Loreto Correa

Una respuesta desde Chile al “Caso Silala, no todo está perdido”

lunes, 2 de marzo de 2020 · 00:22

Una de las más lamentables herencias de la era Morales ha sido la conducción de la política exterior. Tanto por la desarticulación de la Cancillería boliviana, como por la judicialización de la política exterior respecto de Chile.

Desde una mirada chilena, la incorporación de un articulado completo dedicado al tema marítimo, sumado al de las aguas en la Constitución de 2009, la creación de Diremar y de la Ley 320 de diciembre de 2012, que busca resguardar los temas del Silala, en nada han contribuido a la definición de una política de Estado exitosa con Chile. 

La doctrina del todo o nada con Chile debe terminar. Bolivia ha perdido de manera estrepitosa un pleito por la obligación de negociar y, al margen de cualquier resultado respecto del Silala, es suficiente. 

Todos los puntos de su demanda, dirigida y orquestada por una animadversión constante desde el Ejecutivo y desatada por la administración anterior, no tienen parangón en la historia boliviana y fueron rechazados. 

Tampoco ha sido el deseo de Chile realizar una demanda porque sí hacia Bolivia; fue el resultado directo del hostigamiento constante de Morales y de un séquito, que ha profitado durante años con el amor patrio de los bolivianos. Esto también debe terminar.

Pocos asuntos han sido tan ventilados como el tema marítimo, pero desde   2016, también han entrado en esta esfera la disputa del Silala, sobre lo cual resultan importantes algunas precisiones a las omisiones de la columna del domingo 23 de Andrés Guzmán, cuya pugnacidad con Chile no asombra, sino que forma parte de una constante en sus escritos referidos a las relaciones entre ambos Estados. 

Los hechos. Chile ha hecho uso de las aguas del Silala, que escurren desde Bolivia como país arriba. Ahora bien, ¿qué se ha hecho en Bolivia con estas aguas? Abastecer un puesto militar y ver fracasar en la primera década del siglo XXI, las dos iniciativas de Evo Morales: una embotelladora y una planta piscícola. En suma, nada. 

De querer usarlas, Bolivia tendría que bombear las aguas, dar vuelta la orientación de los cerros y rescatar el recurso hídrico, todo eso para una escasa población cercana al Silala, que dista 80 kilómetros del lugar.

Segundo tema. ¿Qué quiere el señor Guzmán con su propuesta? ¿Un estudio para ver cuánta agua puede escurrir sin los canales? ¿Presentó Bolivia este estudio en el juicio? ¿Se pidió acaso una compensación de más de 100 años a la Corte por el uso de las aguas en la contrademanda?

Guzmán presenta una opinión en línea con la conducta de la política exterior de Evo Morales: o hacen lo que yo quiero, o destruyo los canales del río Silala. La pugnacidad de las reflexiones del señor Guzmán, sin duda, forman parte de una política exterior de la cual ya hemos tenido suficiente. Su preocupación por las aguas del Silala no la trasluce Andrés Guzmán por las aguas del Mauri o el Uchusuma, dos cursos importantísimos que, naciendo en Perú, fluyen secos o con escasos volúmenes de agua a Bolivia por desviaciones artificiales hacia la costa peruana

Tercer punto, la alucinación del columnista, la de su conclusión: “Una vez que se establezcan esos porcentajes, se podrá definir cuánto le deben a Bolivia los beneficiarios de las aguas por los más de 100 años de uso no autorizado, tanto de la parte artificial como de la parte natural que excede lo que le corresponde a Chile.” 

La demanda es de Chile a Bolivia, y que Chile sepa, la contrademanda no fue de Bolivia a Codelco (porque eso sería materia de otros tribunales). Entonces, ¿qué se pretende? Seguir confundiendo a los bolivianos. 

Las recientes declaraciones de Bolivia en torno a que el gobierno de Evo Morales habría instrumentalizado la política exterior boliviana  y le habría mentido al país en estas materias quedaron subrayadas en los 13 años perdidos de progreso y desarrollo en las relaciones entre nuestros países. 

Lamentable es que esto haya ocurrido, además, con la complicidad de varios analistas bolivianos, período en el que se catequizó a una generación completa contra Chile. 

Es suficiente. No es la tónica de la nueva Bolivia, aquella que emerge orgullosa desde las pititas y su lucha democrática. Tampoco es la disposición de Chile para construir una agenda moderna que permita el desarrollo de nuestros dos países. 

Loreto Correa es historiadora e integrante del Grupo de Reflexión de Chile y Bolivia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

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