Puka Reyesvilla

Hat trick a la inversa

viernes, 28 de febrero de 2020 · 00:12

No es necesario ser entendido en fútbol para estar familiarizado con la popular expresión inglesa hat trick, que indica que un jugador ha marcado tres goles durante un solo partido, algo no muy frecuente, aunque tampoco extremadamente inusual.

De esto último sabía muy bien la clientela política del dictador atrincherado en Argentina, que aplaudía a rabiar, y con dianas de fondo, los goles que éste marcaba -al por mayor- en partidos propagandísticos diseñados -y transmitidos- para elevar su aura de portentoso semidiós.

Desde que se afincó en la tierra de Charly García, gozando de la generosa protección del régimen kirchnerista, el aludido está jugando otro encuentro y, como de costumbre, lo hace con rodillazos de antología.

La diferencia con sus anteriores jugadas es que en el nuevo escenario ya no maneja los hilos del poder y lo que antes eran goles se han convertido en autogol(p)es. El sujeto sigue introduciendo tantos al arco, pero al propio. ¿Qué otra cosa sino un hat trick a la inversa es el conjunto de autogol(p)es que el hombre se ha metido? Uno a uno, iremos analizando dichos tantos en contra.

Apenas comenzado el juego en suelo gaucho, el terror del área hizo, de panza, el primero de tres gol(p)es a su propio arco. En un arranque desde media cancha disparó el ya célebre llamado a organizar milicias armadas a su hipotética vuelta al país, en el que es detestado por el 70% de la población.

 Semejante despropósito se volcó en contra suya, causándole una reconvención -un sonoro jalón de orejas- de parte de su desprendido anfitrión, que le recordó que es libre de hacer campaña siempre y cuando no comprometa al Estado argentino en sus negociaciones para salir del fango financiero en el que se encuentra. 

Como pocas veces en su vida, la situación obligó al dictadorcillo a tragarse sus palabras. Pero la tribuna ya había registrado el autogolazo.

Poco le duró al sujeto el arrepentimiento -y, curiosamente, el régimen “K” esta vez se hizo al desentendido- porque ante su inhabilitación como candidato a senador -mirando una toma de la silla presidencial por la vía de la sucesión, en un plan perversamente urdido- el autogoleador anotó, ahora de nariz, una especie de blooper, el segundo guarismo a su pórtico: amenazó a Bolivia “revelando” que tiene amigos militares -“patriotas”, los llamó- que lo tienen al tanto de lo que sucede y que seguirá en contacto con éstos. Sin duda, su intención es la de sembrar dudas al interior de las FFAA y provocar una desestabilización del país. 

Lo que no parece apropiado es la falta de respuesta -al menos yo no me enteré de alguna, si es que la hubo-  de las FFAA ante la afrenta de que fueran objeto por parte del tirano autodesterrado. Aun así, el arco del individuo quedó, una vez más, “perforado” (para usar un término con el que se refería a las mujeres).

Comoquiera que sus bravuconerías ya no impresionaban ni a propios ni a extraños, este personaje de historieta barata, patrocinado por sinvergüenzas de toga, intenta recurrir al clásico “le meto nomás”, intentando burlar la ley que ha declarado inapelable su inhabilitación. Como cualquier parroquiano sabe, la última palabra en materia electoral la tiene el Poder Electoral, instancia repuesta en la Constitución promovida por el partido de quien ahora se presenta como víctima del sistema.

Con esta acción, “el que no puede entender” encaja otro autogol(pe) a su valla y agota su munición menuda -la gruesa ya la gastó en octubre- y se convierte en un invitado apestoso para la Casa Rosada.

Bolivia, democrática y libre ya no está para aguantar rodillazos.

 

Puka Reyesvilla es docente universitario.
 

 

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