Ivana Calle Rivaz

8 de marzo: que el Estado tiemble

martes, 10 de marzo de 2020 · 00:11

Creo que más que feminista, amo el feminismo como práctica y teoría política crítica de las estructuras sociales y culturales que avalan y perpetúan la discriminación y violencia machista contra las mujeres.  

Ser feminista no es fácil. Es más, es doloroso y frustrante, sobre todo a la hora de sacar las cuentas, no sólo personales, también en los logros de las luchas feministas en Bolivia. Es verdad que gracias al feminismo y a movimientos de mujeres (que no siempre se han declarado feministas) Bolivia cuenta con un vasto marco normativo protector de los derechos de las mujeres; lástima que sean sólo palabras en papel. 

No por nada, pese a la existencia de una ley específica contra la violencia hacia las mujeres, son 27 muertas por feminicidio en 2020, una de la cifras más altas en la región, y uno de los indicadores más dolorosos y contundentes de las múltiples sumisiones, discriminaciones y violencias que atraviesan las mujeres.

Y digo que es frustrante porque, además, las feministas nos enfrentamos a una sociedad adormecida y a un Estado reacio a asumir sus responsabilidades respecto a los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes. Las familias siguen criando a niños y niñas reproductores de machismo, creciendo y viviendo en el ideal patriarcal de pareja, donde las mujeres resultan subordinadas, obedientes y dependientes de los hombres. Un ideal que justifica la violencia en aras de una supuesta y falsa noción de amor y familia que, al final, sólo acaba siendo un lazo sangriento. 

La carencia histórica de políticas públicas sostenibles e integrales como obligación estatal para cambiar las estructurales de las relaciones de género, la miseria de las propuestas de gobierno, en cuanto desafío de construir una sociedad con igualdad y seguridad, el calvario que es buscar justicia para las víctimas, son algunos de los pendientes ineludibles e urgentes que, como es evidente, ningún gobierno está dispuesto a asumir.

Pero las feministas luchamos, y lo seguiremos haciendo, con lo único que tenemos: nuestra voz. No nos van a callar, puesto que no sólo somos cada vez más, sino que la ignominia alcanzó ya niveles extremos. Hoy me alegra ver a tantas mujeres jóvenes que se declaran feministas, no siempre fue así.

 Me alegra ver personas que antes renegaban del feminismo, de las causas de las  mujeres, ahora se declaren feministas. Me alegra que la cooperación internacional empiece a apoyar propuestas abiertamente feministas. Me alegra que las niñas y las adolescentes estén cada vez más visibles y decididas. Me alegra que el feminismo sea el principal enfoque de política pública en muchos países (aunque aún lejano al nuestro), mostrando que es posible tener Estados que asuman desafíos feministas.

 Me alegra que, poco a poco, ser feminista no sea una radicalidad de la que hay que huir, sino una opción política real y sensata por la que luchar.

Este 8 de marzo las feministas bolivianas nos rebelamos desde el duelo por nuestras hermanas muertas, pero también desde la fuerza, desde la voluntad de reconocernos y construir propuestas que hagan temblar al Estado. Estamos en este camino y lo lograremos, venceremos.

Ivana Calle Rivaz es especialista en género y activista feminista.

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