Tuffí Aré Vázquez

Ventaja masista con un electorado antimasista

lunes, 24 de febrero de 2020 · 00:12

La paradoja del arranque de esta todavía fría campaña ha sido confirmada por las primeras encuestas. Después de 14 años, Bolivia tiene un electorado mayoritariamente antimasista, pero la primera vuelta podría ser ganada por el candidato presidencial del MAS si no cambian rotundamente en las próximas semanas las condiciones del escenario electoral dominado por la dispersión de los rivales de Evo Morales.

 Este contrasentido de tener entre un 50 y 65% de votantes reacios al MAS, pero contar aún con un masismo que dispone de circunstancias incluso algo más favorables que las de las últimas elecciones fraudulentas para lograr un posible triunfo, se explica por la insensata pugna de los liderazgos antimasistas, que no miden las consecuencias de un posible retorno de los que salieron del poder.

La tendencia muestra en estos primeros días de campaña la incapacidad de los opositores a Morales para canalizar en una fórmula fuerte y ganadora, por primera vez en años, el descontento mayoritario con el evismo. Con 50 o 65% de electores a su favor, los adversarios del MAS deberían estar ya en condiciones de conseguir un cómodo triunfo electoral en primera vuelta. 

Sin embargo, las cifras iniciales exponen una ventaja clara del candidato impuesto por Morales como su sustituto, animado por la división y el empecinamiento de sus mayores rivales, que han caído en la trampa de caminar al ritmo y por la ruta que los arrastra el MAS.

Las encuestas ratifican que tendremos unas elecciones tan o más competitivas que las pasadas, sobre todo entre los que disputan el segundo lugar que los llevaría a un inédito balotaje. A menos de tres meses de la votación, Luis Arce aprovecha un voto duro que aguantó el masivo desbande de los azules, que han levantado cabeza más rápido de lo esperado, tras la inesperada salida del poder. 

No importa quién sea el candidato presidencial del MAS. A quien ponga Evo le puede ir igual, ya que los 14 años de gobierno sirvieron para montar una temible maquinaria de poder y para ahogar a todos los que se le pusieron al frente.

Es cierto que los varios errores del evismo transformaron en los últimos meses el tsunami azul en un viento casi ligero. Sin embargo, sus adversarios no han sabido capitalizar el increíble y vigoroso impulso ciudadano que reclama casi con desesperación un cambio urgente de ciclo.

Tenemos, en consecuencia, una intención de voto antimasista repartida entre al menos tres  candidatos que aspiran a competir con el MAS en el balotaje y que tienen como imperiosa urgencia impedir que el candidato de Evo no roce el 40% de los votos. 

El alumbramiento de nuevos liderazgos en las movilizaciones cívico-ciudadanas de los 21 días ha tenido un claro impacto principalmente en los intereses de Carlos Mesa, que arranca otra campaña con el apoyo reducido en más de la mitad. Su descenso ha ocurrido especialmente en Santa Cruz, donde los nacientes liderazgos de Jeanine Añez y de Luis Fernando Camacho acaparan casi en partes iguales en la región cruceña el respaldo que consiguió el expresidente el 20 de octubre. 

La intermitencia de Mesa en la etapa más intensa de las movilizaciones parece haberle pasado factura, sobre todo en el oriente boliviano y en Tarija, donde ha sido desplazado por los dos principales protagonistas de la caída y sucesión de Morales.

Jeanine Añez o Luis Fernando Camacho deberían haber capitalizado con más contundencia el brusco cambio. No obstante, la Presidenta arrastra en el inicio de la campaña la dificultad de caminar con la carga pesada de la desilusión de una parte de la ciudadanía por su doble rol en la transición y con algunos problemas internos de su gestión. 

Tampoco el exlíder cívico cruceño ha conseguido repetir ya como candidato sus momentos de gloria. Errores estratégicos en su debut político lo han alejado de seguidores que lo levantaron en hombros, sobre todo fuera de Santa Cruz, cuando entró con la Biblia a Palacio. Su reto urgente es consolidar el liderazgo aplastante que tenía en su propia región y reconquistar el occidente.

En medio de las dificultades, los tres candidatos con más chance de vencer al MAS han apelado tempraneramente al “voto útil” y al ataque cruzado para ganar algunos puntos que les permita desprenderse uno del otro en la reñida carrera. Sabremos más adelante si la estrategia les permite repuntar, aunque lo más lógico es que la dispersión ayude siempre al masismo. 

Por ahora nadie se baja y aunque uno de los tres decida hacerlo, puede ser insuficiente si el electorado antimasista no se identifica y compromete con un liderazgo irrefutable y con una opción de cambio convincente. Para eso, los opositores deben consolidar una oferta electoral coherente, unirse y dejar de depender tanto de lo que diga o haga el MAS.

 
Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2011.

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