Carlos Juan Antonio Toro Torres

Cuando el miedo nos cambió, coronavirus-19

miércoles, 25 de marzo de 2020 · 06:28

Carlos Juan Antonio Toro Torres

Cuando el miedo nos cambió -nos está cambiando, más exactamente- hemos hecho muchas cosas que me dejan pensando, unas, muchas tal vez, que no comprendo. Entonces veamos algunas reflexiones sueltas hasta incoherentes, disparatadas, dirán algunos acerca de la situación actual con el coronavirus y las disposiciones para frenarlo y el pánico mundial, pero que también nos ponen a pensar y ojalá a actuar.

Mientras algunos nos quedamos encerrados cumpliendo la cuarentena, los empleados domésticos, celadores, mantenimiento, aseo, corren riesgo al recorrer la ciudad para venir a servirnos y mantener funcionando nuestro hogar. Igual quienes mantienen los servicios públicos, bancos, supermercados, empresas y demás, corren el mismo riesgo. A todos ellos debemos mucho, mucho. Sé de medidas adoptadas por condominios para mitigarles el riesgo, muy bien.

Mientras algunos tenemos todavía el dinero suficiente para comprar alimentos, se ha desatado una alza importante de los productos en las tiendas de barrio, haciendo que a los que tienen apenas el dinero para subsistir mensualmente, ya les quede corto, francamente corto. Mientras a algunos nos seguirá llegando el salario o la pensión, muchos no podrán hacer su sustento diario (moto taxis, ventas ambulantes, servicios callejeros, etcétera). La economía informal cae. ¿Estamos haciendo lo que está a nuestro alcance para paliar esta situación? ¿Estamos siendo suficientemente solidarios? Mercados es lo mínimo que podemos repartir.

Un amigo me decía que estadísticamente el número de casos y de muertos es insignificante si miramos la población mundial, yo le digo que sí, estadísticamente puede ser insignificante -por ahora-, pero para quien sufre la muerte del familiar lo es todo, todo.

Las muertes por el virus han sido mínimas si las comparamos con las muertes por accidentes automovilísticos, por homicidios, ni qué decir de las drogas u otras situaciones sociales, ante las cuales nunca reaccionamos con la misma vehemencia, siendo mucho más graves humanamente hablando. Nos hemos acostumbrado a ellas, qué tristeza. Que sirva el virus para llamarnos la atención sobre estas otras circunstancias y cambiar nuestro quehacer sobre ellas, ser creativos en el manejo de ellas de ahora en adelante. El virus no se trata sólo de él, se trata de cómo nos relacionamos en global.

El sentirse vulnerable, el sentir que no se sabe cuándo y dónde aparecerá el enemigo, en este caso el virus, creo que es lo que más miedo produce y permite que se radique profundamente en nuestro ser. Usemos el miedo para interiorizarnos, para mirar que la misma situación externa sucede a nuestro interior. Somos espejo.

El miedo produce necesariamente enfermedad en el cuerpo, en la mente y en lo social, más allá de la del virus mismo. Quisiera saber que tanto se han aumentado los infartos, los derrames, el asma, el descontrol de la diabetes, la cefalea por estrés y otras muchas enfermedades a raíz todo de lo que produce el miedo en el cuerpo. Quisiera saber qué pasa con las enfermedades que se agravan y llevan más rápido a la muerte por la falta de atención médica que queda diferida a raíz del virus. No las olvidemos, la humanidad tiene suficientes recursos para lidiar con todo, es cuestión de compartir.

Finalmente, el virus  no desaparece, eso es una certeza de la naturaleza, por tanto aprendamos rápido para hacer lo mejor no a 15 días, sino a uno a dos años por lo menos, no de epidemia, sino de contagio a menor nivel.

El miedo entonces habrá servido para ver nuestra vulnerabilidad; la conexión entre todos, somos uno; las fronteras físicas que no aíslan; la solidaridad con quienes sufrieron hambre; rescatar valores  y priorizar lo importante sobre lo urgente. Cada cual puede añadir para que le está sirviendo.

Carlos Juan Antonio Toro Torres es médico fisiatra.

 Medicina del alma

 

 

 

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