Julián Suárez Migliozzi

El flagelo de la desnutrición infantil en América Latina

sábado, 14 de marzo de 2020 · 01:09

La buena nutrición de niños y niñas de hasta cinco años es determinante para su sobrevivencia, su desarrollo físico y cognitivo, su destreza para aprender, su desarrollo de habilidades emocionales y su motivación para relacionarse y jugar con otros niños. 

Un estado nutricional adecuado, acompañado de estimulación temprana y cuidados apropiados, garantiza que los niños y niñas alcancen su potencial de crecimiento físico y desarrollo intelectual y cognitivo, dimensiones fundamentales para su desarrollo económico y humano en la edad adulta. 

Esta afirmación tiene un sustrato biológico conocido desde hace muchos años, conforme explicó el reconocido nutriólogo chileno Fernando Monckeberg, quien realizó aportes significativos para combatir la alta prevalencia de la desnutrición crónica que medio siglo atrás afectaba a Chile, hoy el país de América Latina y el Caribe con mejores indicadores de nutrición infantil. 

La tesis de Monckeberg suponía que las pocas y atrofiadas ramificaciones neuronales del cerebro de un niño desnutrido prácticamente condenaban su desarrollo cognitivo. De manera gráfica, equiparó el cerebro de un niño desnutrido con el de un niño bien nutrido; se asemeja al contraste entre un árbol seco en invierno con uno floreciente en primavera. 

Esta situación tiene relación con la ineficacia relativa de las políticas públicas para revertir situaciones de desnutrición en etapas de la vida más allá de los primeros cinco años. Es decir, la inversión en ese momento -acaso tardía- es, al menos, una inversión relativamente más costosa y de menor rentabilidad social, comparada con la que focaliza esfuerzos en el desarrollo infantil temprano. 

Entre los años 2000 y  2018, América Latina redujo del 16,7% al 9% la prevalencia de la desnutrición crónica en niños y niñas menores de cinco años. A pesar de estos avances, todavía existen 4,8 millones de niños y niñas menores de cinco años que presentan baja talla para la edad, a la vez que alcanzar las metas globales de nutrición al 2025 pareciera a estas alturas un objetivo irrealizable. 

Igualmente, es importante tener presente que los promedios regionales esconden serias inequidades que pueden conducir a la definición de políticas equívocas. Mientras Chile presenta una prevalencia de desnutrición crónica en niños de hasta cinco años del 1,8%, en Guatemala es del 46%. 

Además, las asimetrías dentro de poblaciones y subregiones de un mismo país también son marcadas, siguiendo patrones de desigualdad del continente más inequitativo del planeta.  

Para lograr que la región erradique de una vez por todas la desnutrición infantil es necesario que mejoremos el entorno, particularmente mediante la provisión de agua segura y saneamiento básico, pero complementando con acciones de promoción, cuidado y estimulación de la primera infancia.

En este sentido, desde CAF estamos implementando una agenda específica para acompañar a los países de la región en el combate de la desnutrición crónica, promoviendo una adecuada salud, entornos favorables y seguridad alimentaria; la optimización en la provisión y gestión de servicios públicos; o el fortalecimiento de capacidades institucionales.  

Adicionalmente, estamos trabajando en el fortalecimiento de las capacidades de funcionarios públicos, a efectos de contribuir al desarrollo de políticas públicas efectivas para enfrentar esta agenda pendiente. En este sentido, CAF acaba de lanzar un curso virtual masivo, abierto y gratuito (MOOC, por sus siglas en inglés) denominado ¿Cómo implementar programas para reducir la desnutrición crónica infantil? Un enfoque multisectorial para América Latina. 

El curso ofrece herramientas para abordar el diseño e implementación de políticas públicas para atender la agenda de desnutrición crónica infantil mediante un enfoque multisectorial que prestará particular atención en la metodología de presupuesto por resultados. 

América Latina necesita que este tipo de iniciativas tengan éxito y continuidad en el tiempo, ya que de ellas dependen que logremos nuevas generaciones sanas, despiertas y competentes que contribuyan a un desarrollo sostenible que alcance a todos los ciudadanos. Y esto sólo lo lograremos con inversiones inteligentes en la primera infancia, que son justamente las más rentables para el porvenir de la región.

 
Julián Suárez Migliozzi es vicepresidente de Desarrollo Sostenible de CAF.
 

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