Juan Antonio Morales

No faltan manuales para perfectos idiotas perdidos

lunes, 2 de marzo de 2020 · 00:22

Hace algunos años P. A. Mendoza, C. Montaner y A. Vargas Llosa (h)  publicaron el divertido libro El Manual del perfecto idiota latinoamericano, en el que  satirizaban a los políticos e intelectuales de izquierda de nuestra América y también a algunos intelectuales europeos. Gonzalo Chávez en su columna de Página Siete (23/2/2020) hace notar que la idiotización de la economía no es monopolio de la izquierda: la hay también entre los ultraneoliberales. 

Los extremistas del neoliberalismo nunca habían desaparecido y estaban solamente de parranda, como dice la canción. En los Estados Unidos se tenía a los congresistas republicanos del Tea Party, a los que Trump con su neoproteccionismo (idiota) los ha debido dejar desconcertados. Internacionalmente se tiene también la capilla del Mount Pelerin que congrega a los creyentes de fe intachable en las bondades del libre mercado. 

La descripción de Gonzalo Chávez de las posiciones de los ultristas neoliberales (los fundamentalistas del mercado, como los llama J. Stiglitz) es correcta, salvo en su afirmación de que son proponentes de la devaluación. 

Muy al contrario, los fundamentalistas de mercado (y también el exministro Arce Catacora en sus momentos neoliberales) son partidarios de un retorno al patrón oro, que es el tipo de cambio fijo por excelencia. Lo único que  valdría en este mundo sería el oro (creencia compartida por Rusia y China, que han hecho subir su precio actual a la estratosfera) y las monedas nacionales deberían fijarse en una relación constante con el vil metal. 

Además, su añoranza  no es sólo por el patrón oro, sino porque se vuelva a los tiempos en que los bancos privados emitían sus propios billetes.

Según los fundamentalistas, los bancos centrales, que tienen el monopolio de la emisión y que están al servicio de gobiernos incontinentes, son una invención del demonio y serían los culpables de los episodios inflacionarios que han afectado a la humanidad.  Por lo tanto se los debería  cerrar. 

Volviendo al patrón oro, como el oro existe en cantidades limitadas, no habría el peligro de una expansión monetaria exagerada. Los gobiernos no podrían prestarse de los bancos privados tan fácilmente como de sus bancos centrales y si lo hicieran sería con intereses de mercado.  Nuestros ultraliberales quisieran regresar a los antiguos billetes, como se los puede conseguir todavía en  la calle Sagárnaga.

Para lamento de los nostálgicos,  con cambios en la tecnología ni siquiera serían los bancos los emisores de moneda, sino las compañías de informática. Las emisiones serían de bitcoins y otras monedas virtuales similares. Facebook tenía previsto sacar su propia moneda, el Libra, pero ha sido impedido de hacerlo por las autoridades monetarias y los reguladores financieros. 

El patrón oro y la libertad de emitir sus propios billetes a los bancos no impidió las grandes crisis financieras del siglo XIX y de la primera década del siglo XX. Es por esa razón que emergieron los bancos centrales. Si hay desequilibrios macroeconómicos persistentes, con  el tipo de cambio fijo la inflación tarda pero llega; peor aún, ha estado históricamente entre las causas de inestabilidad financiera.

Durante la Gran Depresión de principios del siglo pasado, los países industrializados suspendieron el patrón oro para operaciones internas, nosotros lo hicimos durante la Guerra del Chaco. Después, en los años 70, los países grandes lo suspendieron para operaciones internacionales y dejaron que las monedas flotaran  entre ellas. Tampoco dejan que  los bancos privados emitan dinero y las monedas virtuales no han pasado de ser burbujas.

La mayor parte de los países y no por ser neoliberales han adoptado el sistema cambiario de flotación. En nuestra América del Sur los tipos de cambio fijo son la excepción. Parafraseando al gran economista inglés Keynes, que decía que el oro es una reliquia barbárica, se podría  decir lo mismo del sistema de tipo de cambio fijo.  Creo que ya es hora de que en el país se piense seriamente en flexibilizar ordenadamente el tipo de cambio.

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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