Amalia Anaya y Amalia Decker

Vamos a salir de esta: está en nuestras manos

martes, 7 de abril de 2020 · 00:15

La imaginación es la mitad de la enfermedad, la tranquilidad es la mitad del remedio y la paciencia es el comienzo de la cura. Ibn Sina (médico y filósofo persa)

El coronavirus es el tema central de noticias y columnas de opinión en todos los países y el nuestro no es excepción. No es para menos, la pandemia ha colapsado sólidos sistemas de salud en países europeos y está en vertiginoso ascenso en el país más rico del planeta.

Francesco Zaratti inicia su columna del 4 de abril con una evocación apocalíptica de la pandemia y afirma que se repite la secuencia de la peste de hace 350 años: “inconciencia, desinformación, irresponsabilidad, negligencia, desesperación hasta despertar con la muerte que toca la puerta de al lado”.

Un paralelo válido para pieza literaria pero no para columna de opinión en una situación que demanda arengar a la ciudadanía sobre la urgencia de cumplir las medidas de prevención y exigir a las autoridades seriedad en su trabajo, pero cerrar la puerta al pánico y la desesperanza, dos funestos aliados de la pandemia.

Es cierto que algunos líderes como Trump, Bolsonaro o AMLO han reaccionado con absoluta irresponsabilidad y negligencia, otros no han actuado con la oportunidad y prontitud necesarias, pero se debe reconocer –aunque todavía no se pueda cantar victoria– que muchos otros están logrando contener el contagio y las muertes.

Excepto Brasil y Ecuador, nuestra región no lo está haciendo mal, pero sabemos que lo peor puede estar todavía por llegar. En nuestro caso, no podemos perder de vista que esta pandemia nos ha pillado con un casi inexistente sistema de salud, cuya centenaria orfandad fue agravada por la imperdonable negligencia de los 14 años pasados.

Consciente de nuestras limitaciones de atención hospitalaria, el gobierno transitorio ha dictado medidas rigurosas de prevención, está haciendo esfuerzos de equiparnos con lo imprescindible y está tratando de paliar el impacto económico en los hogares más pobres, además de garantizar la provisión de servicios de primera necesidad para todos.

Sin embargo, hay falencias que no se justifican por las carencias heredadas. La información oficial sobre el curso de la epidemia y las acciones con las que se la está enfrentando debería ser accesible al público con datos (G. Chávez hace sugerencias específicas: columna 5/abril) por departamento y municipio en formatos que la tecnología hoy ofrece, no sólo para responder a la natural inquietud de la ciudadanía sino también para orientarla. Hasta el momento, debemos esperar el noticiero al final del día para ver al ministro recitar, sin mayor explicación, los números que aparecen en la pantalla y que no siempre guardan consistencia entre sí.

 Y hay peores yerros, como el que condujo a la muerte del único enfermo que requirió atención hospitalaria de emergencia en La Paz. Inaceptable y asustador porque a todos se nos ha pasado por la cabeza que si eso ha ocurrido en la mera sede del Gobierno y con un solo enfermo, ¿qué va a pasar cuando el número de casos aumente y haya una demanda mayor del servicio hospitalario? Otra vez, Gonzalo Chávez hace atinadas recomendaciones en su columna del 5 de abril en Página Siete.

Ante nuestra preocupante situación sanitaria, Zaratti plantea como solución un gobierno de unidad con base en un gran acuerdo nacional y con la participación de todos los partidos “sin exclusiones ni reproches al pasado”. ¿Podemos hacer fe en que una convocatoria a la unidad va a despertar en los dirigentes del MAS el sentido de responsabilidad que no han demostrado en 14 años de gobierno ni en estos cuatro meses de oposición? En su columna del 28 de marzo, el doctor Torres Goitia hace un recuento de la sarta de insensateces del MAS frente a la epidemia que nos amenaza.

Es urgente aunar esfuerzos y un buen ejemplo nos lo está dando Santa Cruz, no sólo entre sus autoridades departamentales y municipales, sino también entre el servicio público y privado de salud. Es imprescindible cumplir el aislamiento preventivo y Oruro, gracias a la iniciativa de sus autoridades, ha demostrado su efectividad.

Es necesario que el gobierno fortalezca la conducción de la batalla contra la pandemia con el asesoramiento de personas de trayectoria y experiencia en políticas y administración de salud pública, como los exministros Javier Torres Goitia T. y Guillermo Cuentas, u otros. Un comando técnico-ejecutivo de operaciones presidido por la Mandataria, no un comité “representativo” a la usanza de nuestra cultura político-corporativa.

Y, finalmente, es deseable que los candidatos pongan su campaña en suspenso y contribuyan con propuestas factibles, si las tienen, y si no, con su generoso silencio. El país se los va a agradecer porque hoy, a nadie le importan las elecciones sino la salud y sobrevivencia propia y de sus familias.

Amalia Anaya y Amalia Decker son dos ciudadanas de la tercera edad que sobrellevan la cuarentena con su viejo entrenamiento de la clandestinidad.

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