Alberto Echalar Ascarrunz

¿Qué hacer con BOA?

viernes, 13 de marzo de 2020 · 00:09

La aviación comercial es un negocio complicado. Compañías tan grandes y solventes como Swissair, un tiempo llamada también el banco volador, han quebrado (año 2002, 170 mil  empleos directos e indirectos que tuvieron que ser salvados con apoyo del Gobierno suizo por Crossair). Los nombres de Pan Am, Panagra, Braniff, Eastern no son ajenos a nuestra memoria, y son sólo un pequeño ejemplo de los emprendimientos aeronáuticos que fracasaron en el mundo.

Las grandes empresas aéreas que realizan enormes inversiones en aviones nuevos y gastan mucho dinero en entrenamiento de sus tripulantes deben compartir el mercado con aventuras de bajo costo que utilizan aviones ya desestimados por las grandes compañías y pilotos ya entrenados por las mismas; aventuras que tampoco son sustentables en el largo plazo.

Cuando una tripulación decide retornar al aeropuerto de salida o desviar a otro por motivos técnicos, los pasajeros, en vez de alegrarse de que se esté actuando responsablemente con la seguridad del vuelo, hacen estruendosos reclamos en la prensa. Si una línea retrasa un vuelo por motivos técnicos, el pasajero del asiento 23B necesita saber con exactitud cuál fue el sello que cambiaron, pues si no se queja de que la línea no informa a los pasajeros. No es sencillo.

Muchos países apostaron a tener líneas aéreas estatales, Francia con Air France, España con Iberia, Argentina con Aerolíneas Argentinas, India con Air India, Inglaterra con British Airways y un sinnúmero de otros emprendimientos. Casi la totalidad de estas empresas estatales fueron privatizadas o vendieron parte de sus acciones a privados o, como el caso argentino, se privatizó y luego se volvió a nacionalizar (actualmente patrimonio negativo de 442 millones de dólares).

Estas privatizaciones, sobre todo en Europa, dieron muy buenos resultados, transformando empresas deficitarias en éxitos, por lo menos momentáneos. Bolivia tuvo su experimento con el Lloyd Aéreo Boliviano, que si bien nació privada, fue nacionalizada posteriormente, para luego ser nuevamente privatizada bajo el sistema de la capitalización, la experiencia no fue buena.

Estos procesos de privatización son costosos para los países que se ven forzados a, como se dice vulgarmente, morder la bala y liquidar costosas inversiones en montos muy inferiores para no seguir cargando operaciones deficitarias que a la larga son más onerosas y que tienden a volverse problemas de tipo social.

Desgraciadamente este tipo de procesos privatizadores en nuestras latitudes vienen acompañados de nuestro mal endémico que es la corrupción. 

El año 2007, el gobierno del Movimiento Al Socialismo, fiel a su nombre, crea Boliviana de Aviación, en contrarruta a la tendencia mundial de no tener líneas aéreas estatales, pero si un gran porcentaje de la población boliviana votó por un partido “socialista”, ese era el camino a seguir, emulando los fracasos económicos de las empresas estatales en casi todo el mundo.

Las preguntas que nos debemos hacer los bolivianos son: ¿justifica subvencionar una línea aérea en Bolivia? (aunque los precios de los pasajes en la estatal sean similares a los de las privadas) ¿Qué porcentaje de la población utiliza este medio de transporte? (Para calcular esto, hay que tener en cuenta que si se reportan, por ejemplo, cinco millones de pasajeros movidos al año, un gran porcentaje serán pasajeros que van una vez por semana a algún destino, lo cual hace que sean  100 pasajeros al año una sola persona y así respectivamente).

¿Aquellos que utilizan este medio de transporte son los bolivianos con menores posibilidades económicas y requieren un subsidio?, ¿no sería más justo subvencionar el transporte interdepartamental de la población más necesitada que se mueve por tierra, si es que vamos a subvencionar transporte, o no subvencionar ninguno?, ¿no sería mejor dejar las fuertes inversiones necesarias para una línea aérea en manos de privados que quieran arriesgar su propio capital, ya que estos inversionistas sí existen?

Como estamos en pleno proceso electoral, sería bueno que los candidatos nos digan qué van a hacer con este tipo de temas, de forma intelectualmente honesta; sin demagogias ni suposiciones alejadas de la triste realidad de las empresas estatales de aquí y de todo el mundo.

 

Alberto Echalar Ascarrunz es piloto con TLA.

100
13

Otras Noticias