Jorge Patiño Sarcinelli

¿Podría tu hijo ir a la cárcel por machista?

martes, 10 de marzo de 2020 · 00:09

Entre las medidas que se puede ensayar para minar el encofrado patriarcal y contribuir a disminuir los feminicidios está llevar el debate a la escuela. No soy el único en decirlo. El objetivo de este traslado es exponer a los niños y jóvenes a códigos distintos de los que asimilan en sus casas, creando oportunidades para que reflexionen sobre ellos.

Debemos estar conscientes del berenjenal en el que nos metemos al poner a los alumnos en situaciones en las que los valores y códigos  inculcados por los seres que ellos quizá más admiran podrían no quedar bien parados en la discusión; razón demás para que este esfuerzo evite a toda costa el adoctrinamiento y las verdades morales absolutas.

De hecho, hace unas semanas estalló en España un agrio debate provocado por el rechazo de los partidos de derecha a dejar que los hijos participen en cursos de educación sexual, temas de género y otros similares, sin la aprobación de los padres. No me sorprendería una reacción igual aquí.

En Bolivia, leyes que castigan el feminicidio ya hay y demasiadas víctimas. Duele la indignación impotente. Hay manifestaciones, defensoras, defensores y abanderadas; todo eso hay, pero lo que todavía no tenemos son propuestas concretas de acción, o no las he visto. Ya debe estar claro que la ley y la amenaza penal, por duras que sean, no bastan para cambiar comportamientos.

No se puede insistir demasiado en la importancia de que todos, pero sobre todo los hombres, creen consciencia de que no sólo las cosas que ellos saben que son ofensivas, sino algunas que consideran anodinas o lisonjeras, son machistas y sirven para perpetuar un orden que da lugar a la violencia que queremos eliminar. 

Hay todavía un desfase entre educación y leyes, y los chicos que no purguen a tiempo sus códigos machistas podrán mañana verse sorprendidos con consecuencias legales por incurrir en ofensas, de las que no son siquiera conscientes o toman a la ligera, aquí o afuera. 

Una educación despatriarcalizante es necesaria para ellas como defensa, para ellos para evitar ofensas, multas e incluso cárcel, y para todos para vivir en una sociedad menos violenta y más justa.

El teatro es un gran instrumento pedagógico y debemos analizar la posibilidad de llevar a las escuelas obras de teatro cortas –escenas de digamos 15 minutos- sobre los conflictos y dilemas a los que se quiera exponer a los alumnos: códigos y comportamientos machistas, homofobia, etcétera. Las obras podrían ser actuadas por los propios alumnos. 

Las presentaciones serían seguidas de una discusión sobre lo dicho y hecho, en grupos reducidos, con ayuda de un moderador. Esta discusión es más importante que la propia representación. El teatro tiene los beneficios de la inmediatez, pero se podría también usar videos para poder llegar a más escuelas. 

El beneficio del teatro como instrumento pedagógico está en que, a pesar del posible sesgo en situaciones fabricadas, las lecturas son abiertas, y lo que se busca justamente es que los jóvenes, en lugar de recibir verdades cerradas, descubran las suyas en la discusión, y que chicas y chicos sean estimulados en situaciones en las que no está en juego el ego propio, sino el de personajes ficticios, a reflexionar sobre lo dañinos que son algunos de sus prejuicios y comportamientos.

Quizá ideas como ésta ya estén por ahí; tanto mejor, así se puede aprender de otros. En todo caso, esto no es más que una idea para que las expertas recojan lo que tenga de valor y le den la forma adecuada. Lo importante, insisto una vez más, es que hagamos algo, que pasemos de los gritos a las medidas. Un par de colegios podrían tomar la iniciativa como experimento.

Con el teatro no acabaremos con el machismo, el feminicidio ni la homofobia, podemos estar seguros de ello, pero podemos contribuir a cambiar códigos y comportamientos con efectos en el largo plazo. Y si no, al menos habremos estimulado el teatro y la creatividad, lo que no estaría mal como beneficio colateral.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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