Adalid Contreras Baspineiro

Erradicar la infopandemia

miércoles, 13 de mayo de 2020 · 00:10

Se ha generalizado la comprensión de la infopandemia como la explosión informativa digital sobre la Covid-19 que no siempre es contrastada. La pandemia informativa es ciertamente un problema más complejo, que comprende al menos el arrastre de un modelo informativista básicamente publicitario; el predominio de un estilo mercantilista; el reino de los fake news; y la sobresaturación.

La explicación de fondo de este fenómeno es que su emergencia se produce en un loable interés mediático por contribuir a la mitigación del coronavirus, pero con la dificultad que muchísimos medios encaran esta tarea con su habitual modo comunicativo, basado en un sistema mercantilizado de la comunicación, válido para entretener, evadir y atosigar con la mira puesta en el rating, la fama y las arcas, por lo que resulta contraproducente para objetivos como los de preservar la vida.

Es un sistema que sigue creyendo en las bondades de un polo emisor supuestamente sabelotodo y otro polo receptor sabelonada, y para ello hace renacer los encantos persuasivos de la publicidad, que con promesas celestiales lleva a pensar ilusamente a sus gestores, en que las incertidumbres se despejan derramando mensajes chéveres a través de spots, cuñas, hashtags, whatsappeadas, tuitazos, feisbukazos, comunicados,y/o con autoritarismos. 

A la par de este factor, es preocupante la apelación mediática a un estilo sensacionalista que, con sus dispositivos de exclusividad, primicia informativa y espectacularización,aligeran el discurso, y banalizan la vida, y la muerte. Y si bien este estilo proporciona audiencia, el problemita de su arrastre en tiempos del coronavirus, es que,al estar hecho para la distracción, se hace aliado de la pandemia, convirtiéndose en otro virus, comunicacional, que tiene también que ser erradicado.

Es ciertamente un problemón comunicacional que algunos periodistas realicen los anuncios sobre las muertes o los contagioscomo si estuvieran relatando una falta penal, y peor si te lo cuentan faranduleando. Es preocupante el rol de los periodisjueces que anulan la riqueza del debate, o que reporteros se atribuyan roles policiales exigiendo identificación a los transeúntes. 

Y es más preocupante todavía que medios tradicionales se valgan de las notas que circulan en las redes para convertirlas en noticias, sin haber validado la fuente, que a su vez probablemente no ha contrastado su existencia. ¿Dónde quedaron los códigos de ética?

Los fake news están jugando cruelmente con las ilusiones de personas que nos movemos en los límites vulnerables de la incertidumbre y el miedo, y que lo que más necesitamos son atisbos de salidas para encaminar nuestras ilusiones en esperanzas. 

Las narrativas fraudulentas de las noticias falsas, como que el virus se combate con ajo, o que agoniza en los lugares calientes, o que no afecta a los nacidos en año bisiesto, no solamente que desorientan, sino que entierran la credibilidad en alternativas que parecían ser válidas, pero que se ponen en el plano de la duda cuando unos dicen que los barbijos no sirven y luego que es obligatorio usarlos; o que las cabinas desinfectantes son bondadosas y luego que contaminan. Unos fakes realmente mentirosos circulan sin límites en las redes, y otros que quién sabe si son o no, hacen presencia contradictoria en los medios tradicionales.

Y, por si no fuera ya suficiente, la sobreinformación, con la circulación de una vorágine de notas que se repiten, o contradicen, o saltan de un lugar a otro, o la sobrexposición voluntariosa de analistas políticos tratando temas médicos, generan ansiedad, cansancio y, con ello, descreimiento en las noticias.

Por eso es necesario dosificar las ofertas comunicacionales con programaciones definidas, siguiendo la cotidianeidad de la cuarentena, con información, formación, entretenimiento, reflexión y orientación, para fortalecer hogares de resistencia a la pandemia.

Lo dicho es injusto con las experiencias que guían sus actos por principios deontológicos. En su homenaje digamos que el quehacer de la comunicación no se limita a la emisión de mensajes, sino que es un proceso dialogal de construcción de sentidos, limitando la publicidad, diciendo siempre la verdad, orientando, incluyendo los sentipensamientos de las ciudadanías en las soluciones,y garantizando que los espacios de los medios no se conviertan en sitios de lamentos, sino de las buenas iniciativas para la responsabilidad, la solidaridad y la vida con esperanza. Tenemos que erradicar la pandemia informativa, es de alto riesgo.

 

Adalid Contreras Baspineiro fue secretario general de la Comunidad Andina de Naciones.

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