Tuffí Aré Vázquez

Su primer semestre

lunes, 11 de mayo de 2020 · 00:12

Jeanine Añez cumple mañana martes 12 de mayo un semestre en el poder. Su gobierno nació de una de las crisis más profundas de la democracia debido a un fraude electoral que llevó a una rebelión ciudadana y a la inesperada interrupción del gobierno más largo y poderoso de la historia de Bolivia, que parecía que nunca acabaría. 

Entre la amenaza constante de Evo Morales de mantener movilizados a sus seguidores en las calles para volver más tarde que temprano al poder y el accidentado parto que gestó en noviembre un gobierno de transición constitucional frágil, se tuvieron que hacer heroicos esfuerzos de diálogo y acuerdos históricos para estabilizar a este enfermo en estado casi terminal, llamado democracia boliviana.

Sorprendentemente se lo consiguió en menos de un mes, tanto por la predisposición de los diversos actores de nuestro complejo tejido social, como por algunas habilidades de gestión de crisis que se fueron descubriendo en el comando del gobierno de la transición, a la cabeza de la que había sido una legisladora opositora de mediano perfil. Lo que se sentía que podía durar poquísimo tiempo tomó cuerpo gracias a estos atributos hasta entonces desconocidos.

La rápida pacificación de un país que rozó una guerra civil, la constitución de un nuevo gobierno, tras el desbande del anterior, y el acuerdo político nacional para anular la votación fraudulenta de octubre y convocar en tiempo récord a elecciones en un periodo corto impulsaron el liderazgo emergente de Jeanine Añez, que comenzó a disfrutar de algunas semanas de luna de miel con una importante parte de la población, hasta el momento en el que anunció su candidatura presidencial. 

La inevitable mezcla de gestión de la transición con la campaña electoral para quedarse en el poder reavivó el mal recuerdo del pasado político reciente de los bolivianos. Aunque no es ilegal que la Presidenta sea candidata, sus esfuerzos por mostrar prácticas distintas a las de los que ella misma combatió durante años no han sido desde entonces y hasta ahora suficientes para reconquistar a los desencantados de ella y a los que creen que su decisión de intentar quedarse cinco años más en el poder la hace parecida a su antecesor.

Que hay diferencias entre ambos en el manejo del comando del país, las hay. La burda ostentación del poder por parte del régimen anterior es insuperable, pero en el último tiempo del gobierno de Jeanine Añez se dieron señales de lo común que es sucumbir a la tentación de usar el poder para tener algunas ventajas.

Se lo ha visto en la semana pasada, con situaciones como las de los cuestionados vuelos de algunos particulares en aviones del Estado, justificadas de manera confusa y enredada por los ministros más influyentes, o con escandaletes en algunas empresas estatales que terminan destrozando cualquier buen resultado de la corta gestión.

La gente quisiera tener ahora a sus gobernantes con la atención enfocada totalmente en la pandemia más grave de todos los tiempos, pero se encuentra en los días recientes con actuaciones desagrables e indicios de inestabilidad en el propio Gobierno que provocan incomodidad.

Hemos regresado también en un momento tan delicado a una peligrosa agitación electoral, con irresponsables decisiones que muestran que la ambición de poder prevalece sobre la salud. Ha sido indignante descubrir los deslices de algunos actores que quieren volver al poder apostando por la incitación a la desobediencia de la cuarentena.

También molestan ciertas iniciativas con tufo electoralista de quienes quieren quedarse o el oportunismo de otros que buscan llegar a Palacio magnificando errores de los que gestionan con enormes limitaciones una de las peores crisis de la historia.

El gobierno que nació de una crisis ha transitado su primer semestre con la marca de la crisis constante y con muy pocos momentos de sosiego. Quizás la mayor virtud de Jeanine Añez ha sido en este tiempo su capacidad de aguante para durar, pero eso no alcanza para gestionar bien un país. En general, el mayor reto de los gobiernos en el mundo ya no es llegar al poder sino durar en él.

Sea Añez u otro candidato el que asuma el próximo gobierno tendrá incluso menos sosiego que el de ahora, por la gravedad de la post pandemia. En consecuencia, uno de los grandes desafíos de quien pretenda instalarse en el poder en el futuro inmediato es nacer fuerte, lo que se ve casi imposible de alcanzar en las actuales circunstancias de honda crisis estructural.
 
Tuffí Aré Vázquez es periodista.
 

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