Hernán Cabrera M.

La filosofía en las aulas escolares

viernes, 28 de febrero de 2020 · 00:09

Pregunté a una estudiante, que estaba distraída, mirando a través de la ventana. ¿Qué hay más allá de las aulas de interesante e importante? Su respuesta fue como un misil, que no te deja ni para el aliento: “La vida está más allá y acá también”.

Cuánta filosofía tiene su respuesta y cuánta filosofía necesitamos para estos tiempos intensos, dinámicos y violentos. Es tiempo de revalorizar el acto de filosofar en las aulas escolares y universitarias, para aquellos que “deseen pensar la vida y vivir su pensamiento”. 

Desde hace siglos, los filósofos nos abrieron las puertas del pensamiento,  con el objetivo de poder desenvolvernos y superar los conflictos que la vida de forma diaria nos presenta, como el amor, la muerte, la violencia, la guerra, la religión  y, hoy en día, la sociedad boliviana está atravesada por una serie de problemas sociales, que no están mereciendo la atención integral debida.

Los casos de acoso sexual, maltratos, abandonos, deserción escolar, violencia en la familia, consumo de drogas, bullying en los colegios  no son simples problemas que se están dando en alto grado en las unidades educativas y que tienen como protagonistas a los alumnos de los ciclos de primaria y secundaria. Son problemas estructurales, complejos y preocupantes.

Uno de los pasos es que cada colegio deberá contar con un psicólogo. Lo establece la Ley Avelino Siñani, para que preste asistencia, asesoramiento, apoye a las víctimas y a las familias. La mayoría de las veces la dirección de cada colegio optó por expulsar a los estudiantes que hayan estado involucrados en estos hechos, o en la destitución del profesor que haya acosado a alguna alumna.

Mientras no se encaren estos complejos problemas desde una óptica humanista y de derechos humanos, seguirán presentándose y cada vez con mayor incidencia entre la población estudiantil, y con fuertes repercusiones en sus familias. La forma de enfrentarla es en aulas, en la docencia, en la promoción de valores y en el cambio de visión que se tiene, proceso que lo puede lograr la filosofía.

 Se debe fortalecer la filosofía en los planes curriculares de los colegios, así como se hizo con la parte técnica. Un buen curso de filosofía en secundaria deberá estar orientado a reforzar el sentido de la vida, las virtudes personales y de la sociedad, la superación de las personas, las ganas de triunfar que todo ser humano tiene de forma innata, del diálogo como herramienta familiar y fraternal para analizar y debatir los problemas en la perspectiva de buscarles soluciones o puertas de salida. Se trata de transformar la vida, desde la reflexión, el debate y el enriquecimiento del conocimiento.

Se trata que desde la filosofía ampliar el espíritu crítico a los alumnos, quienes con seguridad recibirán de buen agrado estas inquietudes. Están con hambre de reflexionar sobre el sentido de la vida, el sentido de la verdad, de la creatividad artística, de las virtudes, el rol que deben desempeñar los jóvenes, que como seres humanos son parte de una sociedad multicultural, compleja y siempre cambiante.

La filosofía es una disciplina completa, con una alta cuota de ventaja pedagógica, que se la debe explotar al máximo. Todo dependerá de los instrumentos de enseñanza acorde a los tiempos actuales y a las grandes expectativas que tienen los jóvenes, quienes están atareados con la golosina del celular y de los grupos de WhastApp. Ése es otro de los retos, convertir estas herramientas comunicacionales en métodos para la formación del sentido crítico hacia la vida.

Es tiempo de la filosofía, es el tiempo de fortalecer esos espíritus ansiosos de la juventud, que buscan alas para volar, puertas para ingresar y peligros para enfrentar. Una de las deudas pendientes en el sistema educativo y en las familias es la charla, la discusión de asuntos de la vida diaria y sus respectivas proyecciones, como la responsabilidad de la libertad.  

El hombre es un ser libre desde que nace, y todo joven lo que necesita y grita es asumir y practicar su libertad, la cual debe estar bien encaminada. Incentivar la práctica del bien común, de la tolerancia y del compromiso; el desarrollo de la conciencia crítica; la promoción de los derechos humanos, más ahora que estamos enfrascados en conseguir la igualdad de género y el respeto a la diversidad cultural, sexual y social y la búsqueda constante de la verdad.

 

Hernán Cabrera M. es licenciado en Filosofía y periodista.
 

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