Lupe Andrade Salmón

Las matemáticas no mienten... los seres humanos sí

miércoles, 4 de marzo de 2020 · 01:10

Queridos lectores amigos: escribo una columna poco usual, en mi caso.  Estoy enojada y triste.  Quiero lanzar epítetos o piedras verbales, de esas que nunca pude poner en papel, ni decir en voz alta, porque el tiempo apremia y los días pasan en forma despiadada.  Pero hoy, antes de soltar los espumarajos, les recuerdo que las matemáticas no mienten, aunque los humanos sí, incluyendo candidatos y asesores políticos.  

Esto es tristemente cierto, sobre todo cuando el candidato se ve rodeado de quienes buscan pegas futuras, y le ocultan la verdad, o por lo menos, la tiñen de colores incitantes.  Barrientos, de vicepresidente, le juraba lealtad a Paz Estenssoro un día antes de tumbarlo de la silla.  Ovando le juraba lealtad a Barrientos antes de tomar su lugar.  Pereda era el hombre de confianza de Banzer hasta que logró golpearlo.  Los humanos somos complejos, poco confiables y las ambiciones brotan por todos lados en forma impredecible.  Lo único en que uno puede apoyarse sin temor de engaño son los números, porque, como dije, las matemáticas no mienten. 

Tenemos, al parecer, ocho candidatos para dentro de dos meses.  Quizás para mañana, día en que se publica esta columna, sean menos, pero no lo creo.  ¡Es una locura! ¿Ocho? El único partido que puede ganar así, riéndose a mandíbula batiente, es el MAS, que suma más votos con cada metida de pata de los ambiciosos y codiciosos que luchan entre sí, restando todo sin sumar nada.  

Puedo dar ejemplos ¿Dónde están hoy el coraje y la valentía de Macho Camacho con su Biblia?  Le recomiendo que lea Proverbios 11:2 “con la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes... está la sabiduría”.  Sus ocho o nueve puntos porcentuales jamás le darán la victoria, pero pueden ayudar a luchar por una Bolivia renovada.  Camacho es joven y tiene futuro propio... no debería poner el futuro de Bolivia en juego simplemente por terquedad.  

Tuto es inteligente y capaz con un gran plan de gobierno, pero tristemente no convoca a nadie; Chi no puede pasar de su votación evangélica, que sólo sirve para restar, no sumar.  Jeanine Añez aseguró con soltura que no sería candidata y luego se dejó tentar por la silla y los pilares de cemento.  ¿Será que podremos confiar en ella en el futuro si pudo ser tan fácilmente cambiante? 

Para que mayo no sea mero circo, esta carrera de caballos debería ser de dos jinetes, nada más.  Tres caballos, es decir partidos en carrera, significa victoria anunciada para el MAS.  Si eso quieren (o han negociado) algunos candidatos, que sobre sus cabezas caiga el oprobio.  Si pudieran ser dos caballos, uno azul y otro verde esperanza, entonces habría posibilidad de vencer, si no en la primera votación, en la segunda vuelta.  Si son tres en la pista... mejor irse a casita y rezar, porque la votación dividida significará victoria del MAS, sin más ni más.   

Tienen que ser sólo dos caballos, amigos, sólo dos opciones: más del MAS o la renovada Bolivia, por la cual han luchado las pititas, los jóvenes, los profesionales, los pensadores, las mujeres y los valientes policías que con el retorno del antiguo régimen se verán destrozados.  Si son dos caballos, es decir Arce y uno más, es posible vencer.  

Mirando las encuestas, se puede saber quién es el segundo... y unificar toda la oposición en el voto.  Si entran tres, o cuatro, o los ocho de locura, será mejor ponerse poncho azul y caminar hasta El Alto para darle la bienvenida a Evo.  

Quizás eso no sea lo peor para el país.  No soy profetisa.  Solamente sé que los números no mienten, y que los egos y vanidades son enemigos de la realidad.  El 3 de mayo quisiera ir a votar alegremente por un candidato posible, no arrastrar mis pies hacia lo inevitable, por culpa de vanidades, egoísmos, codicias y rencores que empequeñecen.  

Estoy triste y enojada hoy, cierto, pero si este oscuro vaticinio se cumple estaré desolada y furiosa con la pequeñez de quienes hablan de una patria grande y hermosa, sin pensar en cómo construirla con trabajo de verdad, con paciencia y honestidad, con sacrificio personal y amor a los demás y no sólo al ego.  Es posible actuar con cordura.  Lo es.  Es posible ser grande y generoso.  ¿O estaré delirando?

 
Lupe Andrade es periodista.

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