Rafael Puente

¿Será que por fin nos libramos de la energía nuclear?

viernes, 28 de febrero de 2020 · 00:10

A principios de este mes, el director ejecutivo de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN) anunció la paralización de las obras de construcción de una central de energía nuclear que estaba prevista en El Alto. Ya era hora, y ojalá sea el final definitivo de un proyecto que nunca tuvo pies ni cabeza.

Hace años que el expresidente Evo Morales anunció que había logrado un acuerdo con Rusia para la construcción de dicha planta, ¡añadiendo atrevidamente que serviría para generar energía eléctrica!, y sin tener en cuenta para nada las tremendas desgracias ocurridas en plantas similares, nada menos que en Rusia (Chernobyl) y en Japón (Fukuyama), dos Estados infinitamente más fuertes que el nuestro y que a pesar de todo no habían podido evitarlas.

Hace dos años el director de Rosatom (la empresa rusa) explicó que dicha planta se construiría sólo para fines de salud (concretamente para la detección temprana del cáncer), lo que parte de la opinión pública consideró una buena noticia, pero sin tener en cuenta que la tal planta consumiría nada menos que 15 millones de litros de agua cada año (cantidad que equivale a toda el agua disponible en el ltiplano) y sin tener en cuenta que una planta de ese tipo genera “desechos nucleares” que constituyen un peligro permanente (y creciente), que no sólo amenazaría la salud humana en El Alto, sino en todo el país (y alrededores).

Además, parece que tampoco se tuvo en cuenta que el costo de construccion de dicha planta sería de 351 millones de dólares (que ni tenemos ni estamos en condiciones de prestarnos).

Todavía en octubre de 2019 -¡hace sólo cuatro meses!, y cuando acabábamos de sufrir los dramáticos incendios de la Chiquitania- nos hablaron de la inauguración del Instituto de Medicina Nuclear. Menos mal que ahora se nos informa de la paralización de todo el proyecto…

Lo menos que podemos observar es una dramática falta de seriedad, un manejo demagógico del tema, cuando no una peligrosa ignorancia respecto de sus condiciones y sus posibles consecuencias. Para colmo, resulta que la energía generada no sería más barata (cosa comprobada en Estados como Alemania, Francia y Suiza) y que, por tanto, todo el proyecto ignoraba la realidad del país, que no por haber mejorado en su economía global (ahora veremos hasta cuándo) podía sentirse “desarrollado” y planificar semejantes obras.

No es así como se hace patria, con discursos grandilocuentes y proyectos que superan la capacidad de nuestro país. Es necesario tener en cuenta todos los factores de ese tipo de “desarrollo”, tener en cuenta la capacidad económica real de nuestro Estado, y aprender de otros Estados mucho más expertos y poderosos que el nuestro.

Por todo eso es de desear que la mencionada ABEN simplemente desaparezca. Bolivia tiene suficientes fuerzas energéticas (desde el gas hasta la energía hidráulica y todavía falta experimentar la energía eólica) y no tiene por qué arriesgar la salud y sobrevivencia de la población, y menos aún para que un determinado presidente pretenda pasar a la historia como el promotor de la generación de energía nuclear en Bolivia.

Y no deja de ser oportuna la idea de recuperar aquel horizonte prometedor, pero cada vez más olvidado, del “Vivir Bien” (que sería la meta realista para un país como el nuestro, haciendo a un lado el mito del “desarrollo”). Ojalá seamos capaces, es algo que la sociedad civil tiene que exigir a cualquier gobierno. Amén.

 

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

 

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