Carlos Derpic

Precisiones sobre la sedición

jueves, 19 de marzo de 2020 · 00:09

Todo Estado, se lo considere como “sociedad políticamente organizada”, “aparato de fuerza” o “instrumento de opresión”, se dota de normas, mecanismos e instituciones que lo protegen. Dentro de las primeras, aunque no exclusivamente, se encuentran los códigos penales, que son los que plasman la facultad sancionadora del Estado.

Estos códigos tienen una parte general, en la cual se regula todo lo relativo a la ley penal, el delito, las penas (su aplicación, cumplimiento y ejecución), extinción de la acción penal y de la pena, entre otras cosas; y una parte especial, en la cual se tipifican delitos, que los hay de diferente tipo. Uno de los tipos es el de los delitos contra la seguridad exterior y contra la seguridad interior del Estado.

Entre los primeros están: traición a la patria, sometimiento total o parcial de la nación a dominio extranjero, espionaje, actos hostiles (contra una potencia extranjera), sabotaje y otros. Entre los segundos: rebelión (en Bolivia “alzamientos armados contra la seguridad y soberanía del Estado”), concesión de facultades extraordinarias, atribuirse los derechos del pueblo y, uno muy mentado en el último tiempo, sedición.

El artículo 123 del Código Penal boliviano tipifica este delito, señalando que cometen sedición “(…) los que sin desconocer la autoridad del  Gobierno legalmente constituido, se alzaren públicamente y en abierta hostilidad, para deponer a algún funcionario o empleado público, impedir su posesión u oponerse al cumplimiento de leyes, decretos o resoluciones judiciales o administrativas, ejercer algún acto de odio o de venganza en la persona o bienes de alguna autoridad o de los particulares o trastornar o turbar de cualquier otro modo el orden público”.

Algunos códigos de otros países, tienen tipificaciones similares, otros no, pero la pena establecida para este delito en Bolivia (reclusión de uno a tres años) es baja en comparación con las establecidas en Chile, Perú, Nicaragua, Venezuela, Rusia o China (en estos cuatro últimos países la protesta popular, considerada sedición, ha sido objeto de severas restricciones).

La sedición (delito de mera actividad, no de resultado ni de peligro) está convenientemente tipificada y no es una medida de amedrentamiento contra la declaración de desafecto a un régimen. Quienes no están de acuerdo con un Gobierno o quienes se organizan para protestar en su contra, no son sediciosos; tampoco hubo sedición en la UCB, en ocasión de las reuniones realizadas en ella para encontrar una salida pacífica a la crisis de noviembre de 2019.

Este delito ya se encontraba tipificado en el Código Penal Santa Cruz (1834), ocupaba un capítulo entero, de nueve artículos, y las penas eran mayores a las actuales. No es verdad que haya sido Banzer quien lo incluyó.

En estos días, cometen delito de sedición los que impiden a enfermos con coronavirus acceder a hospitales y amenazan con quemarlos o encarcelarlos, mientras resuenan los ecos de la amenaza “vamos a cercar las ciudades, a ver si aguantan”, que intentó luego materializarse.

Del mismo modo que nadie se convierte en físico por haber recibido una descarga eléctrica, ni en médico por haber padecido alguna enfermedad, tampoco se convierte en abogado por saber leer y escribir o por haber redactado alguna vez un estatuto. 

Por el bien de todos, debería escribirse con propiedad y no tener como fuente única Wikipedia, aunque  -claro- los derechos a la libertad de pensamiento y de expresión, deben siempre ejercerse.

Carlos Derpic es abogado.

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