Elizabeth Machicao B.

Invitación a pensar diferente

miércoles, 26 de febrero de 2020 · 00:09

Como todos los años, el sábado pasado, se reunieron mujeres jóvenes paceñas y de otras ciudades para “celebrar la fiesta de comadres” organizada por Claudia Cárdenas (influencer). Entre las varias actividades que tuvieron interpretaron la performance de la canción El violador eres tú. Sin duda es una manifestación de denuncia a todos los que están inmersos en cubrir la violencia hacia las mujeres de todas las edades en nuestro país y el mundo. Creo que todo acto que sume a que nuestra sociedad internalice el compromiso de romper los círculos de violencia y genere actitudes de respeto  es importante.

Sin embargo, no interpelo la actividad en sí misma; me cuestiona el concepto de violencia que maneja Claudia Cárdenas. Cuando veo que en algún año anterior, han sido unos hombres guapos los que, desde una tarima alta y mediante unos embudos con mangueras daban trago a las jóvenes que hacían colas interminables para recibir el elixir de los elegidos, y que este año, después de denunciar con la canción una realidad que señala a toda la sociedad, no tiene una mejor idea que realizar un “concurso de perreo” (la danza se conoce como perrear, por imitación de los movimientos del coito en la postura del perro y las letras son alusivas a ello, de la manera más agresiva  y violenta).

Como casi todos sabemos, la violencia no tiene sólo una arista, se manifiesta en innumerables facetas; por lo tanto, una letra sí tiene que ver también con enraizar imágenes colectivas de ella. Pero no quiero desviar mi autorreflexión en aquello;  sí me cuestiona que no pensemos en las señales que enviamos en las actitudes que se filtran a una gran cantidad de jóvenes, en las señales que perpetúan una imagen de banalidad sobre un tema como la violación. Tampoco  pretendo que hagamos una solemnidad, ni un velorio de aquello. Hablar de una violación, identificar al violador, denunciar la violación, volver a pararse después de una violación, no es una farándula, no es una canción o un baile. Una violación destroza una vida y a veces su entorno. Una violación arranca los sueños, rompe esa delgada línea de tu alianza con la vida. Por esta razón me interpela, no la performance en sí, sino, ¿qué arista de la violencia trabaja?, ¿qué imagen colectiva  (de lo que se supone, sabe mucho) deja a las mujeres, a las adolescentes, a las jóvenes, y a la sociedad?, ¿cómo aporta esa actividad a generar una actitud diferente, en hombres y mujeres, frente a las muertes y violaciones diarias de niñas, adolescentes y mujeres, donde les quitan la vida y la violan de las maneras más perversas?

La violencia se enraíza en los espacios más sutiles, se afianza en el colectivo con acciones que nosotros mismos delineamos y las andamos. Sí, todas estamos contra la violencia, pero quizá podamos luchar mejor si no sólo miramos nuestro árbol y nos atrevemos a desafiar al bosque.

 

Elizabeth Machicao B. es directora de la Casa del Adolescente.

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