Jorge Patiño Sarcinelli

Girones de la vida en días de virus

sábado, 4 de abril de 2020 · 00:09

Ya estamos tan globalizados que este aspecto de la pandemia no nos sorprende. La humanidad está interconectada para bien y para mal; esta vez resultó ser para mal. Pero la pandemia del virus corona, para usar el nombre en castellano, además de global es integral; es decir, afecta todos los aspectos de nuestras vidas. Hagamos un recuento.

Esos peligrosos portadores

Los otros, es decir la sociedad en que vivimos, ya no está dividida entre pobres y ricos, masistas y neoliberales, cambas y collas sino entre infectados y no infectados. Todos son una amenaza potencial, de todos queremos al menos dos metros de distancia. El contacto humano, otrora tan importante para la convivencia y la felicidad, se ha convertido en acto peligroso. Vade retro, prójimo; que te quiero mucho, pero lejos.

Las horas que faltaban

Antes, el tiempo era lo que más nos faltaba, para todo. “No tengo tiempo” era la excusa universal para no leer, no ordenar papeles, no responder mensajes, no arreglar el bendito mueble. Ahora Cronos nos ha castigado dándonos un exceso de aquello que tanto decíamos que nos faltaba y la gente no sabe qué hacer con el regalo. Sin entretenimiento que alcance, nos damos cuenta de cuán importante sería poder meditar o simplemente charlar, inagotablemente conversar.

No hay mal que sin humor no venga

A falta de qué hacer la gente da rienda suelta a su creatividad inventando nuevos chistes o reciclando los viejos sobre nuevos temas. No hubiésemos creído que una tragedia mundial de estas proporciones podría ser objeto de humor. Entre las fugas del mal inevitable, el humor tiene ventajas obvias. “Para anticuerpo, el que me queda”, “Oficial, lléveme. Mi mujer dice que ella paga la multa” y otros.

De la tierra al cielo

En tiempos de incertidumbre y amenaza de muerte la gente busca consuelo en Dios. No dudo de que en estos días todos aquellos que tienen ese canal de comunicación con Él o la Virgen y los que creen en el poder de la oración tienen todas las líneas de comunicación con lo divino ocupadas. Ojalá que de eso resulte algo para nuestra patria desamparada.

Por el sí, por el no, el Papa rezó en solitario ante la inmensa plaza vacía de San Pedro y dio la indulgencia plenaria al mundo. La bendición permitirá a los más de 1.300 millones de católicos obtener el perdón de sus pecados y esperar el virus confesados.

La ilustración llega al pueblo

La pandemia ha obligado a la gente a adquirir conocimientos básicos de biología, medicina, epidemiología, geografía y matemática. Hace un par de semanas una frase como “En Bérgamo la pandemia del corona virus, que sigue creciendo exponencialmente a pesar del confinamiento, ha obligado a traer más respiradores” hubiera sido incomprensible para la mayoría. Ahora, casi no hay quién no sepa dónde queda Wuhan, qué pinta tiene el virus corona, qué quiere decir exponencial y que hay gente que come pangolines.

Las palabras pintan la realidad

Si comparáramos las palabras que más usamos hoy con las de enero, el vocabulario de hoy contiene términos que muchos no usábamos en años, o apenas, y que ahora son pan cotidiano. Naturalmente están virus y pandemia, contagio y propagación, confinamiento y cuarentena, mascarillas y respiradores; pero sobre todo ha crecido la popularidad de la más terrible de todas: “muerte”. Ocurre por miles en todas partes, si tanto nos amenaza ¿cómo no mencionarla?

La guadaña y la vieja señora

La muerte está haciendo su agosto en primavera. Como si no tuviese bastante con los sesenta millones que se lleva al año en todo el mundo, ahora se ceba con cientos de miles de ancianos indefensos. Proporcionalmente no son muchos todavía. ¡Todavía! Pero no sabemos hasta dónde quiere llegar la negra señora. Solo sabemos que cada día se lleva miles usando un diminuto bichito que nos quita la respiración.

Y así va la vida. Hay un tiempo para cosa; este es para la angustia, pero pasará y deseo que todos vivamos para contarla. Pero ya ven; por descuido me he infectado de optimismo.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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