Julio Ríos Calderón

Juan L. Cariaga, in memoriam

viernes, 21 de febrero de 2020 · 00:10

Lo conocí en 1980. Se desempeñaba como gerente regional La Paz del Banco Santa Cruz de la Sierra. De quehacer economista, brilló con su profesión, la que ejerció a niveles insospechados, como actor, gestor y catedrático. Hoy un sinnúmero de alumnos lo recuerdan con cariño.

Juan L. Cariaga fue internacionalmente conocido como gestor y protagonista de primera línea en la formulación de un decreto que volcó la historia económica del país. Se trata del DS  21060 –agosto de 1985–, el que puso en práctica  en el último gobierno del presidente Paz Estenssoro.

Se destacó  muchísimo  el profesor de macroeconomía en la Universidad Mayor de San Andrés, al que más tarde se designó como el  primer Superintendente General del Sistema de Regulación Sectorial. Hasta hace poco fue consultor de varios organismos internacionales y representante del BM y del BID.

En el otro frente, fue secretario ejecutivo de la Asociación de Bancos Nacionales.

A nivel intelectual fue Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia y autor de varios libros.

En agosto de 1985, el presidente  Paz Estenssoro lo nombró Ministro de Finanzas y le encomendó crear, en un plazo máximo de tres semanas, un plan económico para salvar al país del desastre.

La inflación llegaba al 30.000%  anual. 20 días después el gobierno   tenía su receta económica titulada Nueva Política Económica, planificada en tiempo récord gracias a la Commodore 64, una computadora de su hijo Diego. Con esta herramienta, sumada un datassette (unidad de almacenamiento en casetes de audio) y un televisor a color común,  Cariaga procesó  el programa económico de emergencia que salvó a Bolivia de un terrible colapso y  bajó en forma contundente la inflación a sólo 60 puntos cada 12 meses.

En esa  computadora se gestó el nacimiento de un programa económico  que logró un éxito prácticamente inédito en todo el mundo merced a su efectividad.

El eje central del trabajo consistía en analizar los ingresos y egresos del sector público, y con todos los datos concretos  se pudo determinar cuánto entraba y recortar cuánto salía, evitando el déficit y la emisión de moneda sin respaldo. 

Cuando, finalmente, todos los datos del programa económico estuvieron listos el DS 21060 liberó los precios, devaluó la moneda hasta ubicarla en un nivel real, cambió el signo monetario e introdujo una estricta disciplina fiscal en cuanto a ingresos y egresos en el presupuesto. 

La conjugación inicial del impacto psicológico del programa y la confianza, generada posteriormente por el cumplimiento de las metas anunciadas, permitió superar la hiperinflación y reactivar la economía.

Juan L. Cariaga  era un ser humano no muy convencional. Aunque era conocido en Bolivia  y en  muchos países del mundo -hecho que le permitía colectivizar con diferentes niveles de la sociedad- tendía a buscar aislamiento para escribir, estudiar y preparar conferencias. 

Fue columnista de diferentes medios, en cuyas lecturas proporcionaba recetas y soluciones a nivel de la economía para diferentes circunstancias.

Cariaga fue un lector muy ávido de Jorge Luis Borges. Admiraba cómo él trataba (mediante la literatura) de resolver problemas de economía. En esta realidad, mostró los complejos problemas de la economía por intermedio de cuentos reunidos en su libro titulado Hildebrando y sus consejos  para que, usando un lenguaje muy didáctico, el lector pudiera entender los temas.

Utilizó la sátira, la narración y el discurso como lenguajes para que la presentación sea amena y capturar al lector para que se interese en la lectura que, de otra manera, sería una ciencia muy árida, que los propios economistas la alejan de las personas porque se habla en difícil.

El personaje, Hildebrando, no es un economista, y esta pequeña colección de cuentos no está para ensalzar a economistas como los únicos dueños de la verdad; es un hombre que tiene sentido común y, como tal, se acerca a los gobernantes que tienen la obligación de manejar bien el Estado.

Cariaga siempre asomaba una sonrisa muy particular, muy imponente, muy característica, y un mirar fijo, pero siempre distraído. No parecía concentrado ni atento, producto de una personalidad que continuamente pensaba y analizaba. Era austero y discreto, pero deslumbraba en cualquier entorno.

 Su pasión por la economía lo llevó a conquistar espacios en que su concurso fue determinante y estelar.

Falleció pasando los 70 años. Se fue como tal vez él hubiese querido. Dejó a tres hijos, Juan Guillermo, Sebastián y Diego, además de nietos y un hermano, Martín, quienes ya palpan el vacío de su ausencia.

Su desaparición física de la vida conmovió a muchos y muchas. Fue  impresionante advertir  la cantidad de alumnos que lo tuvieron como profesor y que hoy lo recuerdan como un ejemplar catedrático.

Sin vacilación fue un brillante economista, un artista de las finanzas y un ocurrente escritor que llevó su profesión a la escritura de un libro de cuentos, revestido de recetas alusivas al comportamiento macroeconómico de los países.


Julio Ríos Calderón es periodista y escritor.

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