Lupe Andrade

“Lecturando” nuestro país

miércoles, 5 de febrero de 2020 · 00:11

Cada país tiene su personalidad y características especiales.  Los holandeses y los alemanes son disciplinados, los italianos son cálidos y complicados , los argentinos aman el fútbol, los franceses son reyes del vino, los suecos y noruegos son rubios y soñadores (como La sirenita), y los chinos son tantos que no pueden ser clasificados.  ¿Nosotros? ¿Quién puede clasificar a un país tan diverso que tiene montañas nevadas codeándose con selvas tropicales; que tiene diferentes orígenes (las 36 “naciones” pregonadas pero poco apoyadas por el anterior régimen); es decir, un país cuyo deporte es disentir?  

No nos ponemos de acuerdo.  Nos encanta discutir.  En la política, la unión –que sí hace la fuerza- no aparece hasta que las papas queman.  Ante el llamado a unidad entre candidatos que no desean un retorno hacia el pasado, una reunión unificadora fracasó hace pocos días y ahora, en las horas y minutos antes del cierre del plazo de inscripción, apareció... no una solución, sino otro factor divisivo más.  

La ADN de Banzer, con sus ecos de fuerte dictadura, e ingreso a democracia, ha reaparecido con un candidato virtualmente desconocido, pero optimista.  Eran seis y ahora son siete, tal como los enanitos de Blanca Nieves.  Lo único que les falta son gorritos puntudos y picotas al hombro, para andar marchando al son de una canción, en pos de la mágica silla presidencial.

Así no se puede ganar.  No entiendo, por mucho que le dé vueltas al tema, qué hay en la cabeza de los nuevos/viejos candidatos, que sin haberse gastado las suelas de los zapatos en la campaña anterior, y sin haber cruzado el país de este a oeste y de norte,  sin haber forzado con su votación el proceso de dimisión de Evo, creen –ahora- que pueden ganar. 

 ¿Es que son más simpáticos?  ¿De más blonda cabellera? ¿Tienen más plata? ¿Más aguerridos y machos?  ¿Más sindicalistas?  ¿Más auténticamente bolivianos, es decir, más discutidores?

En la anterior, y bien anulada elección fraudulenta, un solo candidato le hizo frente al MAS.  Sin fraude, habría ganado la segunda vuelta, razón por la cual el MAS recurrió a la fatal trampa cibernética.  Pero ninguno de los enanitos quiere apoyar a ese candidato que sí ha demostrado que puede ganar.  No señor.  Ahora, al oír la canción de la sirena, salen a relucir  los yoísmos, los enconos, los eternos enamoramientos bolivianos con la silla y la medalla. 

Así como entre 1964 y 1980 tuvimos 23 presidentes (sí señor, y cualquiera puede comprobarlo si tiene el afán de hacer ese ingrato ejercicio) contando con generales, juntas militares, unos breves civiles optimistas intercalados (tres: Siles Salinas, Guevara y Gueiler) y una época de retroceso económico y social, cuya cuenta aún estamos pagando.  Hoy si volvemos a ese patrón del yoísmo podemos estar en retroceso.

¿No hay cordura que se imponga?  ¿Es que los egos son mayores a los evos?  Hace poco, un connotado candidato cruceño afirmó que “hay que “lecturar” lo que el pueblo boliviano quiere”.  Ay, sí.  Es cierto, y aunque ha utilizado, tristemente, una palabra que no existe (pero que suena grandilocuente), sí hay que leer en los rostros de los bolivianos comunes y corrientes lo que el pueblo quiere, y eso es certeza, paz, trabajo, viviendas, salud y posibilidades de un futuro mejor. 

 No quiere el retorno a la danza de presidenciables alrededor de la silla.   Yo como parte de ese pueblo boliviano pido que puedan leer, y si quieren “lecturar” lo que verdaderamente queremos los bolivianos.

Señores candidato: por favor lea usted el alma los bolivianos.  Léanla como quiera, en esta columna, este diario, en los rostros de la gente o en hojas de coca.  Lo que queremos es seriedad: no rostros sin sonrisa, pero sí promesas que se cumplen.  No queremos contradicciones, de esas de “yo no seré candidato/a” a “ahora voy a candidatear” porque “lo pide el pueblo”.  No queremos más fórmulas con lo mismo de lo mismo, bajo otro sombrero y otra sigla. 

 No queremos los lemas de antes, porque estamos aburridos con los autócratas de ayer.  Lean el alma del pueblo, sí, el  alma verdadera que sólo se conoce a pie.  “El pueblo”.... ¿Quién es el pueblo?  ¿Soy yo?  ¿Es usted? ¿Este baile de egos y división es lo que usted quiere?

 

Lupe Andrade es periodista.

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