Iván Camarlinghi

¿Mar y Silala: traición a Bolivia?

miércoles, 11 de marzo de 2020 · 00:10

Cuando el gobierno del MAS presentó en la Corte de La Haya (CIJ) la demanda marítima contra Chile, el 24 de abril de 2013, no percibió que estaba por cometer uno de los más graves errores de su administración, que fue creer que si la ganaba iba a ser su “obra estrella” para eternizarse en el poder. La ambición desmedida por el poder le hizo perder la perspectiva de lo que realmente anhela y necesita el pueblo boliviano, que es recuperar su salida al mar con soberanía.

Debemos decir que presentar la demanda marítima contra Chile en la CIJ era una arriesgada apuesta, dado los antecedentes en disputas bilaterales que fueron sometidas a su jurisdicción. Si nos atenemos al espíritu y a la letra del fallo de la Corte del 1 de octubre de 2018, en esta sentencia hubo un ganador: Chile, porque ganó al evitar que se le obligara a negociar una salida al mar para nuestro país. Evo y el MAS pidieron lo opuesto y perdieron, Bolivia también.

El error del MAS fue que sus ministros no conocían el derecho internacional y por más que contrataran a “destacados juristas internacionales” nos mintieron a los bolivianos, al igual que muchas de las falacias que nos vendieron durante 14 años. La demanda de La Haya fue una gran farsa: la Corte no puede obligar a sentarse a dos países a negociar un acuerdo basado en declaraciones bilaterales, porque dichos instrumentos no crean jurisprudencia internacional, no originan derechos ni obligaciones para las partes.

Es cierto que expresan su voluntad para buscar un acuerdo sobre materias de interés mutuo, pero esa intención de los Estados no puede significar una imposición o una obligación vinculante, tal como establece el fallo de la Corte. Lamentablemente, esa sentencia sí crea jurisprudencia internacional, por lo que el fallo de La Haya es mucho más grave; no sólo porque representa nuestra peor derrota diplomática, sino también porque es casi imposible que la CIJ pueda aceptar otra demanda similar. Con las armas perdimos la guerra y el mar, con las improvisaciones del MAS, perdimos una real y posible solución. 

La CIJ desestimó los 11 argumentos presentados por Bolivia y dictaminó una sentencia “inapelable, obligatoria e inmediata”, indicando que “no puede concluir que Chile tenga obligación de negociar el pleno acceso soberano” de Bolivia: No podía ser más lapidario para nuestro país.

Vista esta sentencia en perspectiva, debemos concluir que dicho fallo fue un golpe demoledor a nuestra demanda por volver al mar, porque si la Corte no la aprobó, a quién podemos acudir ahora si no existe otra instancia superior a la de la CIJ. Hay expertos que dicen que Bolivia nunca debió acudir a La Haya porque con los argumentos del gobierno el riesgo de un fallo adverso era muy grande. Morales no calculó bien o fue engañado por sus asesores del MAS (como les gusta decir para justificar los errores de su jefe), que le hicieron creer que el resultado de la demanda sería pan comido. Evo y sus partidarios pecaron de ingenuos e inexpertos en esta materia, como en otras.

No menos importante es el asunto del Silala, reflotado en estos días y que también está radicado en la Corte de La Haya a iniciativa de Chile, que demandó a Bolivia porque lo considera un río internacional, situación que en su criterio le da derecho al uso de dichas aguas. Bolivia siempre ha considerado al Silala como un conjunto de ojos de agua que nacen en bofedales ubicados en territorio nacional y que no constituye un río internacional porque fue desviado artificialmente.

Morales en su típico estilo “le meto nomás”, le metió nomás en este delicado asunto internacional y lo más probable es que también Bolivia salga trasquilada, aunque en este caso no está en juego si Evo sigue o no en el gobierno, como era su intención al llevar el mar y el Silala a La Haya; sino algo mucho más importante, que sería perder la soberanía del Silala. 

Ahí están los resultados: en materia internacional no se puede improvisar y menos en un asunto tan importante para los bolivianos. Las relaciones exteriores son una materia especializada y no obra de improvisados dirigentes sindicales.

Lamentable y grave para nuestro país que el gobierno de Evo Morales, en la contramemoria del Silala aceptara que una parte de él discurre naturalmente a Chile, admitiendo indirectamente que puede explotar sus aguas. Aquí no se trata de un “error”, se trata de una traición a la patria, y con la demanda marítima perdida son dos gravísimas faltas que ameritan un juicio de responsabilidades, tal como planteo el Comité Cívico de Potosí.

Ahora sí nos quedamos sin mar y, por lo pronto, sólo con la esperanza de no perder también el Silala;  y, ellos, bien gracias, refugiados con privilegios en Buenos Aires, amenazándonos de nuevo con cercos, milicias armadas y golpes de militares “patriotas”.

Iván Camarlinghi es diplomático y periodista.

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