Erika J. Rivera

La necesidad de una doctrina boliviana de seguridad y defensa

jueves, 27 de febrero de 2020 · 00:09

   El Estado boliviano y sus órganos correspondientes no han tomado en cuenta los últimos desarrollos de los conflictos bélicos a escala mundial, sus componentes comunicacionales, técnicos e ideológicos, así como los modelos estratégicos para enfrentar adecuadamente estas amenazas. El problema reside entonces en la ausencia de una doctrina de seguridad y defensa ante las amenazas contemporáneas derivadas,  por ejemplo, de conflictos bélicos irregulares que mezclan formas convencionales de lucha armada con elementos novedosos de protesta social. 
Este tipo contemporáneo de guerra puede darse cuando se produce un sentimiento dilatado de frustración y descontento en los sectores sociales que no alcanzan una inclusión adecuada en la modernidad cultural y tecnológica, y cuando estos sectores prestan apoyo a grupos insurgentes con ideologías radicales y, al mismo tiempo, confusas y cambiantes.   
   Una doctrina moderna de defensa debe considerar el fomento del vínculo causal entre la cohesión social elevada y la menor incidencia de conflictos bélicos. En el plano concreto, esto significa que los factores que promueven una sana identidad colectiva, incluyendo creencias compartidas y modelos aceptados de expresiones culturales, contribuyen a evitar la disgregación social y así dificultan de manera efectiva la aparición de fenómenos de caos social, conflictos anómicos, guerras civiles moleculares y fenómenos afines. 
Una doctrina moderna de seguridad y defensa tendría también que incluir el diseño de planes actuales de protección de los recursos naturales y de las áreas protegidas del país, sin que esto vulnere los objetivos del desarrollo económico creciente.
   Uno de los objetivos más importantes debería ser el diseño de una doctrina de vigencia nacional que recupere los valores culturales respetados por los diferentes espacios geográficos y segmentos poblacionales, para construir valores culturales aceptados generalmente, y de los cuales la población pueda estar orgullosa. Entre esos valores se hallan, por ejemplo, el anhelo de libertad, el orgullo referido a la independencia del país, la construcción de un aparato estatal eficiente y consagrado a mejorar el nivel de vida de la población y la construcción del Estado de Derecho.
 La proliferación de estos valores positivos tiende a crear una sociedad sin fenómenos de anomia, integrada exitosamente y muy poco proclive a apoyar fenómenos de guerra civil molecular.   
Los tratadistas actuales aseveran que la mayoría de las Fuerzas Armadas del mundo transitan de una lógica tradicional del conflicto a una lógica moderna del desarrollo, lo que implicaría para las Fuerzas Armadas un complejo proceso de adaptación, modernización y transformación. De acuerdo a esta teoría, los ejércitos se estarían convirtiendo en instituciones de multitarea y multifunción en terrenos tan diversos, como la lucha contra el crimen organizado, el manejo de desastres naturales y la promoción del conocimiento científico y del desarrollo tecnológico.
El valor individual más apreciado deja de ser la valentía en el campo de batalla (y demás aptitudes corporales) y es reemplazado por la capacidad de manejar complejos sistemas tecnológicos modernos. Un posible ejemplo de esta evolución en Bolivia es la exitosa transformación de la Escuela Militar de Ingeniería (EMI), que se ha convertido en una prestigiosa institución de enseñanza científica de alta calidad y en un semillero de invenciones tecnológicas muy interesantes.
Otro caso similar es la Universidad Militar Mariscal Bernardino Bilbao Rioja, que imparte una docencia de buen nivel sobre temas de ciencias sociales.
 Por todo ello, el aporte de las Fuerzas Armadas al fomento de la ciencia y la tecnología puede ser decisivo en el caso boliviano, sobre todo a la vista de las carencias persistentes en el nivel educativo y en el fomento estatal a la ciencia, la tecnología e innovación. 
   Finalmente, para comprender el tema de la seguridad y defensa del Estado boliviano debemos explicitar que el derecho a través de la Constitución Política del Estado (2009) señala en el  artículo 10 y sus tres parágrafos que Bolivia es un Estado pacifista, que rechaza toda guerra de agresión como instrumento de solución a los diferentes conflictos entre Estados y se prohíbe la instalación de bases militares extranjeras en territorio boliviano. 
Asimismo, el parágrafo II señala que Bolivia se reserva el derecho a la legítima defensa en caso de agresión que comprometa la independencia y la integridad del Estado. Las Fuerzas Armadas, en el marco del derecho a la defensa y seguridad, tienen la función de asegurar, sin excusas u omisiones, la pervivencia de cada uno de los ciudadanos que componemos este espacio geográfico denominado Bolivia, sin excluir a nadie por razón de ideología, creencia, raza, opción sexual, género, estrato socioeconómico, región, etnia o cualquier tipo de estratificación o diferenciación.
 
Erika J. Rivera es magister DAEN con maestría sobre seguridad y defensa en la Universidad Militar Bernardino Bilbao Rioja.

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