Gregorio Lanza

¿El coronavirus cambiará la fisonomía del capitalismo?

domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:12

El coronavirus afectó la vida de millones de personas sometiéndolas a controles nunca antes vistos, como es el caso de Corea del Sur, donde por  GPS se vigila la evolución de los  infectados por el virus o, peor aún, en Wuhan, donde millones de personas viven en un virtual estado de sitio, solamente pueden salir para las actividades más elementales;  sin olvidarse de la pesadilla que fue la vida en el trasatlántico Princesa,  donde varios pasajeros murieron y otros centenas quedaron infectados a pesar de una rigurosa cuarentena. 

Más aún cuando frente a la declaratoria de pandemia -virus que afecta al globo,  140 países y territorios- se suspenden los vuelos intercontinentales. Se prevé suspender los Juegos Olímpicos en Japón o los partidos se juegan  sin espectadores a puertas cerradas,  eventos o elecciones  sin gente reunida. Así el mundo virtual  invade cada vez más los dominios de lo privado. 

De por medio, se tiene la muerte de miles de personas y el temor que produce ser un número más de los  incontables   infectados  y, lo que es peor, la rapidez con la que se expande el virus, que a pesar de no tener los niveles de mortandad de otros, como la neumonía o la tuberculosis, siembra el  pánico y pone al desnudo la precariedad de los servicios públicos para  ofrecer atención a miles de personas  al mismo tiempo. 

Los impactos en la economía global ya se sienten: las caídas de los mercados,  en la industria global, con  aeropuertos  vacíos, especialmente en la China, país que participa con el 14% en el GDP mundial, con estimaciones que rondan alrededor de  los 113 billones de dólares de pérdida en la industria aérea. 

La demanda de petróleo que ha caído en un 20% y el precio del barril a 35 dólares, uno de  los niveles más bajos en los últimos  años. El FMI ha anunciado su disposición para un soporte de  50.000 millones de dólares a los países e industrias afectadas, el Banco Mundial y  el Banco Europeo ven las cifras de apoyo a la reconstrucción de la economía. 

En lo político, la expansión del virus en Estados Unidos podría tener como resultado  la derrota en las elecciones de  2021 del presidente Trump y, seguramente, la necesidad de revisar las alianzas y  protocolos de salud y seguridad a nivel mundial.

En el siglo XIV se produjo en el viejo continente la  epidemia de la peste negra, que quitó la vida a cerca de la mitad de la población, especialmente de Europa, lo que produjo cambios sustanciales en las formas de vida, de producción, de gobierno y de control  del poder político. La falta de brazos fue un golpe demoledor al sistema feudal, que se basaba en la mano de obra de los siervos, a quienes  además se les imponían altos impuestos y gabelas por el alquiler de las tierras, que eran de propiedad del rey o los señores feudales.

 Esa situación permitió la rebelión de los siervos, el transitar a ser personas libres, a la entrega de la tierra en propiedad e impulso del comercio y la manufactura, base de la revolución industrial. 

Si no de esa magnitud, los impactos del coronavirus podrían llevar al debilitamiento de la globalización, en especial de las grandes empresas transnacionales, y a volver los ojos a economías mucho  más locales que busquen nuevas  formas de producción e intercambio con  insumos regionales: lo que  podría conducir a una nueva ola de inversión en  la energía limpia y  la producción in situ de alimentos. 

En el caso de Bolivia,   el ministro de Economía,  José Luis Parada, señaló que seguro    afectará el crecimiento económico. Corolario de la pérdida sostenida de ingresos y de reservas internacionales en el Banco Central en  los últimos cuatro años. 

Y, por otro lado, el coronavirus parece ser el  gatillador que vuelve a erizar   la precaria convivencia   entre bolivianos, erosionada por años de régimen autoritario  (y también  unas élites opositoras ancladas en el  pasado) que ha generado  un empoderamiento y faccionalismo que ha destruido la cohesión social,  donde  la desconfianza y el temor -que pululan en cada esquina-, de manera perversa, cierran el paso y el derecho a la vida a aquellos primeros contagiados por el  virus.

Gregorio Lanza es economista con maestrías en políticas públicas y exresponsable de Prevención y Atención de Conflictos de la Defensoría.

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