Marihela Ximena Valdés Romero

Caso Banco Unión: injusticia de la justicia boliviana y consecuencias

viernes, 6 de marzo de 2020 · 01:09

Durante toda tu vida dedicas tus días a vivir el hoy intensamente proyectándolo en mañana. Cada acción la destinas a alcanzar tus sueños; cada paso que das es importante porque de ello dependerá lo que vivas en el futuro. 

Te dedicas a estudiar en el colegio y luego en la universidad, tratando de ser un buen alumno, hacer deporte, dar satisfacciones a las personas importantes en tu vida, buscar esa pareja con quien formarás un hogar y que te acompañará en este camino hasta lo inevitable. A mucho trabajo y mucha insistencia logras cada meta programada: tienes un buen trabajo, una excelente familia, buenos amigos, y lindos hijos. Piensas, ¡lo estoy logrando!, aunque no todo haya sido sencillo, aunque en el camino te dejaron personas importantes, cumpliendo la ley de la vida. No todo fue color de rosa, pero… ¡lo estás haciendo!

Estás viviendo lo más cercano a la meta trazada, cuando, de repente, irrumpe en tu vida algo que no habías imaginado, que ninguna de tus peores pesadillas podría siquiera aproximarse. Te ves envuelto(a) en un problema que jamás pensaste afrontar.

En tu trabajo, ese que considerabas tu orgullo y tu casa, contribuyendo activamente a lograr los objetivos de esa organización, alguien comete un delito. El delito es de magnitud, los funcionarios de alto rango se desesperan, la opinión pública, el Gobierno y políticos juzgan, critican y buscan culpables.

Los ejecutivos de tu organización te denuncian como parte del grupo que cometió el delito, sin haber participado  en  él, sin que alguna vez se te haya cruzado por la cabeza realizar algún acto de esa naturaleza; ahora debes vivir una realidad dura, incierta y desesperante.

Las autoridades del Ministerio Público deciden aceptar la denuncia sin pruebas contundentes. Son serviles al Gobierno. Injustamente te detienen. Sin siquiera citarte a declarar, ya tienes  tu orden de detención firmada antes de emitir incluso tu declaración. Te llevan ante un juez para dar curso a la audiencia de medidas cautelares, ante el miedo que sientes, el pánico que ves en la mirada de tus seres queridos. Al término de esa audiencia escuchas, como en penumbras, y como si estuvieras flotando, la decisión del juez de que debes ser detenido(a) en una cárcel. 

Tus piernas no te responden, vienen a tu cabeza miles de ideas, desde las más absurdas hasta las más radicales; no entiendes que está pasando, pero estás esposado(a).

De repente estás en la cárcel, viviendo la dureza que significa estar en un lugar donde la hostilidad te ronda día a día, en un hacinamiento total. Pasas necesidades, te desespera el factor económico porque no sabes cómo pagarás abogados, deudas que contrajiste. Vives angustiado(a) por lo incierto del bienestar de tus hijos: si comen, si están estudiando, etcétera,  y te duele tanto que no sabes si podrás resistir. 

A nadie, a ninguna autoridad, le importa depositarte y olvidarte en lo que muchos llaman “el mundo de los muertos vivientes”. Sin embargo, la Fiscalía y los jueces que hablan tanto  de “la verdad histórica de los hechos” no la buscan. Lo que quieren es justificar la injusticia que cometieron, pero, por sobre todo, buscan quedar bien con las autoridades, dejándote destrozado(a), anulado(a),  sin posibilidades de defenderte ni de alcanzar otra medida menos dolorosa que estar encerrado en la cárcel o detenido mientras se investiga el delito y demuestras que eres inocente.

En Bolivia no se respeta el principio de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. No existe la presunción de inocencia. Prima el eres culpable hasta que demuestres lo contrario y hasta cuando lo decidan los poderosos. En carne y vivencia propia puedo asegurar que son sólo palabras escritas en un papel; mientras la cruda realidad es que fue muy fácil denunciar a alguien sin pruebas, meterla a la cárcel, hundirla, anularla como persona y como profesional. ¿Salir de todo esto? Resulta realmente imposible.

Si viviríamos en un Estado en el que realmente prima la justicia, primero se indagaría, se evaluarían las pruebas y se cumplirían fielmente los pasos procesales penales, investigando a fondo, antes de, irresponsablemente, destruir a personas que honestamente luchaban por cumplir consigo mismas.

¿El recuento de los daños? Muchísimos: salud deteriorada, parejas separadas, familias dispersadas, hijos traumados, carencias económicas, dolor,  mucho dolor…

Pero, ¿por qué todavía estamos de pie y mantenemos viva la esperanza? Porque existe alguien que sostiene nuestra mano derecha y nos dice: "No temas, yo te ayudo". Porque nuestra confianza está puesta en su justicia, en su misericordia y por su gracia, aún nos quedan fuerzas para seguir adelante. “El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos”, Salmo 18:24.

“¿Quién es Dios, si no el Señor? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios? Es él quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas; adiestra mis manos para la batalla y mis brazos para tensar arcos de bronce”, Salmo 18:31,34. Gracias amado Señor…

Marihela Ximena Valdés Romero fue procesada sin evidencias por el caso Pari  del Banco Unión.

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