Renata Hofmann 

Nada será igual que antes

domingo, 5 de abril de 2020 · 00:09

Matthias Horx es un investigador alemán de tendencias futuras tan prestigioso como provocador con sus visiones innovadoras. Como no podía ser de otro modo, aporta en la entrevista del 18 de marzo en la publicación Kurier (https://kurier.at/info) opiniones muy distintas a las que se lee, escucha o ve en los diferentes medios de comunicación. En este resumen ofrecemos una traducción del alemán de sus principales aportes.

“¿Cuándo todo volverá a la normalidad?” La respuesta de Horx es contundente: NUNCA, porque estamos ante uno de estos momentos históricos que cambian el futuro. El investigador los llama bifurcaciones, momentos en los cuales el mundo, como lo conocemos, se disuelve. Sin embargo, detrás del mismo, Horx advierte la llegada de un nuevo mundo, y no el fin.

El optimismo del futurólogo no es simplemente el resultado de buenos deseos; se basa en sus experiencias de años con empresas que desarrollan nuevas visiones. Su método se llama Re-nóstico. A diferencia del Pro-nóstico, con esta técnica no se mira “hacia el futuro”, sino “desde el futuro hacia atrás”. Horx invita a imaginarse el mundo después de la pandemia para reflexionar sobre qué nos preguntaremos retrospectivamente.

¿Se apoderó de nosotros la soledad o llegamos incluso a sentir un cierto alivio de que todos estos discursos y noticias de prensa amarilla se detuvieron de repente? ¿O descubriremos que, paradójicamente, la distancia física que el virus forzó también creó una nueva cercanía, con gente que nunca hubiéramos conocido antes? ¿Fortalecimos los lazos con familiares, amigos y vecinos que habían quedado sueltos? ¿Resolvimos algunos conflictos que antes nos parecían de fondo, pero que ante el horror del virus perdieron importancia?

Seguramente llegaremos a sorprendernos cuán rápido avanzaron las técnicas digitales en el mundo. Que la teleconferencia, tan resistida antes por los colegas, se volviera tan pronto una práctica normal, dejando atrás un sinfín de viajes de negocios, de instituciones internacionales y cumbres. Que los maestros aprendieran mucho sobre la enseñanza en internet – también para su propio aprendizaje. Que el trabajo en casa se haya convertido en una práctica de ahorro de tiempo y de tráfico vehicular, en beneficio de los seres humanos y del medioambiente.

Al mismo tiempo, las técnicas culturales aparentemente anticuadas tuvieron su renacimiento. La gente se volvió nuevamente accesible, los mensajes recobraron nuevo sentido para comunicarse. Se fue creando una cultura de compromiso. Gente que nunca encontraba tranquilidad, también gente joven, de repente encontraron el tiempo para leer libros, caminar, ir a tomar un café con algún amigo.

La avalancha de telenovelas, reality shows, toda esta cantidad de basura que difunden los canales, no desaparecieron, pero sí perdieron peso. ¿Alguien se acuerda de las tantas guerras entre los que defendieron sus intereses o que tenían la verdad absoluta y única?

Las crisis ayudan a disolver fenómenos antiguos, los vuelve superfluos. El cinismo, esta arma para aislarse del mundo, ya no estará de moda. La exageración y la histeria de los medios que reforzaban el miedo también perderá parte de su atractivo.

Seguramente nos sorprenderá que se encontrarán medicamentos para reducir la mortandad del virus mucho antes de lo esperado. El avance de la medicina ayudará, pero más aún las nuevas actitudes sociales de solidaridad. Será la inteligencia humana y social que dará lugar a cambios importantes, mucho más que la inteligencia artificial. La tecnología no perderá importancia, pero sí ganarán peso las preguntas humanas sobre quiénes somos y qué queremos llegar a ser, modificando la relación entre tecnología y cultura.

Nos admiraremos mirando hacia atrás sobre el humor y la empatía con otros que crecieron durante los días del virus.

Nos sorprenderemos de que la economía se había retraído tanto, sin que llegue el colapso pronosticado. Aunque habrá un "abril negro", una profunda recesión económica y una caída del mercado de valores del 50%, aunque muchas empresas se desplomarán, se habrán encogido o mutado en algo completamente diferente, pero nunca se llegó a cero.

