María Teresa Nogales

La salida más fácil

sábado, 21 de marzo de 2020 · 00:09

El año pasado, el exministro Arce Catacora nos decía que la canasta familiar tenía un valor de 100 bolivianos. Hoy, el ministro Parada nos dice que Bolivia produce el 90% de los alimentos que se consumen en el territorio nacional. Me pregunto, ¿cuándo será la última vez que estas autoridades plurinacionales visitaron un mercado?

En los años que viene trabajando Fundación Alternativas hemos tenido la oportunidad de estudiar y conocer de primera mano la realidad por la que está atravesando la agricultura campesino-familiar. Así también hemos visitado mercados de distintos centros urbanos para observar de dónde provienen nuestros alimentos. Este trabajo de campo nos ha permitido dialogar en persona y de cerca con múltiples actores de la cadena alimentaria quienes, desde el desempeño de sus distintas funciones, nos comentan, con mucho pesar, que hoy se comercializan más alimentos importados que nunca.

 Ciertamente, cualquier ciudadano puede confirmar la veracidad de estos testimonios si se toma unos minutos para observar el etiquetado de las cajas y cartones en las que vienen empaquetadas las frutas y hortalizas. 

Supongo que los ministros referidos podrían decir que no nos podemos basar en las percepciones recogidas mediante un trabajo de campo o las observaciones que hemos podido realizar en nuestras caminatas por múltiples mercados de diferentes ciudades del país. Por ello hago notar que mi trabajo y el de todo el equipo de profesionales que me apoyan se complementa de manera permanente mediante la conducción de investigación sobre el estado de situación de nuestros sistemas alimentarios. 

Sin duda, existen respetadas entidades de investigación, académicos y profesionales que también vienen estudiando la realidad productiva de nuestro país. Y estas fuentes, ¿qué nos dicen? Dicen y demuestran que Bolivia ha optado por un modelo agrario que gira en torno al agroextractivismo y la producción de soya destinada a la exportación. Todo ello, en perjuicio de la producción de alimentos  básicos para consumo interno (Fundación Tierra, por ejemplo). 

Y este modelo nos ha obligado a recurrir a la importación de alimentos. Así es. Y los datos nos muestran que entre 2006 y 2018 se registró un incremento en las importaciones de alimentos en un 172%, por un valor que supera los 600 millones de dólares anuales (Fundación Jubileo, por ejemplo). Importante resaltar que en gran medida e irónicamente, los alimentos que se importan se producen en el país.

En este contexto, reiteramos nuestro pedido a las autoridades, de tomar las previsiones necesarias de prever por el abastecimiento en tiempos de contingencia con la participación y representación sectorial que demanda la envergadura de la situación actual. Este es un momento de dialogar, planificar y sumar esfuerzos.

 Este es un momento en el que las experiencias y las destrezas de los múltiples actores de nuestros sistemas alimentarios pueden garantizar la llegada de suficientes alimentos a nuestros hogares. Dejemos de optar por el discurso basado en datos engañosos que siempre parecen ser la salida más fácil.

María Teresa Nogales es politóloga y directora ejecutiva de Fundación Alternativas. 

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