al respecto, plantea superar tanto “el fanatismo del mercado” como “la presencia abrumadora del Estado”. Propone generar un ambiente favorable para el emprendimiento privado, pero en lo que se refiere a las empresas públicas sostiene, como el MAS, que las “grandes” son estratégicas y que tanto éstas como las “chicas” deben mantenerse. Y nada plantea sobre las “mixtas”.

En cuanto a Libre (Quiroga-Yarwi), su estrategia económica tiene como centro la exportación de “energía limpia y de transición” y llegar a ser “la capital mundial de baterías de litio”. Para ello lo fundamental sería “contar con empresas estatales fuertes, competitivas, bien administradas y mucho más grandes”, incluidas “Libol” para aprovechar el litio y “Sibol” para la siderurgia  y nacionalizar los ferrocarriles. 

La particularidad de estas empresas sería que, salvo una participación accionaria “con voto de oro” por parte del Estado, las acciones serían repartidas entre todos los ciudadanos (en forma similar a lo que se planteaba en el Plan de Todos, 1993). En materia de tecnologías contemporáneas propone conexiones internas y externas de alta velocidad y “captar inversión de las grandes y medianas empresas tecnológicas del planeta”.

Creemos (Camacho-Pumari) también sostiene que las empresas públicas son “estratégicas”. Y plantea una optimización de su funcionamiento y que puedan asociarse más ampliamente con empresas privadas. Otro sector “estratégico” sería el agropecuario, para el que la importación de insumos quedaría libre de impuestos.

Propone también la liberación total de las exportaciones en general, que una parte de los fondos de pensiones puedan ser invertidas en empresas bolivianas, una siderurgia que se oriente al mercado nacional y que la producción de baterías de litio llegue a estar a cargo de “uno de los grandes jugadores existentes en esta industria” (se supone en el ámbito mundial).

Para Juntos (Añez-Doria Medina) el “eje central” sería impulsar las exportaciones y para ello crear un entorno estatal favorable al emprendimiento privado, nacional y extranjero. Con este objetivo postulan políticas para hidrocarburos (en las que se mantendría el papel central de YPFB como empresa pública), minería, agropecuaria e industria orientada al mercado internacional.

Sobre las empresas en manos del Estado, observan que “la mayoría son deficitarias con enorme perjuicio para la economía del país” y se proponen “terminar con esta sangría” a través de “diversos métodos”, y que las que queden en manos del Estado sean rentables y competitivas.

En conclusión, ninguno de los cuatro programas analizados llega a constituir (todavía) una clara alternativa ideológica a la estrategia económica del MAS. En los tres primeros, la gran empresa pública seguiría siendo “estratégica”. Sólo en el de Juntos parece no serlo, pero tampoco trazan una estrategia donde definan prioridades en función de las cuales, de llegar al Gobierno, elaborarían las respectivas políticas económicas.

Es decisivo contar con una propuesta muy clara frente al actual modelo estatista, una que funde el desarrollo sostenible en lo único que verdaderamente funciona, según lo demuestra la experiencia mundial: el emprendedurismo privado innovador con un Estado conductor.

Y, a partir de ella, obtener consensos a fin de poder implementar una estrategia para conseguir, en la brevedad posible y sosteniblemente, que todos sin excepción cuenten con ingresos dignos, incluidas jubilaciones, y con salud y educación de calidad.

Iván Finot es MSc en Economía, posgrados en planificación y ciencias políticas y sociales. Experto en descentralización y desarrollo.

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