Lupe Andrade

No hay dónde esconder la consciencia

miércoles, 19 de febrero de 2020 · 00:10

Ya no se puede encontrar un escondite, no hay dónde ni cómo disimular, y ciertamente no hay disculpas, pretextos o lugares secretos para ocultarnos.  Dentro de muy poco tiempo tendremos que votar nuevamente y, esta vez, no habrá nada que utilizar como excusa, ni nadie que ayude a disfrazar el poco coraje que tenemos en el alma.

Esto aplica tanto a candidatos como a votantes y no exime a nadie.  Estos 80 días hasta las nuevas elecciones pasarán al vuelo, Carnaval de por medio, y antes de que hubiéramos recuperado el aliento estaremos votando, no por un candidato a la Presidencia que nos puede caer bien o mal, sino por el futuro de nuestro país, en una elección sin paralelo histórico, luego de una época insólita que acabó con un vuelco tan inesperado que sacudió la consciencia nacional. ¿Es que hemos olvidado a octubre?

Súbitamente nos encontramos ante un panorama electoral que parece facilísimo y, a la vez, endemoniadamente difícil.  Las encuestas dan al MAS 31,5%.  El restante 69,5% es anti-MAS.  Clarísimo.  Es obvio que una mayoría aplastante de la población no quiere una continuidad del MAS, por simpático, inteligente y buen bailarín que sea Luis Arce.  Debería darse una victoria contundente, una demostración de que la cordura y la unidad son posibles.

Pero no es así. Según las encuestas, el segundo bloque más poderoso luego del MAS residual, podría ser el bloque de indecisos, es decir nulos, blancos y temblorosos. ¿Indecisos a la hora nona? ¿Es que no se dan cuenta de que se juega nuestro futuro nacional y personal? ¿Y los tercos candidatillos que saben que no pueden ganar, ¿acaso buscan quitarle la victoria a otro mejor? El que no tiene ni 10% de la preferencia... debería saber que significa tener al 90% en contra, y si así y todo quienes tienen uno, cinco, u 8% persisten en jugar al quita-quita, debemos asumir que lo hacen por mera y egoísta terquedad.

Los cinco candidatos sin agarre, a estas alturas, deberían demostrar garra y decir: “apoyo a quién puede ganar, a quién debe ganar, a quién lo ha demostrado antes y después de esta locura”.  Podrían decir: “prefiero ser mejor persona, ser sensato y generoso, antes que dejar mi triste papel histórico grabado con cincel.  Me retiro con la frente alta y mi honra intacta, para apoyar y no destruir”.   Eso debieran decir, si éste fuera un mundo ideal.  No lo es.  No lo es. 

Todo tiene su pro y contra: ser mujer simpática sin historia probada no es necesariamente lo mejor.  Tampoco es lo peor.  Ser candidato serio y responsable, puede ser mejor, pero quizás no emociona a nadie... y está claro que jugamos un tonto juego de simpatías y emociones.  Seguir luchando por el MAS  sabiendo que tendrán que vérselas con Evo hasta en la sopa de la victoria, tampoco será lo mejor.  

Nada tiene sentido... pero estamos en medio de fiestas carnavaleras que no predisponen al pensamiento serio, sino a la farra.   Quizás después del martes algunos se quiten el disfraz, si debajo de la careta hay sensatez.

Quedan 80 días, amigos lectores, pensadores, negociadores y soñadores.   80 días apenas.  Luego vendrán cientos de días difíciles, aciagos.  Y ¿es que usted, candidat@ escurridiz@ podrá dormir sabiendo que lo único que hizo fue perjudicar?  

Cómo cuando se abre un viejo armario lleno de polillas hambrientas, hoy tenemos demasiados revoloteos en el entorno.  Mejor sería fumigar el desván y poner la mano sobre la consciencia, antes de actuar hormonalmente con eso de “yo quiero mi cuarto de hora, aunque luego caiga la noche”.  

A estas alturas sé por quién votar, pero no soy vidente ni profetisa, y mucho menos tan inteligente como los analistas que hablan por televisión.  Votaré en mayo con una oración en el corazón y una plegaria en los labios, sí, pero hoy, antes de que lleguemos a las urnas, les suplico, les conmino a partidos y candidatos a pensar en Bolivia antes que adorar su propia imagen. 

 Dejen la vanidad y contemplen la durísima realidad.   Recuerden que el más generoso puede quedar mejor ante la historia que el más terco o vanidoso.  Amen a su país, antes de tanto amarse a sí mismos ¡por favor!

  
Lupe Andrade
es periodista.

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