Rolando Kempff Bacigalupo

Cuarta revolución: adaptarse o desaparecer

sábado, 7 de marzo de 2020 · 01:15

Vivimos tiempos en los que todo está cambiando respecto a cómo lo hacíamos antes. Como se dijo en el reciente Foro Económico Mundial y Al-Invest 5.0: más allá de una era de cambio, lo que ocurre puede considerarse un cambio de era. En este contexto, las empresas que no sepan entender el cambio y hacer drásticos esfuerzos para adaptarse, simplemente desaparecerán.

La cuarta revolución industrial llega con la inteligencia artificial, que cambiará todo lo que conocemos ahora en salud, educación, agricultura, digitalización y la industria, sólo por citar algunas actividades. 

Nunca en la historia hemos enfrentado un proceso disruptivo de tanta envergadura y tan rápido: Uber, la compañía de taxis más grande del mundo, no posee vehículos; Facebook, el propietario de medios más popular, no crea contenido; Alibaba, el mayorista más valioso, no tiene inventario, y Air bnb, el mayor proveedor de alojamiento, no posee ninguna propiedad. 

El conocimiento genera riqueza y se transforma en un valor que puede ser parte del comercio internacional y es parte de la cuarta revolución industrial.

El cambio de paradigma hacia la producción y consumo sustentable es la economía circular. Las empresas que usan el enfoque evolutivo, como las automotrices tradicionales que sólo buscan hacer un mejor auto, corren el riesgo de quebrar porque las compañías tecnológicas (Tesla, Google, Apple) fabrican computadoras con ruedas (carros eléctricos autónomos) porque tienen un enfoque revolucionario.

El software cambia la forma de las industrias tradicionales y de muchas profesiones; los jóvenes abogados de Estados Unidos ya no consiguen trabajo porque IBM Watsonles ofrece asesoramiento legal, por ahora en temas básicos, o Watson Health, que está ayudando a diagnosticar cáncer con más precisión que profesionales humanos.

El nuevo paradigma también exige de los gobiernos (de todos los niveles) un cambio y adecuación para enfrentar nuevos y mayores retos (crisis de confianza en las instituciones o el acelerado incremento demográfico, presiones por falta de presupuesto y burocracia reflejada en falta de agilidad en la prestación de servicio).

No podemos olvidar que dentro de 30 años, más de  7.000 millones de personas estarán viviendo en ciudades, aumentando los problemas regulatorios y de atención de calidad a los habitantes de los centros urbanos. Los pocos recursos de los gobiernos hacen más difícil la administración. Así, por ejemplo, no tienen la capacidad para retener y contratar a profesionales calificados en innovación. 

Y esto se convierte en un círculo vicioso: encarar los viejos problemas sin posibilidad de contar con técnicas adecuadas y profesionales idóneos. Aquí surge la economía circular que busca reutilizar todos los factores de producción.

La mejor forma de encarar los retos que se vienen de mano con el avance tecnológico y adecuarse a los paradigmas del siglo XXI es una alianza entre el gobierno y el sector privado, que permitirá hacer realidad nuevos enfoques de cooperación y asociación.

El GovTech hará que el gobierno sea más eficiente y adopte las tecnologías más avanzadas para apoyar al sector privado de alto valor agregado, entendiendo que eficiencia, apertura y avance tecnológico no son metas, sino medios para adecuar a los gobiernos para que atienda las necesidades, exigencias y realidades del mundo actual. Hoy tenemos la oportunidad de exportar talento humano con originalidad e ingenio que nos permitan proveer servicios de alto valor agregado.

Bolivia debería promover la economía 4.0 y economía naranja con acuerdos público-privados, buscando generar una ley sobre el tema para promocionar y desarrollar el conocimiento. Podría generar servicios de exportación, el sector turístico, artístico, cinemateca, call center, videojuegos; generar empleos y, sobre todo, desarrollar software, servicios tecnológicos y convertir al país en exportador de servicios y talento.

 

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, empresario y presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Ph.D., miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

 

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