Marlen Graciela Baspineiro Calderón

Preguntas inversas de la cuarentena

miércoles, 13 de mayo de 2020 · 00:09

Gracias a la cuarentena nos hemos visto en la obligación de hacer que lo que estaba siendo considerado una casa vuelva a tener el valor de un hogar. Eso, a su vez, nos permite volver a convivir con nuestras familias y nos obliga a ver aquello que la rutina enceguecía. 

Si bien dentro de toda realidad hay excepciones, quiero tocar un tema que pienso no debería resultar indiferente para nadie. La realidad a la que me quiero referir es aquella a partir de la cual vivo, y estoy segura de que comparto, la cual sé que es privilegiada.

 Hago referencia a aquellas familias que no están obligadas a  salir a la calle durante este tiempo, ya que su sustento económico no depende de ello, pero esto, a su vez, ha provocado que otra serie de problemas se vuelvan más notorios.

Me puse a reflexionar en porque si la familia comparte tantas cosas, las tareas domésticas  no son una de ellas. En el mundo como lo conocíamos, la rutina y la velocidad con la que ocurrían las cosas no nos permitía pensar y mucho menos reclamar. En un hogar ajetreado, en el cual a duras penas uno llega a comer, no nos ponemos a pensar quién estuvo en la cocina antes, y quién se quedará cuando todos acaben.

 Me he preguntado cómo se sentirá que alguien haga por ti todo lo que tú haces y que no lo denomine “ayuda”, sino más bien lo entienda como lo correcto. No creo que sean pocas las mujeres que se han preguntado eso. Llega a ser más sencillo hacerse preguntas como: ¿Por qué a mí me toca lavar los platos?, ¿Por qué a mí me toca cocinar? O ¿Por qué a mí me toca lavar la ropa? No porque no sean problemáticas, sino porque esas surgen cuando sentimos que hacemos demasiado o si quiera más que el resto, pero yo me refiero de la preguntas que por ser tan elementales llegaron a ser molestas y prefirieron ser olvidadas.

 Las preguntas invertidas. ¿Por qué mientras yo puedo ver televisión mi esposa debe estar cocinando?, ¿Por qué mientras yo simplemente espero el plato, mi suegra debe estar sirviendo?, ¿Por qué  yo espero tanto haciendo tan poco?, etcéteta. No nos hacemos estas preguntas porque de hacerlas aceptamos que estamos haciendo poco o nada,  y eso es lo que no gusta, no buscamos la respuesta que sabemos que no nos gustará.

 Qué paradójico es que el estrés de la vida cotidiana evita que veas lo que llegando a ser perceptible llega a afectarte aún más.

Si tendría que agradecerle algo al feminismo seria la oportunidad que me dio de preguntarme cosas, y la manera en cómo me hizo ver las cosas con mejor claridad, para así tener la intención de cambiarlas. Pero también hay que ser crítico con lo que uno cree, en especial cuando se cree en algo fervientemente, y pienso que nos hemos enfocado mucho en el miedo que sienten las mujeres al salir a las calles y dejamos un poco de lado la libertad que se nos ha quitado dentro del propio hogar.

 Y, Contrario a lo que muchos podrían llegar a pensar, levantar la voz no siempre es la solución y dejar de hacer lo que sientes que no te corresponde aún menos, cualquiera que vea esa como la solución, no ha logrado reconocer el corazón que tienen aquellas mujeres que con tal de que tú no te molestes, no pensarían dos veces en tomarse la molestia. 

Se denomina hogar y no casa porque genera seguridad, paz, y compañía; pero, como también lo veo, es gracias a la presencia de lo que sea que uno pueda llegar a denominar familiar que un espacio se convierte en un hogar. Sólo si se guarda respeto se conseguirá que el cariño se transforme en acciones, y son las acciones las que permiten que se comience a ver a la mujer, a ver como ella hace lo que “le corresponde”, y busca cambiar eso. 

 Sólo alguien que te respeta, te quiere mediante acciones, dejando de lado su comodidad, es ahí donde bajo mi experiencia comienza la familia y se construye el hogar.

Esto lo escribo en honor a la mujer que no conocía hasta antes de la cuarentena, aquella que está antes que yo y se queda mientras yo me encargo de lo que por roles “me corresponde”, ella que está al servicio de todos, ella que les sirve a otros.

Marlen Graciela Baspineiro Calderón es estudiante de ciencias políticas de la Universidad Católica Boliviana, La Paz.

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