Cathia Rodríguez Clavijo

Crónica de un viaje transatlántico en BOA

martes, 3 de marzo de 2020 · 00:10

España, aeropuerto de Barajas. Camino hacia la puerta de embarque de BOA para viajar a La Paz, Bolivia. El tramo de París a Madrid lo hice con una compañía  europea y todo marchó sin sorpresas;  frente al mostrador de la aerolínea estaban ordenadas las filas de pasajeros de acuerdo con  los cuatro grupos señalados en el pasaje y el abordaje fue ordenado. Durante el viaje se vendieron bebidas y bocadillos, tal como se advertía en la página de reservas en internet.

En el mostrador de Boliviana de Aviación también hay los marcadores de grupos para el abordaje... pero están arrinconados, y al lado los pasajeros, formados en dos filas. Pregunto cómo es la organización y un señor me dice: “Aquí, del uno al 20 y allá todos los demás”. 

Hago fila. Durante la espera me entero de las estrategias para llevar sobrepeso pagando menos. “Tuve que rehacer las maletas y reunir los siete kilos extra en una sola, pues por uno o nueve kilos se pagan 35 euros”, le cuenta una señora a otra. 

Llegado el momento de abordar, un funcionario de la compañía explica que estamos mal formados y comienzan los cambios de una fila a otra; unas señoras corren y otro pasajero protesta: “¡Por qué corren si son asientos numerados!”. La aludida responde: “Es que los buzones se llenan...”. El funcionario grita: “¡Todos con pasaportes abiertos en la fotografía!”. Ordenados, como soldados, finalmente abordamos.

Ya en la aeronave, un pasajero lamenta que no hay pantallas y el viaje es largo. La azafata nos dice que debimos descargar la app de la aerolínea para disfrutar del entretenimiento, no lo advirtieron y ya es tarde para eso. Además, no hay enchufes para cargar el celular. Decido cuidar mi batería. No importa, leeré y dormiré.

Comienza  la clásica demostración de las medidas de seguridad y al final la voz de la aerolínea nos hace una advertencia: Cuidado con la trombo… no sé qué. Nos dicen que al estar muchas horas sentados hay peligro de que se formen coágulos en nuestras piernas y el resultado sería mortal, y que para prevenir debemos hacer ciertos ejercicios y masajes...

Estoy desconcertada, ya es tarde para abortar el viaje, sólo queda correr el riesgo.

Para dejar de pensar en los posibles coágulos tomo la revista de la compañía, Destinos, a todo color, en inglés y español. Una de las primeras fotos es la del gerente de BOA sonriente en medio de los asientos de la cabina y un mensaje en el cual nos informa sobre los millones a invertir y objetivos a alcanzar en 2020. 

Más adelante otro mensaje de la aerolínea anunciando un ahorro de un millón y medio de bolivianos en catering: no servirán bebidas ni bocadillos sólidos en viajes nacionales. Me parece de mal gusto presentarse ante pasajeros de todo el mundo como la aerolínea que ahorra eliminando refrescos y maní. 

Sigo hojeando Destinos y en las páginas finales encuentro más mensajes oficiales. Una fotografía del nuevo edificio de BOA en página entera y en la siguiente otra vez el gerente acompañado ahora del Ministro de Obras Públicas, posando en la inauguración del edificio. 

Al reverso, por tercera vez, foto del gerente y la segunda aparición del  ministro, junto a otros personajes durante el mismo acto inaugural, y, por si alguien no vio el edificio en plana completa, una segunda foto de la nueva sede de BOA.

Las demás páginas están dedicadas a publicidad y lugares para visitar en Brasil, Argentina, España, Estados Unidos y Bolivia. El broche de oro está en las páginas centrales: San Joaquín “la Perla del Beni, tierra presidencial...”.

Tanto ahorrar en bocadillos para luego derrochar tinta pagada por los bolivianos en fotos de las autoridades y promoción de la Presidenta y su tierra.

Un nuevo anuncio me devuelve a la realidad de la cabina: “Quienes quieran el servicio de cena bajen sus mesas”. Hago caso y cierro la revista, no quiero perder la comida por algún malentendido

Tras la cena, de calidad adecuada, se apagan las luces. A tientas busco encima de mi cabeza el interruptor de luz individual para continuar la lectura... no lo encuentro, ¡no hay luz!

Veo que algunos viajeros utilizan sus celulares para iluminar la lectura, yo no lo puedo hacer porque no tengo suficiente batería y, recordemos, no hay enchufes. Sólo me queda dormir, la frazadita es agradable y grande. Espero no soñar con el edificio de BOA, las autoridades, la tierra presidencial, los bocadillos eliminados o una posible muerte por trombo… no sé qué.

Cathia Rodríguez Clavijo es periodista.
 

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