Jhanisse Vaca Daza

Una por otra

miércoles, 4 de marzo de 2020 · 01:12

Sin el proceso de aprendizaje que se da cuando ciudadanos se organizan en defensa de una causa a través de la no violencia, la creación de una nueva organización y cultura política se convierte simplemente en el reemplazo de una élite por otra. Es por eso que activistas de no violencia en Bolivia, que no somos muchos, hemos enfrentado estos últimos años el reto de llevar el activismo más allá de las redes sociales. 

Los procesos de entrenamiento, negociación, movilización y protesta en la calle que implican una interacción personal entre los miembros del movimiento crean valores de convivencia democrática en todos los participantes que no se dan, por ejemplo, cuando el ciudadano simplemente es bombardeado con propaganda política en época electoral. Ahí está la importancia de la vigencia de los movimientos ciudadanos en esta época de transición hacia un orden democrático pleno, que puede fracasar si los partidos, prensa, plataformas ciudadanas y otros sectores de la sociedad no entienden y ejercen su rol.

La experiencia de reemplazar una élite por otra no es novedad en nuestra historia: uno de los motivos por los que el MAS subió al poder fue el cansancio de parte de la población boliviana con la democracia pactada, que poco o nada respondía a las necesidades de las minorías o grupos indígenas del país. Creer que antes de Morales teníamos una democracia perfecta es iluso hasta para mi generación.

 Como ya sabemos, tampoco hubo el cambio esperado durante el autoritarismo de Morales, se cambió una élite por otra, tan corrupta y machista como la anterior, que se aprovechó de los logros del movimiento indígena en el país para después traicionarlo. Esta traición ha costado mucho a los movimientos sociales que apoyaron al MAS en sus inicios. 

No creo que estemos condenados a repetir la historia necesariamente, pero me preocupa lo que se ve en esta época electoral. Creo mucho en el empoderamiento ciudadano, en el hecho de que somos nosotros quienes tenemos la última palabra, pero también podemos tener el último silencio. 

En esta época de transición, ser crítico al gobierno de Jeanine Añez, a las candidaturas de Camacho, Mesa, Quiroga, o quien toque, no es ser “desleal” a quienes jugaron un rol en las movilizaciones del año pasado; todo lo contrario, la sociedad civil debe mostrar su lealtad a los valores democráticos, criticando cualquier acción que no se alinee con ellos, venga de quién venga. 

Quienes decidieron ser gobierno o candidatos deben mostrar su capacidad de liderazgo escuchando las críticas y mínimamente intentando entenderlas y debatirlas. La narrativa de “yo saqué a Evo Morales”, por sí sola, es tan ciega como la de “Evo es pueblo”. 

Quienes estudiamos no violencia hemos visto, en casos como el de Egipto o las Maldivas, que el momento en que la ciudadanía vuelve a casa y deja de involucrarse en el periodo de transición es cuando más peligra la lucha por la democracia. Por eso quienes hoy son líderes políticos deberían estar agradecidos y felices de que la ciudadanía les pida explicaciones por cualquier inquietud, desde una valla con una frase dogmática, hasta por la ausencia de candidatos en los debates. 

En la medida en que nosotros, los ciudadanos de a pie, tengamos espacios para interpelar al poder y participar en acciones de fiscalización, el gobierno y los líderes políticos pueden decir que participamos en un proceso democrático. El momento en que las narrativas se radicalizan y se silencian las críticas comienza el autoritarismo. Nuestra libertad es la que genera su legitimidad.  Las críticas de la ciudadanía en este periodo electoral deberían ser recibidas con aplausos. Caso contrario, estaremos cayendo nuevamente en reemplazar una élite por otra, sin haber tocado los problemas de fondo del país.

 
Jhanisse Vaca Daza es activista de derechos humanos y noviolencia, cofundadora de Ríos de Pie.

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