Fernando Patiño Sarcinelli

Coronavirus simplificado para una relación cordial en el futuro

martes, 17 de marzo de 2020 · 01:09

Hace pocos días nos decían que el virus todavía no había llegado a Bolivia pero que “estaba tocando la puerta”. Hoy, este agente invisible ya ha penetrado nuestras fronteras. Es una cuestión de días para convencernos de que nadie está libre de un encuentro con el famoso virus, ahora llamado Covid-19. 

El peligro está en lo desconocido y eso ha generado el pánico mundial. No obstante la alta virulencia (contagia a cualquier individuo), la recuperación es rápida y tiene baja morbilidad (la mayoría de los enfermos se recupera en siete a 10 días) y la mortalidad es baja (cerca de 2% muere). 

Otras infecciones como la malaria, la tuberculosis, la gripe española, H1N1 y el meningococo han atacado a la humanidad desde hace siglos. Hemos aprendido a defendernos en mayor o menor grado, con derrotas notables (se cree que Mozart y Chopin murieron prematuramente de tuberculosis), pero la especie humana sobrevive. La infección por VIH, relativamente reciente en la historia es mucho más temible pero ya no causa miedo como el Covid-19.

Frío y hambre son males que matan más en todo el mundo, la solución es bien conocida, pero sufren la indiferencia de la sociedad, los economistas y los gobernantes. Sobredosis de drogas, alcoholismo y exceso de velocidad también. Así camina la humanidad. Tal vez los economistas podrían ofrecer una explicación para ese fenómeno.

Ya el Covid-19, en un par de meses, ha causado un fenómeno económico devastador a nivel mundial. Miles de vuelos se han cancelado en menos de una semana. Están cerradas fábricas, escuelas y universidades en todo el mundo. Torneos deportivos, congresos, ferias, turismo y una infinidad de eventos sociales y culturales también han sido cancelados. ¡Las bolsas de valores han perdido cerca de 30% de la economía mundial en menos de dos semanas! La sensación es que el mundo se va a acabar.

No hay justificación médica para tanto pánico. Los economistas, también aterrorizados, no tienen solución para el daño económico, simplemente un fenómeno de pánico colectivo. Como siempre, las bolsas de valores son fuertemente influenciadas por premoniciones, desastres naturales, terrorismo y otros fenómenos que afectan la percepción de la economía de forma emocional más que técnica. Pasada la tormenta, pronto la economía mundial volverá a su curso normal.

Está claro que el Covid-19 no será capaz de terminar con la especie humana. El terrorismo, las drogas y las guerras étnicas y religiosas causan mucho más daño. Las buenas noticias: se estima que 80% de los que se contagian no sufren síntomas ni enfermedad. Cuando se comprueben esos datos todo volverá a la calma. ¿Por qué no se destacan esos datos? ¿Se podrá convivir con el virus sin sufrir? Los barbijos sólo se deben usar cuando hay síntomas respiratorios o sospecha de infección. No deben ser usados por quienes están sanos. Es suficiente lavarse las manos a menudo y evitar el contacto cercano como estrechar las manos y besar.

La humanidad va a seguir su camino y el proceso de selección natural, al cual más temen los ricos que los pobres, hará el papel de control natural sin eliminar el virus tal como otras plagas que afectaron a la humanidad. La realidad, sobre la que tampoco se habla, es que los pobres ya han sobrevivido al proceso de selección natural para llegar a ser adultos. Se cree que los niños que crecen y comen en la calle, que juegan con barro y no se lavan las manos desarrollan un sistema inmunológico más fuerte que les permite afrontar infecciones sin mayor cuidado. Claro que muchos son sacrificados en el proceso. Muchos, entre los más favorecidos, sobreviven gracias a un complejo sistema de protección, no obstante, vulnerable al Covid-19. 

Está claro que el Covid-19 apareció y se queda. En menos de dos meses se ha expandido por casi todo el planeta. No hay fronteras geográficas ni políticas que limiten su expansión. No tenemos medicinas específicas ni antibióticos que curen la infección o la hagan desaparecer. Probablemente hay miles de portadores sanos volando por el mundo. Pero la realidad, que no se dice claramente, es que la peste no es tan grave como hacen parecer.

Me atrevo a pronosticar que, en este proceso, pronto vamos a aprender a convivir con el Covid-19 como una gripe, naturalmente e indiferentes. Pero la industria farmacéutica lucha tenazmente para hacer la vacuna para vender cuando ya se pase el pánico. El daño económico es incalculable y posiblemente premeditado.

(Posiblemente a la fecha de esta publicación, algunos datos estarán desactualizados, lo que nos obliga a volver al tema.)

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

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