 Ahora, después de la crisis, hay de nuevo una economía mundial. La globalización no desaparecerá, pero ya no dominará todo. Las producciones locales estarán en auge y experimentando un renacimiento hacia la glocalización: localización de lo global. En el nuevo mundo, la riqueza de repente ya no juega el papel decisivo y son más importantes los buenos vecinos. ¿Podría ser que el virus ha cambiado nuestras vidas en una dirección en la que quería cambiar de todos modos?

¿Por qué este tipo de escenario "de antes" parece tan irritantemente diferente de un pronóstico clásico? Esto está relacionado con las características específicas de nuestro sentido del futuro. Cuando miramos "hacia el futuro", por lo general sólo vemos los peligros y problemas que surgen y se acumulan, creando una barrera del miedo que nos separa del futuro y lo vuelve aterrador.

La Re-gnosis rompe con este fatalismo, nos lleva a un cambio interno que nos conecta de otro modo con el futuro. Crea un puente entre hoy y mañana que nos permite llegar a una consciencia de "mente del futuro". Así seremos capaces de anticipar las adaptaciones internas con las que reaccionamos a un mundo distinto. Esto se siente muy diferente de un pronóstico que siempre tiene algo muerto, estéril en su carácter apodíctico.

 Dejamos la rigidez del miedo y volvemos a la vitalidad que pertenece a todo futuro verdadero. Todos conocemos la sensación de superación exitosa del miedo. Por ejemplo, cuando vamos al dentista estamos inmersos en miedos que pueden abrumarnos por completo. Pero cuando hemos sobrevivido al procedimiento, hay una sensación distinta, estamos llenos de energía. Neurobiológicamente, la adrenalina de la ansiedad es reemplazada por la dopamina. Mientras que la adrenalina nos lleva a escapar o luchar (lo que no es realmente productivo en la silla del dentista, ni en la lucha contra el virus), la dopamina abre nuestras sinapsis cerebrales: tenemos curiosidad acerca de lo que está por venir, ganamos visión de futuro y capacidad de actuar.

Sorprendentemente, en la crisis del coronavirus muchos están teniendo exactamente esta experiencia. Una pérdida masiva de control de repente se convierte en un verdadero frenesí de lo positivo. Después de un período de incredulidad y miedo, surge una fuerza interior. El mundo "termina", pero surge una especie de nuevo ser por dentro. Esto no es un apocalipsis, sino un nuevo comienzo.

Todo comienza como un cambio de expectativas, de percepciones y conexiones con el mundo. A veces es precisamente la ruptura con las rutinas lo que libera de nuevo nuestro sentido del futuro. Podemos imaginarnos que Trump no será reelegido, que los partidos de ultraderecha quedan históricamente aplazados, al igual que los populismos destructivos. La política recupera su sentido original de responsabilidad social y sale de la crisis con una nueva credibilidad y legitimidad. También la ciencia habrá experimentado un asombroso renacimiento, los virólogos y epidemiólogos se convirtieron en estrellas de los medios de comunicación, los debates dejarán de ser puras repeticiones de lo que se había dicho tantas veces. Las noticias falsas, por otro lado, irán perdiendo rápidamente valor, al igual que las teorías de la conspiración.

El virus es como un acelerador evolutivo hacia un mundo más complejo, que de repente también será más estable. Este proceso de complejidad debe ser obra de nosotros mismos. Aquellos que hablan el lenguaje de la complejidad venidera, serán los líderes del mañana. Cada crisis profunda deja tras sí una historia, pero también puede iniciar una nueva narrativa que apunta hacia el futuro. Los italianos que cantan desde sus balcones, los españoles que aplauden a las ocho a los verdaderos héroes del virus, los médicos y todo el personal de cuidados, las imágenes satelitales que de repente muestran las áreas industriales de China libres de smog... El hecho de que en 2020 las emisiones de CO2 de la humanidad caerán por primera vez... Todos estos hechos harán algo con nosotros.

Parece que el virus nos da un mensaje drástico: la civilización humana se ha vuelto demasiado densa, demasiado rápida, demasiado sobrecalentada, está corriendo demasiado en una dirección determinada en la que no hay futuro. Pero puede reinventarse a sí misma.

Renata Hofmann  es socióloga.

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