Evelyn Callapino Guarachi

Que el feminismo no te incomode

miércoles, 11 de marzo de 2020 · 00:12

Cuestionar privilegios que provocan desigualdades, reclamar la falta de oportunidades, altercar injusticias de violencia de género y exigir que se cumplan los derechos de las mujeres son temas que siguen incomodando en la sociedad. Al parecer nuestra consciencia colectiva evoluciona de manera muy lenta. 

Los movimientos feministas han incomodado desde que aparecieron, incluso antes de que tengan esta concepción; las mujeres que no obedecían los patrones impuestos por la sociedad  eran juzgadas, oprimidas, maltratadas y amenazadas,   para poder controlar el orden a través del sometimiento en sus roles asignados.

Mary Wollstoncraft, escritora inglesa, hace más de 200 años, a través de su libro Vindicación de los derechos de la mujer, cuestionó las estructuras sociales basadas en una división sexista que radicaba principalmente en la educación y reivindicó la autosuficiencia de la mujer, cuestionando las imposiciones patriarcales.

Han pasado más de 100 años en el que mujeres se opusieron al sistema político. Un caso emblemático es el de  Emmiline Pankhurst, una obrera inglesa, quien promovió la confrontación a las injusticias políticas y trascendió la historia como una de las protagonistas del movimiento sufragista  que, a pesar de los encarcelamientos y las opresiones, logró conquistar el derecho al voto. 

Clara Zetkin, alemana, socialista, política, luchadora por los derechos de las mujeres obreras, también cuestionó las injusticias provocadas por la explotación y las desigualdades. Fue quien promovió la existencia del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. 

Ellas y muchas desobedientes en el mundo entero cuestionaron las injusticias sociales, económicas y políticas muy confrontadoras para las diferentes épocas. Miles de aliadas se unieron a estas peticiones legítimas, cuestionando la estructura patriarcal y opresora que ponía en total desventaja a las mujeres. 

Ahora, en pleno siglo XXI, las brechas de desigualdad, patrones que someten a las mujeres, violencia en razones de género, aún persisten en las diferentes esferas sociales. Si bien se conquistaron derechos que fomentan la participación de las mujeres, la concepción de las sociedades y la ineficiencia de los gobiernos son limitaciones que no dejan que avancemos de manera oportuna. 

Muchas veces la sociedad queda indignada por paredes pintadas de los movimientos feministas, critica  las concentraciones de mujeres que reivindican sus derechos. Es necesario comprender que exigimos y pedimos justicia por las mujeres que ya no están, exigimos cerrar las brechas de desigualdad, clamamos justicia social a través de legítimas vías de emancipación.

En este sentido me pregunto: ¿se indignarán de la misma forma al ver la realidad de los altos índices de violencia?, ¿se molestarán de la misma forma al ver a mujeres en informalidad laboral que trabajan agarradas de sus wawas en las calles?, ¿se sorprenderán al ver que en Bolivia tenemos que hacer leyes para asegurar la participación política de las mujeres?

Está pasando algo terrible con la lectura de la realidad social. Si bien las mujeres nos hemos podido introducir a diferentes espacios, la lucha no ha terminado. En lo político, después de la muerte de la concejala Juana Quispe, se aprobó la Ley 243; desde entonces hay alrededor de 600 casos de acoso político, de los cuales no hay ninguna sentencia.

En la situación laboral, la brecha salarial entre hombres y mujeres oscila alrededor del 30%, y la informalidad laboral mayoritariamente recae en las mujeres. A la fecha 28 mujeres murieron brutalmente asesinadas, muchas de ellas ya habían presentado sus denuncias previamente. La Ley 348 no cambia el problema estructural.

Estos datos nos tienen que llamar la atención, necesitamos reflexionar. Luchamos por mejores condiciones sociales, reivindicamos la igualdad entre hombres y mujeres.  Muchas feministas dieron su vida para conquistar mejores derechos para la sociedad. Es nuestro deber seguir este legado, construir una Bolivia más justa, más democrática, en la que las mujeres seamos libres dentro y fuera de nuestras casas.

 

Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

 

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