Evelyn Callapino Guarachi

Aquellos días de abril que cambiaron la historia boliviana 1952

miércoles, 8 de abril de 2020 · 01:12

Hace 68 años,  como en estos días de abril, también próximos a Semana Santa, Bolivia vivía las fechas que se convirtieron en un hito en su historia. Estos hechos ya habían sido gestados por un periodo pre-revolucionario, entre 1946 y 1952, con una notoria confrontación entre el gobierno y la sociedad. El Estado estaba a la cabeza de fuerzas oligárquicas, y la mayoría del pueblo boliviano era excluido del poder político.

El 9, 10 y 11 de abril de 1952, con la Revolución Nacional, el pasado histórico cobra sentido y rumbo. Opresiones y confrontaciones son un factor común dentro de la construcción histórica, una de ellas es el periodo de la post-Guerra del Chaco y también los seis años de resistencia social (sexenio), que se convirtieron en factores que terminaron dándole sentido a la confrontación.

En estas jornadas el pueblo boliviano, protagonizado por sectores oprimidos y excluidos, fue quien se confrontó, provocando una crisis que se tuvo que pagar con sangre; ese fue el costo del despertar de la consciencia nacional. La misma, es fundadora de una nueva forma de pensar dentro del Estado, dando paso a un nuevo régimen.

Las clases sociales se unieron e hicieron frente a su enemigo común: la oligarquía y el sistema implantado que beneficiaba simplemente a una rosca privilegiada. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) fue la instancia articuladora principal, llamando a una sola voz a la unión y a la consolidación del movimiento. Después de estas duras jornadas de abril, se consolidó a costa de mucha sangre las victorias alcanzadas.

El 15 de abril, llegó Víctor Paz Estenssoro, el considerado “Jefe de la Revolución Nacional”. Muchos fanáticos lo fueron a recibir, se calculaba unas 10.000 personas en la pista de aterrizaje. Desde El Alto acompañaba una manifestación encabezada por los mineros, seguidos por una multitud de gente apoyando a sus líderes. En el trayecto habían carteles que decían “El MNR es el pueblo”; “Nacionalización de las minas”; “Reforma Agraria”. También había arcos de platería, de flores, preparados por mujeres.

Llegando a la plaza, algunos calculan que 60.000 personas concentradas estaban recibiendo a este líder, las calles aledañas estaban repletas. Desde los balcones del Palacio Quemado se dirigió al pueblo con un discurso haciendo referencia al triunfo movimientista, rindió homenaje a las muertes y heridos producto de la Revolución. Mencionó dos problemas fundamentales: el aprovechamiento de la riqueza minera en beneficio de la nación y la superación de la etapa feudal en el campo.

Entre los resultados principales de esta revolución están el voto universal, pues las elecciones sólo llegaban a ser un ejemplo del juego político social que estaba bastante restringido, sólo participaba un pequeño grupo, aquellos que contaban con educación, que llegaban a 211.000 lectores, en 1951. También había 524 latifundistas y unos 50 grandes capitalistas; las mujeres estaban al margen. La revolución amplía estos límites a través de una medida que es el sufragio universal.

La mayor transformación estructural que tuvo Bolivia en su vida republicana, con esto se institucionaliza a los sectores obreros y campesinos, tanto en el gobierno como en el mismo partido.

Todo este proceso está acompañado con una ola de sindicalización, pues a días del triunfo de la Revolución se funda la Central Obrera Boliviana (COB) y se crea el Ministerio de Asuntos Campesinos, que da paso al proceso de sindicalización campesina.

La nacionalización de las minas llega a ser otra parte del proceso, situación que simboliza de manera clara el poder de los mineros y del aprovechamiento de los recursos para el común del pueblo. Con la reforma agraria los sectores rurales son incluidos y se procede a la aplicación de la justicia social. La Reforma Educativa era crucial para no mantener ignorante al pueblo, porque un pueblo ignorante es más volátil. La seguridad social se hace necesaria para favorecer al mundo de los asalariados.

Todas estas medidas para el MNR definían los parámetros y características de la democracia, es decir, ésta se encontraba fortalecida por este conjunto de políticas que tenían una clara orientación popular. Esto era lo que definía los parámetros del régimen. Pero en simultáneo a esto, el MNR tenía en funcionamiento campos de tensión para los opositores (Curahuara de Carangas).

Algo que hacía mención Víctor Paz era la esperanza de que el país tuviera las condiciones para ser una gran nación y uno de los pueblos más felices.  Esto último es algo que se repite por parte de muchos líderes. En este sentido, si comparamos este pasaje de la historia y analizamos la realidad boliviana, es que seguimos con las esperanzas se ser un mejor país, tenemos las condiciones, ¿pero qué nos falta?

Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

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