Madeleyne Aguilar A.

“Estoy triste y me río”, el sentimiento de miles

martes, 10 de marzo de 2020 · 00:10

Mi generación está triste o, peor aún, está deprimida. Sus gustos lo revelan. La canción René, de Residente, el famoso coro de Tusa y el hecho que la película Joker haya ganado 14 premios me hizo cuestionar sobre cómo se siente el grupo etario del que también soy parte, los millenials. En una clase expuse mi duda y me respondieron: “La tristeza está de moda”.

Mi alegría sigue rota, dice René, el cantante puertorriqueño; además de admitir que está deprimido, se siente solo y que hace 10 años no duerme. Luego forma una serie de nostálgicas oraciones sobre momentos a los que quisiera volver. Quiero quedarme allí, no quiero salir de allí, dice sobre esos recuerdos.

Por el “temazo” mis amigos lo llamaron ídolo. A las frases nostálgicas les llaman arte y a la composición, “de lo poco bueno que hay en la música actual”. ¿Por qué nos gusta lo triste? ¿Nos sentimos así?

Ya no queda casi nadie aquí/ A veces ya no quiero estar aquí/Me siento solo aquí, confiesa Residente y revela la depresión que creó empatía en muchos. El videoclip se estrenó el 28 de febrero y superó los 12 millones de visitas en apenas un día.

Las fuertes emociones, en especial si son grupales, derivan en acciones. El enojo, por ejemplo, puede resultar en una revolución. La tristeza -me explica una psicóloga- es transitoria. En cambio, la depresión es un trastorno mental de larga duración que requiere tratamiento psicológico y/o psiquiátrico.

En ciudad Gótica, donde se desarrolla la historia de la película Joker, “todo el mundo grita e insulta a los demás. Ya nadie es civilizado. Ya nadie se pone en los zapatos de la otra persona”, según describe el protagonista del filme. 

El resultado es que en ese ambiente se formó un asesino, cuya depresión lo llevó a la locura. Mató a todos los que creyó le hicieron daño y terminó de empujar a los ciudadanos a que se rebelen contra el sistema que los ignoró.

Por eso me preocupa la tristeza de mi generación. Tal vez es sólo una moda, como lo fueron las letras obscenas del reguetón, hace diez años; pero ¿y si no fuese así? ¿Nos quedaremos indiferentes ante un grito de auxilio?

Pero si le ponen la canción/ Le da una depresión tonta/ Llorando lo comienza a llamar/Pero él la dejó en buzón/¿Será porque con otra está/ Fingiendo que a otra se puede amar?, es el coro de la canción que gritan en las fiestas. En el concierto Madness, de Cochabamba, vi cómo miles de chicas y chicas cantaban el hit.

Tusa, según explica la cantante Karol G, significa despecho y tristeza por el fin de una relación amorosa. Según su canción, el modo de acabar con ella (matar la tusa) es salir con una amiga a beber. Pero, ante el mínimo estímulo (la canción), ella vuelve a llamar a aquel hombre que le fue infiel. 

La protagonista de aquella historia está en una relación dañina. La fama del tema revela que muchos chicas y chicos están en una situación similar. Lastimosamente, la cantante no menciona en su letra la solución al problema: en lugar de beber, la protagonista de Tusa debería ir a ver a un psicólogo para trabajar su problema, alejarse de ese hombre que la lastima.

Aunque parezca una broma, es un tema muy serio. Las relaciones amorosas conflictivas pueden ser escenarios peligrosos para las mujeres. En 2019, de los 117 casos de feminicidios que  se dieron en Bolivia, en un 70% el agresor era pareja de la víctima. Ejercieron violencia física y psicológica contra sus esposas o novias.

Creo que en nuestro país se subestima demasiado la importancia de la salud mental. Saber cuidarla, pedir ayuda, manejar las emociones son conocimientos que algunas personas tienen. Incluso siendo adultos prefieren callar. Así no se va a solucionar nada.

Si en el colegio nos hubieran enseñado sobre inteligencia emocional tal vez nos hubiéramos ahorrado muchas lágrimas, noches de insomnio, desórdenes alimenticios, relaciones tóxicas y, probablemente, se hubiese evitado suicidios. No está mal estar triste. No está mal pedir ayuda. No está mal visitar un psicólogo. Lo que no está bien es ser indiferente.

Madeleyne Aguilar A. es periodista y docente.

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