Sonia Montaño Virreira

Mujeres: cuidando sin ser cuidadas

domingo, 26 de abril de 2020 · 00:11

La palabra pandemia ha pasado a formar parte del lenguaje cotidiano luego de la propagación del Covid19.  El 2006  en “El Estudio a fondo sobre todas las formas de violencia contra la mujer” del Secretario General de Naciones Unidas se hablaba  de pandemia para referirse a la violencia contra las mujeres.  Recientemente expertas y activistas han vuelto a llamar la atención sobre la intersección letal entre ambas pandemias, porque la cuarentena -que se ha mostrado eficaz para impedir la propagación del virus- puede incrementar los riesgos para la vida de muchas mujeres.  Por otro lado, la crisis sanitaria está visibilizando el papel de las mujeres como cuidadoras Mientras el virus  es más democrático, porque no discrimina, la violencia contra las mujeres sigue siendo machista.

Entre el 21 de marzo y el 5 de abril, se presentaron 246 denuncias de violencia intrafamiliar, un promedio de 22 casos por día; van treinta y cinco mujeres muertas a manos de sus parejas en lo que va del año y 43 violaciones desde el inicio la cuarentena. Bolivia figura sostenidamente entre los países de América Latina con las tasas más altas de feminicidio  y las cifras muestran que esta ocurre en todas las familias, grupos de edad, niveles educativos y de ingresos. La violencia contra las mujeres a pesar de su letalidad, ha pasado a formar parte del paisaje, se practica con un creciente ensañamiento alcanzando a mujeres y niñas de todas partes y aunque sobre ella sí se sabe mucho, no se ha logrado erradicarla.

En el Chapare se está mostrando el vínculo  entre narcotráfico y trata invisible aún  en las zonas de actividad económica detenidas por la pandemia. 

Desde marzo, mes en que estalló la pandemia del COVID19 hasta el momento de escribir este artículo,  han muerto  43 personas de un total de 703 casos identificados, la mayoría varones. La gente, en general, ha reaccionado con mucho miedo y responsabilidad frente a este enemigo invisible, cumpliendo la cuarentena, lo que no ocurre ante el número de muertas, violadas y maltratadas.  No  faltan los negacionistas, minoría peligrosa que cree que el virus es un invento que obtienen más atención que la mayoría silenciosa ante la violencia que tolera la impunidad.

La pandemia también ha iluminado  el papel central de las mujeres ante la crisis sanitaria y social. Las enfermeras en la primera línea de riesgo, atendiendo a los enfermos acompañando y a veces supliendo al personal médico donde también hay muchas mujeres. En el sistema de salud, aun se mantiene la estratificación donde directores y especialistas como los intensivistas son mayoritariamente hombres. Quizás porque a las mujeres les resulta difícil conciliar su trabajo profesional con la vida familiar o porque la selección de directores se hace por afinidad política.

Dentro de los hogares durante la cuarentena, las mujeres son fundamentales en el cuidado de las personas sanas, personas en riesgo y hasta de quienes son sospechosos de portar el virus. En algunos casos lo hacen acompañadas de empleadas  domésticas aunque ellas a su vez  enfrentan el riesgo del despido y la inseguridad laboral. En las calles, están muchas mujeres, productoras y vendedoras que mantienen el abastecimiento, en fin gracias a la micro economía precaria y feminizada.

Uno de los debates en torno al Covid19 plantea el dilema entre la vida, la salud y la economía. Bolivia ha optado por proteger la salud  adoptando medidas cuyos resultados hasta ahora son positivos habida cuenta de las desastrosas condiciones heredadas en  el sistema de salud. Escuchar las demandas de bioseguridad y mejor gestión de las trabajadoras en salud es prioritario.  El bono universal es probablemente la medida más interesante y debería pensarse como medida permanente para lograr mayor justicia social y autonomía económica de las mujeres que no logran un empleo y probablemente no lo conseguirán en el corto plazo. 

Las autoridades saben que el hogar, es para muchas mujeres una zona de alto riesgo, por eso  se requieren medidas para impedir que la convivencia con el agresor derive en muerte y abuso. Además de mejorar los medios de comunicación y denuncia, debe asegurarse que al primer indicio o amenaza de maltrato, los agresores sean trasladados a lugares alejados de la mujer, quizás a cumplir tareas socialmente necesarias hasta que tengan un debido proceso. El gobierno propuso poner pulseras electrónicas a los sospechosos de COVID, pero harían muy bien en  usar las mismas en los denunciados por agresión de cualquier tipo. Cuidado que por cuidar a otros, nos descuidemos de las cuidadoras.

Sonia Montaño Virreira es socióloga, miembro  del Colectivo Mujeres por la Democracia.

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