Jorge Patiño Sarcinelli

De la tiranía a la libertad

domingo, 09 de febrero de 2020 · 00:09

Se vuelve a usar estos días las expresiones “causa de la libertad”, “voluntad del pueblo” y “derrocamiento del tirano”. Cualquiera creería que los Pititas han  tomado la Bastilla y derribado el muro de Berlín en una sola gesta revolucionaria, y  que Juana Azurduy y Simón Bolívar son unos piojos tuertos comparados con Fernando Camacho, el héroe de las jornadas libertarias de noviembre. 

Toda revolución produce su imaginario, pero en este caso a punta de imaginar, se quiere fabricar una revolución donde hubo una revuelta. Para que la gesta merezca ese nombre deseado, es necesario invocar el principio de la libertad recuperada gracias al heroico derrocamiento del tirano en el nombre del pueblo. 

Un ejemplo de esta retórica revolucionaria es la convocatoria del Comité Cívico pro Santa Cruz a la reunión de precandidatos, donde se refieren a “una verdadera revolución democrática cívico ciudadana que derrotó a la dictadura mediante la resistencia pacífica de un pueblo unido por una causa: la libertad”. Nada menos.

Evo Morales es una peculiar combinación de pusilánime con megalómano. Esto es una oposición etimológica, pero no una paradoja psicológica. Pusilánime es pequeño de alma -lo opuesto de magnánimo-. Es decir, lo que es ese Evo incapaz de un gesto grande y generoso, delatado por su famoso gesto del rodillazo. 

Megalómano es el que tiene manía por lo grande. Tal vez al inicio de su gobierno, ese joven que paseaba por ahí su timidez, su chompita y sus proyectos de cambio, era chueco y ambicioso, pero el carácter megalómano lo fue adquiriendo con los años, la adulación y el éxito; lo que llevó a una deriva autoritaria de su gobierno. Pero Evo no era un tirano o un dictador en ninguna definición, por más inclinaciones y tentaciones que tuviese. 

El pueblo boliviano podía estar siendo robado de muchas maneras, del dinero a las ilusiones, pero lo que no le habían robado, al menos todavía, era la libertad. ¿Es que los que hablan de recuperación de la libertad no han vivido o visto de cerca un régimen donde no hay libertad, una dictadura de verdad? ¿Ni siquiera en película? 

En Bolivia había libertad de movimiento, libertad de expresión (con la excepción de la presión económica sobre la prensa opositora, que siguió publicando a punta de ñeque), libertad de actividad política (no se proscribió a ningún partido, no se expulsó a un parlamentario), libertad de culto, libre asociación, contratación y exportación, libre cambio, etcétera. ¿Qué libertad entonces es la que estos revolucionarios dicen haber recuperado? ¿La de impedir que Evo sea candidato?

Si no hubo recuperación de la libertad, ni derrocamiento de un dictador, ni golpe de Estado, lo que hubo en Bolivia fue una revuelta popular; categoría que no tiene el glamur de una revolución a la francesa, pero que califica muy bien para una gesta con tintes heroicos. Los Pititas, jóvenes y viejos, tienen todo el derecho de estar orgullosos de lo logrado, pero no creo que puedan hablar ni de derrocamiento de tiranos, de recuperación de libertades ni de revolución. 

Para mayor claridad, insisto en que no estoy ni desmereciendo el coraje con el que lucharon los Pititas por algo en lo que creían, ni la importancia histórica del derrocamiento de Evo Morales para dar paso a una nueva etapa del largo y penoso desarrollo democrático de nuestro país. 

El concepto de libertad en un sentido revolucionario, el que va más allá de una mera revuelta, se refiere a la constitución de las instituciones que aseguren la práctica de la libertad de todos (!) los ciudadanos de manera duradera. Buscando esta totalidad, la nuestra sigue tropezando con estupideces, deshonestidades y ambiciones. 

Nuestra democracia sigue imperfecta, lo vemos estos días en acciones que muestran que si antes cojeaba del pie izquierdo, ahora es del derecho. Debemos, pues, seguir criticando y luchando contra todas las traiciones a esa libertad y a los principios democráticos. En esta pelea de todos los días se juega el largo plazo.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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