Evelyn Callapino

¿Perejil o cilantro?

miércoles, 22 de abril de 2020 · 00:12

En los días de cuarentena se ha visto la incrementación de hombres en los mercados de abastecimiento. Muchos medios de comunicación dieron cobertura a estos hechos con cierta sorpresa, incluso mostrando la opinión de muchas caseritas. La reacción en las redes sociales no dejó pasar desapercibida esta situación, pues la difusión de memes y vídeos con  un tinte de broma y sarcasmo dieron paso a muchas opiniones de la gente. 

Para algunos seguramente es algo normal, para muchos llega a ser algo nuevo.  La mayoría junto a un papelito en la mano se fueron inmiscuyendo a un territorio abarcado principalmente por mujeres. Estas bromas disfrazadas de inocencia y sorpresa nos devela los patrones que arrastra la sociedad basada en la asignación de roles de género predominante en Bolivia. Estas reacciones nos confirman que las labores de casa y el cuidado de los niños y niñas es algo que todavía está ligado principalmente con el género femenino. 

La forma en la que se tomó esta situación puede parecer inofensiva y hasta graciosa, sin embargo, trae un peso que llega a ser una limitación para el desenvolvimiento y crecimiento de las mujeres. Estas conductas muestran toda una estructura social donde la asignación de roles está naturalizada desde hace décadas. Un claro ejemplo es la diferenciación de juguetes, claramente hay una división; las ollitas, cocinitas, muñecas bebés, con un tinte rosado y delicado son para las niñas. Por el contrario, para los niños están los aviones, soldados, autos, tractores, ligados al color azul y a la fuerza. Por ende, este aspecto llega a ser fomentado por la sociedad en general, donde el cuidado de la casa principalmente recae en las mujeres. Usualmente los niños no juegan a ser papás o a las cocinitas, porque hay juguetes para mujercitas y hombrecitos. 

Esta situación que pareciera no tener importancia, llega a tener consecuencias en el desarrollo social fomentando las desigualdades. Las mujeres hemos logrado insertarnos en diferentes espacios como el educacional, el político, el laboral, lugares que en épocas pasadas eran restringidos. Los roles asignados por la estructura social ligados a nuestro género han implantado la doble jornada laboral porque se trabaja fuera de casa y dentro de ella, pero la segunda no es remunerada. Las mujeres dedican cuatro veces más tiempo que los hombres a labores domésticas, según ONU Mujeres (2017), lo cual llega a ser un techo de cristal fomentado por la sociedad, aspecto perjudicial para el género femenino. Estas se transforman en la brecha salarial, en informalidad laboral o incluso en no poder posicionarse en espacios jerárquicos de decisión relevantes ya sean gerenciales o políticos. Un ejemplo de ello en el campo  político es que de un total de 339 alcaldías solo el 8% es ocupado por mujeres (Coordinadora de la Mujer).

Algo que va acompañado al rol del cuidado de la casa y crianza de los niños y niñas es el carácter que se impone, que va relacionado con la sensibilidad, amabilidad, calidez y por el contrario a la figura varonil se le asigna una conducta dominante y de mayor estatus. Esto nos lleva a analizar las relaciones de poder y en consecuencia una segregación que posterga la igualdad de condiciones y oportunidades.

En la actualidad los esquemas están cambiando lentamente, instituciones como la ONU han establecido puntos centrales como el quinto objetivo de desarrollo sostenible, la Igualdad de Género. Son estándares que aún llega a ser un reto para la sociedad boliviana, pues las mujeres todavía tenemos un lugar subordinado. 

Estas cosas nos llevan a ver la realidad de la forma en la que están organizados los hogares bolivianos. Es necesario desmontar estos roles en la sociedad para que se pueda aportar al desarrollo de nuestro país. Es momento de romper estas estructuras y redistribuir las responsabilidades entre todos y todas las integrantes dentro las familias, no debería sorprendernos que los hombres estén en los mercados, es más bien un aspecto que debe normalizarse. 

Evelyn Callapino es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

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